Alejandra Maglietti se sinceró en el stream Storytime de Bondi sobre un aspecto de su vida personal que pocas veces se asocia a las figuras del modelaje: la infidelidad. La modelo y conductora, que comparte el ciclo con Nazarena Vélez y Barbie Vélez, aprovechó la visita de Matías Alé para abrir una conversación que derivó en una confesión propia.
Ante la pregunta de Vélez sobre si alguna vez había recurrido a la terapia por culpa de un “pirata”, Maglietti respondió sin rodeos. Dijo que sí, que le había tocado, aunque aclaró que la terapia es un hábito que mantiene de forma general, no exclusivamente por ese motivo. “Fui a terapia siempre, yo por todo igual”, precisó. Fue entonces cuando llegó la frase más directa de la noche: “Me metieron bastante los cuernos. Bastante, bastante”.
La modelo explicó que las infidelidades llegaron de distintas formas a lo largo de su vida amorosa. En algunos casos se enteró por terceros, sin haberlo buscado. En otros, la duda la llevó a actuar. “En algún momento he hecho una guardia porque dudaba”, relató, y agregó que la espera no fue larga: “A los dos minutos” ya tenía la confirmación. Su reacción ante ese hallazgo fue terminante. “Chau. Por más que me doliera o que sufriera lo que fuera”, afirmó. Nazarena Vélez quiso saber si lo había encarado directamente, y Maglietti lo confirmó: “Claro, obvio. Sí, sí, sí, o sea, horrible”.
El relato dejó en claro que la conductora no evade el dolor, pero tampoco lo prolonga. Cada episodio de infidelidad que descubrió tuvo el mismo desenlace: la ruptura. No hubo segundas oportunidades ni negociaciones. Una postura que, según sus propias palabras, no estuvo exenta de sufrimiento, pero sí de dudas sobre qué hacer a continuación.

No es la primera vez que Maglietti habla del tema con esta franqueza. En 2021, en el ciclo radial Agarrate Catalina, de La Once Diez/Radio de la Ciudad, reveló que “pasé un montón de veces el dolor de la infidelidad”, y detalló uno de los episodios más llamativos de su historial. Se enteró de una traición por el portero de su edificio, quien, tiempo después de la separación, la llamó para mostrarle los videos de las cámaras de seguridad. La mujer que aparecía en las imágenes estaba casada y tenía hijos. “Supuestamente eran compañeros”, dijo entonces. Maglietti aclaró que, pese al dolor, nunca encaró a la tercera en discordia: “El que rompió el compromiso fue él. Ella no tiene nada que ver”. Esas declaraciones se enmarcaron en el contexto del escándalo entre Wanda Nara, Mauro Icardi y la China Suárez, cuando Maglietti fue interpelada directamente por Wanda en redes sociales tras opinar públicamente sobre el caso. La modelo había señalado que la forma en que Nara expuso a otra mujer sin nombrarla “atrasa 100 años”. La respuesta de Wanda fue fulminante e incluyó insultos. Lejos de amilanarse, Maglietti usó ese contexto para hablar de su propia experiencia con la infidelidad y dejar en claro su postura: la responsabilidad recae sobre quien tiene el compromiso, no sobre la tercera persona.
En aquel momento también opinó sobre el descargo público de la China Suárez: “Me hubiera gustado que le pidiera disculpas a Wanda, que es algo que le faltó a la carta”, dijo, aunque insistió en que la infidelidad la comete quien tiene el vínculo. Una distinción que, a la luz de lo que ella misma vivió, no es solo teórica.
Alejandra Maglietti es una fuente inagotable de anécdotas personales, y Storytime ya le había dado otro momento memorable antes de esta emisión. Meses atrás, en el mismo ciclo de Bondi, la modelo contó que su abuela llegó a su casa con agua bendita después de que la revista Playboy con su producción de fotos circulara en Formosa. “Cayó indignada a mi casa a exorcizar diciendo que había entrado el maligno a nuestra familia”, recordó. La decisión de posar para la publicación había sido, según relató, casi un acuerdo familiar: su padre la convenció de que entre dos ofertas —Playboy o entrar a Gran Hermano 2007— la revista era “el mal menor”. La familia había logrado mantener la noticia lejos de la abuela durante un tiempo, pero cuando los ejemplares llegaron a Formosa, se agotaron en minutos. La reacción de la abuela no tardó en llegar, y con ella, el agua bendita y el ritual de purificación que Maglietti recuerda como “un quilombo de novela”.













