Moisés David Torres Puig, el primer deportista cubano que desertó de la delegación de la Isla en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo, dijo que si regresa a Cuba “dejo de ser persona completamente”, una definición con la que resumió el temor a perder su carrera deportiva y a quedar bajo control de las autoridades tras su fuga.
El exjugador de hockey sobre césped, de 21 años, contó que después de escapar recibió una advertencia de integrantes del hockey femenino de República Dominicana: “Te están intentando localizar, desconéctate”. Según relató a Diario de Cuba, esas jugadoras le avisaron que personas vinculadas al DICRIM, la Dirección Central de Investigaciones Criminales de República Dominicana, buscaban un localizador para encontrarlo.
Torres Puig sostuvo que en el grupo de atletas cubanos que viajó a la competencia iba también un agente de la Seguridad del Estado. “Vino con nosotros. Desde allá ya nos estaba alertando: ‘yo soy el que los va a cuidar a ustedes’”, afirmó.
La fuga había sido preparada durante meses con un contacto hecho por WhatsApp
El deportista explicó en el programa “Esto no es radio” que su salida de la delegación había sido planificada durante meses a partir de un contacto que hizo por WhatsApp con una persona residente en República Dominicana a la que no conocía personalmente.
Según su versión, en 2025 le contó a ese contacto que era deportista, que vivía en Cuba y que la situación en la Isla era muy difícil. La respuesta que recibió fue una oferta concreta: “Si un día llegaras a viajar aquí, te vas a quedar en mi casa”.

Torres Puig confirmó la reconstrucción publicada por el periodista Yasel Porto sobre el momento de la fuga. Dijo que todo ocurrió durante un partido amistoso previo al inicio de los Juegos Centroamericanos entre los equipos femeninos de hockey sobre césped de Cuba y del país anfitrión, cuando aprovechó la distracción general para salir.
El joven relató que usó como cobertura un golpe en el rostro que había recibido en un entrenamiento. “Lo llamé, se sentó en las gradas lejos de mí, para que no sospecharan”, dijo sobre el contacto local.
Después pidió hielo para la contusión y, unos minutos más tarde, autorización para desechar las compresas. “En ese momento aproveché y me fui”, señaló.
También describió cómo alteró su apariencia para no ser reconocido. “Nos cambiamos de ropa también. Él me dio su abrigo, el pantalón, yo le di la bermuda”, contó.
Dijo que los atletas cubanos no podían salir de la villa y vivían bajo vigilancia
El exintegrante de la selección aseguró que una de las diferencias más visibles entre la delegación cubana y las de otros países era la falta de libertad de movimiento. “A nosotros no nos dejaban salir de la villa”, afirmó.
Añadió que durante los entrenamientos la vigilancia era constante. Según explicó, quienes controlaban al grupo observaban el comportamiento de los deportistas y trataban de detectar miedo o intención de escapar. “El día que yo quería salir de ahí, el de la seguridad sí me estaba mirando extraño”, recordó.
Consultado sobre la versión difundida por el medio dominicano Diario Libre acerca de agentes cubanos vestidos con uniformes de otras delegaciones para pasar desapercibidos, respondió: “Solo puedo decirte que antes de yo escaparme había uno que era cubano vestido de puertorriqueño”.
Torres Puig agregó que mantuvo contacto con otros deportistas cubanos que abandonaron la delegación en Santo Domingo y que ellos también vieron a cubanos usando otros uniformes.

Describió una vida de becado con 3,500 ( USD 145.98) pesos y comida insuficiente
Natural de Las Tunas, el joven habló también de sus condiciones de vida como becado en una escuela deportiva de La Habana, donde pasaba la mayor parte del año. “En la escuela donde estamos uno realmente ni sobrevive casi, porque nos pagan 3,500 pesos (USD 145.98), cuando lo mínimo que puede valer una comida son 2,000 pesos, 1,000 pesos”, dijo, citado por Diario de Cuba.
Su descripción de la alimentación fue igual de dura. “Unas veces había desayuno y otras veces hacían espagueti que ni los perros se lo comían”, afirmó.
Sobre las exigencias del entrenamiento, detalló que la comida no alcanzaba para compensar el desgaste físico. Dijo que recibían “un porcionador y medio de arroz” y que entrenaban de 9 a 11 y por la tarde de 2 a 4.

El deportista sostuvo que en Cuba progresar resulta muy difícil incluso para alguien que compite a nivel profesional. Por esa razón, abandonó la carrera de Cultura Física cuando cursaba el cuarto año para quedarse en República Dominicana. “Yo preferí estar aquí por encima de ser licenciado universitario”, explicó.
Torres Puig indicó que desde su salida ha tenido muy poco contacto con su familia en Cuba y que no adelantó cuáles serán sus próximos pasos en República Dominicana, aunque le gustaría continuar sus estudios universitarios.
Pese a que dijo sentirse libre, admitió que el miedo persiste por las consecuencias de una eventual captura y devolución. “Realmente, si te cogen no eres nadie cuando te viran para Cuba, porque ya no puedes entrenar más el deporte y va a ser súper difícil volver a salir del país”, afirmó.












