
Un panorama poco alentador se avecina para miles de hogares guatemaltecos que se verán afectados directamente por la inseguridad alimentaria a partir de abril y podría extenderse hasta septiembre de este año, impulsada por la reducción en las lluvias, pérdidas agrícolas, entre otros factores externos, según revela un informe publicado por Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna (Fews Net por sus siglas en inglés).
Para 2026, se prevé la presencia de lluvias por debajo de lo habitual, temperaturas superiores al promedio y una canícula prolongada. Estas condiciones están afectando los rendimientos de granos básicos, especialmente en hogares sin acceso a sistemas de riego y con una alta dependencia de la agricultura de subsistencia.
Esta situación también impacta la demanda de mano de obra agrícola, sobre todo durante el ciclo de Primera, que es clave para la producción de alimentos.

En las regiones de Alta Verapaz y el Altiplano Occidental, los hogares más pobres podrían enfrentar una temporada de escasez prematura y avanzar hacia una situación de Crisis en los próximos meses.
La falta de cosechas consecutivas ha llevado a una fuerte dependencia del mercado para la compra de alimentos, lo que desborda la capacidad adquisitiva de las familias y obliga a recurrir a estrategias como contraer deudas inusuales o reducir la cantidad de alimentos consumidos.
En el resto del país, se anticipa que la inseguridad alimentaria se mantenga en una fase de presión acentuada. Aunque en estas áreas los ahorros y reservas de alimentos brindan cierto alivio, el aumento de los precios y la reducción de oportunidades laborales agrícolas podrían llevar a un número creciente de hogares a la categoría de Crisis, especialmente a partir de mayo, cuando las reservas tienden a agotarse y la oferta de empleo agrícola disminuye.

Las condiciones climáticas adversas se suman a incrementos recientes en los precios de los combustibles. En marzo, el costo de la gasolina y el diésel subió un 22% y 33%, respectivamente, comparado con el año anterior. Estas alzas derivan de interrupciones en la cadena de suministro y tienen un efecto directo sobre los costos de transporte y la comercialización agrícola.
A pesar de que la inflación general anual en marzo se ubicó en 2.5%, la inflación en el sector transporte alcanzó 6.5%, reflejando el impacto del encarecimiento de los combustibles.
Las precipitaciones irregulares y por debajo del promedio, junto a temperaturas elevadas, han agravado el déficit de humedad en los suelos de amplias zonas del país.
En el Altiplano Occidental y el sur-oriente, se ha registrado entre un 30% y un 60% menos de lluvias en comparación con los promedios históricos de marzo y abril. Esta situación ha afectado el inicio de las actividades agrícolas de la temporada de Primera y ha deteriorado la humedad de los suelos antes de las primeras lluvias.

Por otra parte, el aumento de los precios internacionales de fertilizantes, con incrementos interanuales de entre 5% y 10% en marzo de 2026, ha encarecido los costos de producción agrícola. Guatemala depende de la importación de petróleo y fertilizantes, por lo que las fluctuaciones en los mercados globales tienen repercusiones inmediatas en los costos internos.
El alza de estos insumos afecta el poder adquisitivo de los pequeños agricultores justo antes del arranque de la temporada de siembra.
En respuesta a la situación, algunas áreas del país reciben asistencia alimentaria humanitaria, pero su alcance es limitado tanto en el número de beneficiarios como en el contenido calórico ofrecido.
Esta ayuda no resulta suficiente para modificar la clasificación de inseguridad alimentaria en las áreas más afectadas según los estándares establecidos.













