
El viernes 22 de mayo de 2026, Jennypher Elizabeth Reyes Castro, una joven de 23 años desbordante de planes y originaria de las tierras altas de Matagalpa, ingresó por su propio pie al Centro Médico Quirúrgico Privado Bethesda, en Ciudad Sandino. Buscaba someterse a una cirugía estética, un procedimiento que, en teoría, modelaría su figura.
Sin embargo, lo que encontró en el quirófano fue una trampa mortal tejida por la informalidad, la usurpación de funciones y la negligencia médica. Siete días después, el día de ayer, 29 de mayo, un comunicado conjunto emitido por el Ministerio de Salud (MINSA), la Policía Nacional y el Ministerio Público confirmó que todos los involucrados en la operación fueron capturados.
De acuerdo con lo expuesto, de las instituciones aquella mañana de mayo, el equipo médico se distribuyó las tareas. En la cabecera del quirófano estaba la Dra. Karla Ramos, especialista en Cirugía Plástica; junto a ella, el Dr. Fidel Ernesto Guzmán Sevilla, cirujano general, y la Dra. Katherine Orozco, encargada de la anestesia. No obstante, el eslabón más débil y peligroso de la cadena se encontraba en la posición de asistente: Liviang Clifford Argüello Molina, un hombre de 34 años.
A simple vista, Argüello Molina vestía la bata blanca con la misma propiedad que sus colegas. Lo que la joven Jennypher y su familia ignoraban y es que este ciudadano operaba en la absoluta clandestinidad profesional. Registrado ante las autoridades sanitarias únicamente como Médico General, carecía por completo de la acreditación, los títulos o los códigos autorizados para ejecutar o asistir cualquier tipo de procedimiento en la rama de la Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva.
Un historial delictivo que la burocracia no detuvo
El procedimiento quirúrgico concluyó, pero el calvario de Jennypher apenas comenzaba. A las pocas horas, el cuerpo de la joven empezó a enviar señales de alerta. La inflamación, el dolor agudo y una descompensación sistémica encendieron las alarmas de sus familiares. La gravedad de su estado obligó a un traslado de emergencia a su natal Matagalpa, ingresando en estado crítico al Hospital Escuela César Amador Molina.
Allí, los médicos especialistas iniciaron una carrera contrarreloj. Se aplicaron protocolos de soporte vital avanzado y cuidados intensivos, pero el daño interno ya era irreversible. El organismo de la joven colapsó de forma estrepitosa. El dictamen clínico forense posterior fue contundente: Jennypher falleció a consecuencia de un choque distributivo y un tromboembolismo pulmonar fulminante, un taponamiento súbito de las arterias pulmonares provocado, presuntamente, por la movilización de coágulos o grasa durante la cirugía.

El 28 de mayo, con el corazón destrozado, la familia Reyes Castro acudió a las delegaciones policiales para interponer una denuncia formal. La maquinaria estatal se activó de inmediato.
Al profundizar en las investigaciones, las autoridades descubrieron que la tragedia de Reyes no era un hecho aislado, Liviang ya arrastraba un oscuro y alarmante historial de mala praxis.
Las investigaciones revelaron que en mayo de 2025, la Autoridad de Regulación Sanitaria ya había detectado graves incumplimientos relacionados con las licencias y permisos en los establecimientos donde estos médicos operaban, aplicando sanciones que evidentemente no fueron suficientes para frenar sus actividades.
Por lo que, el comunicado emitido en Managua trajo un bálsamo de severidad legal ante el luto de la familia: todos los integrantes del equipo médico han sido capturados. La Dra. Ramos, el Dr. Guzmán, la Dra. Orozco y el inhabilitado Argüello Molina enfrentan ahora un proceso penal bajo la lupa del Ministerio Público y la Policía Nacional, bajo los cargos que se deriven de la pérdida de una vida humana bajo el amparo de la ilegalidad.

Las instituciones del Estado han cerrado filas prometiendo una revisión exhaustiva de las clínicas estéticas del país, mientras Matagalpa llora a una mujer de 23 años que confió su salud a profesionales que, entre la arrogancia y la usurpación, le arrebataron el futuro en una fría camilla de Ciudad Sandino.












