
En una mezcla de angustia e incertidumbre, Denisse González atraviesa su internación desde una clínica. En ese marco, este sábado, Bautista Mascia, el ganador de Gran Hermano 2023, abrió una ventana a esos días a través de sus redes. Lo que mostró no fue dramatismo, sino la textura real de compartir esta situación junto a su pareja: el mate compartido, los juegos de mesa sobre la cama, el suero en el brazo y dos personas que encontraron la manera de hacer tiempo dentro de cuatro paredes.
La internación llegó sin aviso. El motivo fue un descenso en el nivel de plaquetas, una condición que requiere monitoreo y que obligó a González a quedarse en la clínica mientras su cuerpo recupera los valores normales. Con la pulsera de internación puesta y el pijama como uniforme de estos días, Denisse fue construyendo una rutina dentro de lo que no tiene nada de rutinario. Bautista no se fue.
Las imágenes que compartió en sus redes muestran esa permanencia con más elocuencia que cualquier texto. En una de las fotos, los dos están recostados en la cama de la habitación: él de negro, con un vaso en la mano, ella apoyada sobre su hombro y sonriendo. Detrás, el panel médico con sus cables y conexiones. En otra toma, solo se ven los pies de ambos entrelazados sobre la cama, él con pantalón oscuro, ella con medias blancas de la clínica y la bata puesta.




También hubo mate. Una foto captura el momento en que Denisse, con la pulsera bien visible en la muñeca, sostiene el mate mientras Bautista lo ceba. Los dos sentados, las piernas cruzadas, como si la habitación fuera cualquier lugar del mundo.
Fue él quien escribió primero en redes. La frase fue directa: “Cada día más cerca de curarte.” Denisse no tardó en responder, y lo hizo con una cita que llevaba más peso del que parecía: “Como dice una de las personas que más amo, ‘un día más cerca de la curación’.”
Pero la clínica no fueron solo esos momentos. Los amigos también aparecieron. Una de las visitas llegó con un ramo de flores blancas —liliums y alstroemerias— que Denisse recibió en la cama, con la cabeza inclinada hacia el papel que las envolvía. Otra amiga se sentó con ella frente a la mesa de la habitación y las dos se enfrascaron en un mosaico de piedritas de colores, con los kits de bolsitas multicolores desparramados sobre la superficie blanca y los rostros inclinados con una concentración que no tenía nada que ver con la clínica.
Alguien, en algún momento de esos días, abrió un cuaderno y dibujó una figura: un gatito rodeado de pétalos violetas, con expresión tranquila y una firma debajo que decía “Plaquetitas”. El dibujo quedó registrado en una de las fotos como uno de esos gestos pequeños que no necesitan explicación.




Los ratos solos también tuvieron su lugar. Una imagen muestra a Denisse en el sillón del pasillo de la clínica, en pijama a rayas, con auriculares puestos y el teléfono en la mano. El mate y el termo estaban sobre la mesa a su lado, las pantuflas en el piso. Otra foto la captura en la cama, con la computadora abierta mostrando una película animada, un set de Lego Disney a medio armar sobre la mesita y el teléfono en la mano.
Hubo también una partida de cartas. El juego fue Exploding Kittens, con sus ilustraciones disparatadas —el Tacocat, el Gato Patata Peluda, el Gato Potaarcoíris— desparramadas sobre la cama. Una mano sostiene las cartas en primer plano; al fondo, las piernas de Denisse sobre la cama.
Y al final del día, cuando se apagaron las luces de la habitación, una última foto: Denisse durmiendo en la cama de la clínica, el suero conectado al brazo, una almohada personal entre las sábanas blancas del hospital y la mochila colgada en la puerta de madera.














