El primer ministro libanés, Nawaf Salam, descartó este miércoles que una reunión entre el presidente Joseph Aoun y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sea viable en el momento actual y reclamó que Israel establezca un calendario concreto para retirar sus tropas del sur del Líbano antes de hablar de cualquier otro avance. “Aún es prematuro” abordar ese encuentro, dijo en una rueda de prensa en Beirut, en la que también subrayó que Líbano no busca “la normalización de relaciones con Israel, sino la paz”.
Las declaraciones llegan después de que la Embajada de Estados Unidos en Beirut propusiera públicamente esa reunión tripartita, con la mediación de Donald Trump. Según Washington, el encuentro “daría a Líbano la oportunidad de obtener garantías concretas sobre la plena soberanía, la integridad territorial, la seguridad de las fronteras, el apoyo humanitario y para la reconstrucción, y el restablecimiento completo de la autoridad del Estado libanés sobre cada centímetro de su territorio”. La iniciativa refleja el interés de la administración Trump por acelerar el proceso y coronarlo con un acto de alto impacto político.
El propio Aoun había fijado ya su postura días antes: “Este no es el momento adecuado para una reunión” con Netanyahu, afirmó, y precisó que antes es necesario “alcanzar un acuerdo de seguridad” que ponga fin a los ataques israelíes. Reconoció, no obstante, que “no hay vuelta atrás en el camino de las negociaciones” y que Líbano “no tiene otra opción”, dado el agotamiento de la población. Las dos condiciones que Beirut mantiene son la retirada de las tropas israelíes del sur y la liberación de prisioneros libaneses en manos de Israel.

Salam precisó que se esperan “conversaciones preparatorias” con la embajadora libanesa en Washington, Nada Hamadé Moauad, en los próximos días, lo que apunta a una tercera ronda de contactos técnicos. Las dos anteriores, a nivel de embajadores, sirvieron para acordar primero una tregua inicial de diez días y, después, el alto el fuego que entró en vigor el 17 de abril y que se extiende, en principio, hasta mediados de mayo. El propio primer ministro insistió en que esas reuniones no son “negociaciones” formales, sino una fase “preparatoria” para sentar las bases de un proceso más amplio.
La fractura interna complica el cuadro. Hezbollah, que lanzó proyectiles contra Israel el 2 de marzo en respuesta al asesinato del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Khamenei, rechaza las conversaciones y las califica, en palabras de su secretario general, Naim Qassem, de “concesión humillante e innecesaria”. El presidente del Parlamento, Nabih Berri, líder del movimiento chií Amal y aliado histórico de Hezbollah, fue más tajante: no puede haber negociaciones mientras continúe la guerra. La posición del ejecutivo de Salam, que ha asumido el compromiso de proceder al desarme de Hezbollah, choca con la de los dos actores chiíes más influyentes del país.
El alto el fuego de noviembre de 2024, alcanzado tras trece meses de combates derivados de los ataques de Hamas del 7 de octubre de 2023, no logró estabilizar la frontera: Israel continuó bombardeando el sur y mantuvo tropas sobre el terreno, y la situación estalló de nuevo el 2 de marzo, cuando Hezbollah lanzó su ofensiva en respaldo a Irán. Desde entonces, el Ministerio de Salud libanés contabiliza más de 2.700 muertos y más de 8.000 heridos. Las últimas conversaciones de alto nivel entre los dos países tuvieron lugar en 1993, sin llegar al rango de presidente y primer ministro; un encuentro Aoun-Netanyahu sería, de producirse, el primero entre mandatarios de ambos Estados.













