
El miércoles por la noche, Juan Luis Troncoso, un jubilado de 66 años, fue encontrado muerto en su casa de Las Heras, una localidad ubicada en la provincia de Santa Cruz. En un primer momento, los familiares plantearon que había sufrido un paro cardíaco, pero, 24 horas después, la autopsia terminó por revelar que había sufrido un disparo en la cabeza.
Todo ocurrió cerca de las 20 horas, cuando los efectivos policiales recibieron una alerta sobre la muerte y se presentaron en el domicilio del barrio Calafate, donde el hombre residía junto a su pareja. Al ingresar, los agentes encontraron al ex trabajador petrolero sentado, sin signos vitales y sin evidencias visibles de violencia.
En ese momento, las autoridades señalaron que el cuerpo presentaba rigidez cadavérica. En el lugar no había rastros de sangre ni indicios que pudieran asociarse a una muerte violenta y tampoco se halló ningún arma de fuego en la escena.
Uno de los médicos que intervino en primera instancia manifestó “de palabra” que el hombre habría sufrido un paro cardíaco. Sin embargo, un segundo profesional consideró que había elementos suficientes para catalogar el caso como una “muerte dudosa”, lo que motivó la intervención de la Justicia y la inmediata orden de realizar una autopsia.
El resultado del procedimiento forense modificó completamente la dirección de la causa. Según la información obtenida por La Opinión Austral, se determinó que el hombre tenía una bala alojada en el cráneo, presentando un orificio de entrada, pero no de salida.
La investigación quedó en manos del juez Eduardo Quelín, a cargo del Juzgado de Instrucción de Las Heras, quien buscaría determinar si se trató de un suicidio, como sostiene la principal hipótesis judicial, o si existió la participación de terceros o alteración de la escena.
En línea con esto, ordenó a la División de Investigaciones de Las Heras que realizara un allanamiento y una ampliación de la inspección ocular en la vivienda, junto al Gabinete Criminalístico local. No obstante, reconocieron que el caso se tornó complejo, luego de que en las declaraciones tomadas a familiares y allegados se revelara que habían limpiado sangre antes de que arribaran las autoridades.
Según trascendió, el entorno justificó el acto al manifestar que lo habían hecho porque pensaron que “la policía iba a tardar mucho”. A partir de este testimonio, que sería considerado clave, durante el procedimiento, los agentes encontraron una alfombra con manchas rojizas que había sido descartada en contenedores próximos al portón principal de la casa.

De la misma manera, localizaron una carabina calibre .22 cargada, con un cartucho en recámara y seis más en el cargador metálico, apoyada sobre una mesa en el sector quincho. Junto al arma, secuestraron una considerable cantidad de municiones, cajas de cartuchos, vainas servidas con signos de persecución y proyectiles de distintos calibres, incluyendo .22 LR, .38 Special y .223 Remington.
Por este motivo, estos elementos serán sometidos a peritajes balísticos para determinar si alguno guarda relación con el disparo que causó la muerte de Troncoso. También se incautaron seis teléfonos celulares pertenecientes a personas allegadas a la víctima y a quienes estuvieron presentes en el domicilio. Estos serán analizados para reconstruir comunicaciones y movimientos previos y posteriores al hecho.
Mientras se aguardan los resultados de nuevas pericias científicas y análisis criminalísticos, la Policía volvió a tomar declaraciones testimoniales a familiares, allegados e inquilinos de la propiedad. No obstante, las inconsistencias entre los diferentes relatos se convirtieron en un eje central para la Justicia de Santa Cruz.
Actualmente, el cuerpo ya fue entregado a la familia para su sepelio. Según informó la Empresa de Servicios Fúnebres Totino, los restos serían inhumados en el cementerio local, tras ser retirados este viernes a la tarde del hospital.













