El brote de hantavirus vinculado al crucero MV Hondius, que partió desde Sudamérica en abril pasado y derivó en 13 casos confirmados y 3 muertes según la Organización Mundial de la Salud (OMS), puso a la cepa Andes en el centro de la atención global.
La infección causa el síndrome pulmonar por hantavirus y puede producir la muerte de entre el 35% y el 50% de los pacientes graves que llegan a terapia intensiva. Hasta ahora no existe ningún tratamiento específico probado ni autorizado para combatirlo.
Un grupo de investigadores médicos de la Argentina hizo un uso experimental fuera de la investigación clínica de un medicamento, el tocilizumab, que está aprobado para la artritis. Lo utilizaron como último recurso para salvar a pacientes con hantavirus grave.

“Los resultados preliminares del uso monitoreado fueron positivos y apoyan la necesidad de que se realice una investigación sistemática”, aclaró a Infobae el doctor Fernando Tortosa, quien fue el primer autor del reporte descriptivo publicado en la revista The Lancet Infectious Diseases.
Estuvo a cargo de especialistas del Hospital Zonal de Bariloche Doctor Ramón Carrillo y la Universidad Nacional de Río Negro, junto con colegas del Hospital General de Agudos Juan Fernández y la Universidad del Salvador en Buenos Aires.
“No se trató de un ensayo clínico controlado y aleatorizado como se suele hacer para evaluar la eficacia y la seguridad de las intervenciones médicas, sino que fue un reporte descriptivo de casos bajo el marco ético excepcional de uso monitoreado de emergencia, con supervisión institucional y consentimiento informado en cada caso”.
Se basaron en el marco que se llama «Uso de Emergencia Monitoreado de Intervenciones No Registradas y Experimentales», más conocido como MEURI por su sigla en inglés, que fue elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y da pautas sobre cómo hacer que las intervenciones no probadas sean utilizadas de manera ética fuera de una investigación durante las emergencias sanitarias globales o nacionales.
Qué es el hantavirus y por qué era tan difícil de tratar

El hantavirus es un patógeno que se transmite principalmente a través del contacto con roedores infectados o sus excrementos. Pero la cepa Andes circula en Argentina y Chile y puede transmitirse también a otra persona si el paciente la adquirió.
Cuando el virus provoca su forma más grave —el síndrome pulmonar— el paciente sufre fiebre, falta de aire, acumulación de líquido en los pulmones, caída de la presión arterial y falla de múltiples órganos en cuestión de horas.
El tratamiento hasta ahora era solo de soporte: respiradores, medicamentos para sostener la presión arterial y diálisis cuando los riñones fallaban. Ningún antiviral ni inmunomodulador —es decir, ningún fármaco que frene la respuesta exagerada del sistema inmune— había demostrado ser efectivo.

Los investigadores identificaron que en los pacientes con hantavirus grave los niveles de una proteína inflamatoria llamada interleucina-6 (IL-6) se disparan, y eso daña los vasos sanguíneos y los pulmones. Esa misma proteína fue un blanco terapéutico en los casos graves de COVID-19.
Como último recurso, el equipo usó el tocilizumab, que es un medicamento que bloquea el receptor de la IL-6, en pacientes con síndrome pulmonar por hantavirus grave. Ya está aprobado para tratar la artritis reumatoide y otras enfermedades inflamatorias.
El trabajo se hizo teniendo en cuenta el protocolo MEURI. Este marco ético de la OMS fue actualizado en 2022 por un equipo técnico liderado por el investigador en bioética del Conicet de la Argentina, el doctor Ignacio Mastroleo.
Ese marco permite el uso de fármacos no aprobados para una enfermedad específica cuando no hay otra alternativa y la situación es de riesgo de vida durante situaciones de emergencias de salud pública globales o nacionales.
Cómo se usó el medicamento
Entre el 1 de junio de 2024 y el 5 de mayo de 2026, el equipo consideró a 13 pacientes con hantavirus confirmado por laboratorio en el Hospital Zonal de Bariloche. Diez de esos pacientes reunían las condiciones para recibir tocilizumab porque tenían compromiso respiratorio o hemodinámico grave.
Cinco pacientes recibieron una dosis única intravenosa del fármaco dentro de las primeras 24 horas del ingreso a terapia intensiva. Los otros cinco no lo recibieron: dos porque ya estaban en shock irreversible al momento del diagnóstico, y tres porque el medicamento no estaba disponible en ese momento.
Todos los pacientes, tanto los que accedieron al fármaco como los que no, recibieron el tratamiento de soporte estándar: antibióticos, respiradores, vasopresores y, en algunos casos, diálisis.
Cuatro de los cinco pacientes que recibieron tocilizumab sobrevivieron y fueron dados de alta de terapia intensiva. El quinto falleció por un shock de rápida progresión. Los cinco pacientes que no recibieron el fármaco murieron poco después de ingresar a terapia intensiva.
En tres de los pacientes tratados con datos disponibles, la relación entre el oxígeno en sangre y el oxígeno suministrado —un indicador clave de la función pulmonar— mejoró a las 72 horas. Los recuentos de plaquetas, que bajan drásticamente en el hantavirus, también aumentaron en los dos pacientes con mediciones repetidas.

Los investigadores señalaron que su artículo es “el primer reporte clínico del bloqueo del receptor de IL-6 en el síndrome pulmonar grave por hantavirus”.
Mencionaron que los pacientes no tratados eran en promedio mayores y llegaron a terapia intensiva en peor estado clínico, lo que impide comparar los grupos de forma directa. Esa diferencia de base es una limitación central del trabajo.
El estudio tiene varias limitaciones que los propios autores reconocen. La muestra es muy pequeña —solo 10 pacientes elegibles— frente a los 30 previstos en el protocolo completo, que sigue en curso.
El tratamiento no fue aleatorio: los médicos no asignaron al azar quién recibía el fármaco y quién no, lo que significa que las diferencias en los resultados podrían deberse a factores distintos al tocilizumab, como la gravedad inicial, el momento del diagnóstico o variables no medidas.

Tampoco se midió sistemáticamente la IL-6 ni la proteína C reactiva (otro marcador de inflamación) en todos los pacientes, por lo que no fue posible confirmar si el fármaco realmente frenó la respuesta inflamatoria en cada caso.
El doctor Tortosa, en diálogo con Infobae, aclaró: “Estos resultados no prueban que el tocilizumab sea efectivo para el hantavirus ni respaldan su uso generalizado. Lo que sí plantean es que la inhibición de la IL-6 merece ser evaluada en estudios más amplios, con recolección estandarizada de datos y, si fuera posible, en ensayos clínicos aleatorizados con colaboración entre varios centros”.
El protocolo institucional registrado sigue activo y continuará con la incorporación de pacientes para ampliar la evidencia disponible sobre esta estrategia en una enfermedad que, por su baja frecuencia a nivel mundial, hace muy difícil organizar estudios convencionales.













