La victoria de River frente a Racing dejó algo más que tres puntos. En la antesala del Superclásico contra Boca, dos voces de peso dentro del club hicieron pública una preocupación que viene creciendo en las últimas semanas: las intervenciones del VAR y una sucesión de decisiones arbitrales que, según entienden en Núñez, vienen perjudicando al equipo.
Ángel Correa fue uno de los que expresó su malestar después del encuentro. El delantero cuestionó la reiteración de situaciones en las que las jugadas favorables a River terminan sometidas a revisión y dejó una frase que sintetiza el clima que atraviesa el club: “Contra nosotros hay que ir siempre al VAR”. También planteó que River parece obligado a “hacer siempre un gol más” para asegurarse los resultados.
Las declaraciones llegaron después de un nuevo episodio polémico. Durante el partido ante Racing, el árbitro anuló un gol de Correa por una posición adelantada de Gonzalo Montiel, cuya ubicación fue interpretada como una interferencia en la visión del arquero Facundo Cambeses. La decisión volvió a colocar al videoarbitraje en el centro de la discusión.
No se trató de un episodio aislado. Fue el tercer partido consecutivo en el que River sufrió la anulación de un gol mediante una intervención del VAR, una secuencia que alimentó el malestar de sus protagonistas.
En la misma línea se manifestó el DT, Leonardo Ponzio, que reconoció su preocupación por lo que pueda suceder en el próximo compromiso.
“La preocupación está; si pasan inadvertidos, mejor”, señaló al referirse a los árbitros. Y agregó una definición que resume el reclamo: “No quiero que me regalen nada, pero tampoco que me quiten lo que tengo”.
Ponzio también puso el foco en las consecuencias de las intervenciones arbitrales: “Yo veo que cuando interfieren tanto en una opinión, te hacen dudar”.
La coincidencia entre las declaraciones de Correa y Ponzio no pasó inadvertida. Aunque con matices, ambos plantearon una misma inquietud: que las decisiones arbitrales no terminen condicionando el desarrollo de los partidos ni los resultados deportivos.
A esta preocupación se suman los antecedentes de los últimos dos Superclásicos, que estuvieron atravesados por decisiones arbitrales controvertidas. En noviembre de 2025, en la Bombonera, Boca abrió el marcador con un gol de Exequiel Zeballos precedido por una disputa aérea entre Milton Giménez y Paulo Díaz. Los jugadores de River reclamaron una infracción del delantero sobre el defensor chileno, pero el árbitro Nicolás Ramírez dejó continuar la jugada y el VAR tampoco intervino para modificar la decisión. Boca terminó imponiéndose por 2 a 0.
La polémica volvió a repetirse en abril de 2026, esta vez en el Monumental. En los últimos minutos del encuentro, que Boca ganó por 1 a 0, Lucas Martínez Quarta cayó dentro del área después de recibir un empujón de Lautaro Blanco cuando intentaba disputar una pelota aérea. River reclamó penal, pero Darío Herrera no sancionó la infracción y tampoco fue convocado por el VAR para revisar la jugada.
El episodio tuvo una repercusión particular meses después, cuando Claudio Úbeda, quien dirigía a Boca en aquel Superclásico, reconoció públicamente que la acción debió haber sido sancionada. “Fue penal. Sí, sí. Estaba a la vista. Que no lo haya cobrado es otra cosa”, afirmó el exentrenador en una entrevista televisiva, después de haber defendido inicialmente la decisión arbitral.
Estos antecedentes contribuyen a explicar la preocupación que expresaron Correa y Ponzio. Con un nuevo Superclásico por delante, River vuelve a poner el foco sobre los arbitrajes después de dos enfrentamientos consecutivos contra Boca en los que las principales polémicas terminaron con decisiones desfavorables para el equipo de Núñez.













