
Un territorio que parecía invisible en los mapas de la ciencia acaba de revelar su mayor secreto: una expedición internacional descubrió decenas de especies nuevas en la meseta de Lisima, Angola, una de las regiones menos exploradas del planeta.
Entre hallazgos que incluyen libélulas, saltamontes, mariposas, grillos y arañas fluorescentes, el trabajo científico ofrece una ventana inédita a uno de los últimos refugios silvestres de África.

La meseta de Lisima se sitúa en el este de Angola, África, donde la selva, los humedales y los campos minados por décadas de guerra civil mantuvieron a salvo su diversidad biológica.

En febrero de este año, un equipo de 16 especialistas, coordinados por The Wilderness Project, recorrió durante la temporada de lluvias este territorio remoto y casi intacto.

El resultado superó todas las expectativas: “El resultado del estudio fue una diversidad mayor de la que habíamos previsto”, declaró Rob Taylor, líder de la expedición, en diálogo con la BBC.

El relevamiento, denominado Atlas de la Vida de Cassai, registró ocho nuevas especies de libélulas, tres saltamontes inéditos y alrededor de 60 mariposas y polillas nunca antes vistas. Además, el equipo halló un grillo acorazado capaz de expulsar líquido como defensa, una oruga de cobre y su mariposa adulta, y una araña cangrejo coronada que brilla con luz azul bajo radiación ultravioleta. La característica más llamativa es que brilla con luz azul bajo iluminación ultravioleta, un fenómeno que los científicos aún no lograron explicar.

El valor de Lisima para la ciencia y para África
Lisima cumple un rol estratégico: es la fuente de agua de los ríos Congo, Okavango, Zambezi y Cuanza, que abastecen a millones de personas y mantienen algunos de los ecosistemas más importantes del continente. “La meseta arenosa de Lisima libera algunas de las aguas dulces más claras y confiables de África, lo que se refleja en las libélulas y caballitos del diablo de la región, con varias especies altamente especializadas que no se encuentran en ningún otro lugar”, explicó Klaas-Douwe B. Dijkstra, especialista en libélulas, en el comunicado de The Wilderness Project.

El catálogo de la expedición incluye más de 1.000 ejemplares de mariposas y polillas, con geómetras que mezclan especies de bosque del Congo, fynbos del Cabo y sabanas de miombo. Los investigadores estiman que hasta un 6% de estos lepidópteros son nuevos para la ciencia. El equipo también documentó 47 especies de saltamontes, grillos y katídidos, y 103 especies de libélulas y caballitos del diablo, 34 de ellas nunca antes registradas en Lisima.
El aislamiento de la meseta de Lisima ayudó a conservar su riqueza natural, pero las amenazas han llegado. Taylor advirtió que la región está amenazada por la tala de árboles, la deforestación y la minería artesanal de diamantes, así como por la agricultura de roza y quema, que destruye los bosques naturales. Estas actividades provocan pérdida de hábitats, erosión y fragmentación de ecosistemas.

La expedición también enfrentó obstáculos logísticos. “Nuestro convoy quedó atascado en el barro durante todo un día. Tuvimos problemas con el motor de arranque, fallos en el alternador, pastillas de freno desgastadas y varios casos de malaria en el equipo”, relató Taylor. A pesar de las dificultades, el equipo aprovechó cada pausa para registrar especies en los dambos y bosques pantanosos.

El objetivo: proteger antes de perder
La urgencia de documentar la biodiversidad de Lisima responde a una tendencia global preocupante. Se estima que un millón de especies de plantas y animales están al borde de la extinción, con solo 1,5 millones de las 8,7 millones de especies estimadas en el mundo actualmente identificadas. Desde 1500, más de 800 especies animales se extinguieron por la acción humana.

El líder de la expedición, Rob Taylor, insistió: “El objetivo no es simplemente documentar nuevas especies, sino garantizar que los hábitats de los que dependen permanezcan intactos”. Para los científicos, conocer la vida silvestre de Lisima es el primer paso para protegerla de la presión de la minería, la deforestación y las nuevas rutas que surgen tras el desminado. “Esta zona ya no es un punto en blanco”, resumió Taylor.

Angola, segundo productor de petróleo de África y rico en minerales, enfrenta el desafío de equilibrar desarrollo y conservación. La riqueza natural de la meseta de Lisima, ahora finalmente revelada, exige respuestas urgentes para evitar que su biodiversidad desaparezca antes de ser comprendida.













