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Fin de semana violento en Bolivia: tres personas fueron asesinadas el domingo en Santa Cruz

El vehículo tipo buggie Can-Am del piloto de rally, sucio de barro, se encuentra acordonado en la escena del crimen donde fue asesinado.

Tres asesinatos en distintas localidades de Santa Cruz este domingo marcan una jornada atravesada por la violencia. Los crímenes, que en principio no están vinculados entre sí, ocurrieron en los municipios de San Matías, Puerto Quijarro y Warnes. Los tres casos ocurrieron en espacios públicos y fueron ejecutados con armas de fuego.

El primer caso ocurrió en San Matías, una localidad fronteriza con Brasil, donde un hombre identificado como Douglas Q.R., de 42 años y con antecedentes de narcotráfico, fue atacado mientras se presenciaba un campeonato de fútbol en un centro deportivo, según el reporte policial. Los testigos relataron que personas desconocidas se acercaron súbitamente a la víctima, le dispararon varias veces y se dieron a la fuga.

El segundo asesinato ocurrió en Puerto Quijarro, también cerca de la frontera con Brasil; un hombre de nacionalidad brasileña, identificado como Luiz Antonio P.L., fue abatido con arma de fuego. En el ataque, una mujer que lo acompañaba resultó herida y fue trasladada a la localidad de Corumbá, en Brasil, para recibir atención médica; mientras que el cuerpo de la víctima fue trasladado a Santa Cruz de la Sierra para realizar la autopsia.

El tercer caso ocurrió en el municipio de Warnes, distante unos 30 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra, cuando el piloto de rally José Pedro R., de 28 años, fue asesinado minutos antes de iniciar una competencia automovilística.

Imagen referencial de un agente de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen en Bolivia (Felcc).

Según las personas que se encontraban en el lugar, ubicado justo detrás del aeropuerto de Viru Viru, el piloto se disponía a ubicarse en la línea de salida cuando fue interceptado por una vagoneta, de la que bajó un hombre con el rostro cubierto que abrió fuego contra el joven y luego escapó.

La víctima era investigada por vínculos con el presunto narcotraficante Sebastián Marset, según publicaron algunos medios locales. En el ataque, su copiloto resultó herido y fue trasladado de emergencia a una clínica privada.

La Fiscalía boliviana y agencias especializadas de la Policía realizan las investigaciones para identificar a los sicarios y buscan esclarecer las causas de los crímenes; de momento no hay ningún detenido por estos hechos. El fiscal general Roger Mariaca informó en conferencia de prensa que convocó a varias instituciones a realizar un trabajo coordinado para combatir la expansión de la violencia y desarticular posibles grupos delictivos.

La criminóloga y exdirectora del Observatorio de Seguridad Ciudadana, Gabriela Reyes, manifestó en entrevista con Infobae que estos hechos son el resultado de no haber desmantelado la estructura de Sebastián Marset tras su captura el 13 de marzo; y dijo que, aunque no están conectados directamente, podrían ser parte de una pugna entre organizaciones criminales.

El presunto narcotraficante Sebastian Marset fue detenido el 13 de marzo en Santa Cruz, Bolivia, y entregado a las autoridades de Estados Unidos. (Photo by Handout / Secretaria Nacional Antidrogas Paraguay (SENAD) / AFP) /

Estamos viendo las consecuencias de no desarticular la organización de Marset. Si bien se lo ha expulsado, la organización sigue intacta. Los detenidos son eslabones débiles y reemplazables, pero las estructuras más importantes están intocables, no hay nadie detenido”, afirmó.

Según Reyes, esta reconfiguración dentro del crimen organizado puede escalar en violencia si no hay una respuesta efectiva de parte del Estado en el desmantelamiento de las redes de narcotráfico. “Es importantísimo tomar el control (…) se podría haber tomado acciones para desarticular económicamente a las organizaciones y no lo han hecho, los resultados son claros: aumento de la violencia, pugnas y cero detenciones”.

La simultaneidad y el contexto de estos hechos, a poco más de un mes de la caída de Marset, plantean interrogantes sobre la capacidad del Estado para combatir organizaciones criminales que se reacomodan con rapidez, especialmente en zonas sensibles como las fronteras y los corredores logísticos de la cocaína. El desafío está a la vista.