
El relato de César Armando Marroquín, coordinador de equipos tácticos de Protección Civil de El Salvador, expuso en televisión la dimensión más cruda y humana del operativo salvadoreño en Venezuela tras los devastadores terremotos.
La vivencia de hallar cuerpos, especialmente de niños, marcó a los rescatistas y definió el tono de una misión atravesada por la empatía, la resiliencia y la solidaridad internacional.
“No se borra encontrar cuerpos de niños”, reconoció Marroquín durante la entrevista en el programa Frente a Frente, donde repasó las jornadas más duras y los aprendizajes de una labor que va mucho más allá de la técnica.
El equipo salvadoreño, integrado por 300 personas de distintas instituciones, llegó a territorio venezolano con el objetivo claro de salvar vidas y colaborar en la remoción de escombros.
La realidad superó cualquier expectativa: enfrentaron jornadas de hasta doce horas, bajo calor intenso, y el peso emocional de buscar sobrevivientes entre estructuras colapsadas.
Las imágenes de familias destruidas y la experiencia de rescatar cuerpos de menores quedaron grabadas en la memoria de los especialistas. “Las labores en edificaciones muchas veces son muy terribles, porque tienes que observar diferentes tipos de escenarios”, relató Marroquín ante las cámaras.

La vivencia de los rescatistas fue acompañada por una atención psicológica permanente. Según explicó el coordinador de Protección Civil, cada integrante del equipo recibió sesiones de soporte emocional tanto en Venezuela como a su regreso. “Se hace una interfaz de los momentos vividos con el actual para poder llegar a un contexto normal de su situación laboral”, detalló Marroquín en la entrevista recogida por Frente a Frente.
Además, el impacto de ingresar a espacios reducidos, encontrar cuerpos y, en ocasiones, rescatar personas con vida, exige una fortaleza emocional que solo se cultiva con preparación y acompañamiento.
Desafíos, logística y necesidades en la zona de desastre
El testimonio de Marroquín incluyó escenas de tensión máxima, como la operación de rescate de una mujer atrapada junto a su pareja fallecida. “Al encontrar vida, haces hasta lo humanamente posible, técnicamente, para extraerla”, afirmó el coordinador. La intervención del componente médico de Fosalud fue clave: personal entrenado en estabilización y rescate se internó en los escombros para asistir a las víctimas, controlando riesgos y evitando complicaciones médicas.
La solidaridad se manifestó no solo en la colaboración internacional, sino también en la decisión de no abandonar el terreno mientras persista la posibilidad de encontrar sobrevivientes o entregar cuerpos a sus familiares. “No es abandonar a un pueblo que lo necesita”, sentenció Marroquín, en línea con la instrucción presidencial de mantener la presencia salvadoreña hasta el final de la emergencia.
La misión ha sorteado numerosos desafíos, desde la complejidad estructural de los edificios hasta la presión de las familias por obtener noticias de sus seres queridos. La remoción de escombros requirió maquinaria pesada enviada desde El Salvador y el trabajo coordinado con autoridades venezolanas. Se estableció un hospital de campaña y se distribuyeron 155 toneladas de suministros médicos y de primera necesidad para atender las demandas inmediatas de la población.
El hospital de campaña permanece activo, brindando servicios tanto a heridos como a quienes sufren quebrantos emocionales tras la pérdida de familiares. En lo logístico, el equipo de Protección Civil implementó relevos operativos para evitar golpes de calor y fatiga extrema.
Sin bajas en el equipo y el compromiso de continuar
A pesar de la magnitud de la emergencia, todos los rescatistas salvadoreños regresaron sanos y salvos. Al regresar, los integrantes del equipo pasaron por controles médicos y recibieron apoyo psicológico para procesar las experiencias vividas.
El compromiso salvadoreño sigue vigente. La operación humanitaria continúa en la zona, con la presencia de personal médico, rescatistas y apoyo logístico para la remoción de escombros y la atención a la población. La experiencia en Venezuela, sumada a misiones anteriores en países como Turquía, fortalece la preparación de los equipos tácticos y deja un aprendizaje clave: más allá de la técnica, es la humanidad la que sostiene cada rescate y acompaña a quienes enfrentan el dolor de la pérdida.













