
El embajador de Irán ante las Naciones Unidas, Amir Saeid Iravani, declaró este jueves que Teherán participa en las negociaciones de paz con Washington con un “optimismo cauteloso”, aunque condicionó cualquier resultado positivo a que Estados Unidos adopte un enfoque “constructivo y racional” y evite imponer exigencias contrarias al derecho internacional. Las declaraciones se produjeron durante una sesión de urgencia de la Asamblea General convocada tras el veto de Rusia y China a una resolución sobre la seguridad de la navegación en el estrecho de Ormuz.
“A pesar de nuestra profunda desconfianza hacia Estados Unidos, derivada de sus repetidas traiciones a la diplomacia, hemos entrado en estas negociaciones de buena fe”, afirmó Iravani, en referencia directa a la ofensiva militar lanzada por Washington y Tel Aviv hace siete semanas. El diplomático iraní matizó que si la contraparte actúa con racionalidad, las conversaciones “pueden conducir a un resultado significativo”.
Las declaraciones llegan en un momento de intensa actividad diplomática. El mariscal de campo pakistaní Asim Munir, jefe del Ejército y principal interlocutor entre ambas potencias, llegó a Teherán el miércoles, acompañado del ministro del Interior, Mohsin Naqvi, con un nuevo mensaje de Washington para preparar una segunda ronda de conversaciones. El canciller iraní, Abbas Araghchi, recibió a la delegación y expresó su satisfacción por los esfuerzos de Islamabad.
La primera ronda, celebrada en Islamabad los días 11 y 12 de abril, concluyó sin acuerdo tras más de 21 horas de conversaciones. La delegación estadounidense estuvo encabezada por el vicepresidente JD Vance, junto a los enviados Steve Witkoff y Jared Kushner. Los principales escollos siguen sin resolverse: el programa nuclear iraní —la duración de cualquier congelación del enriquecimiento y el destino de las 440 toneladas de uranio altamente enriquecido que posee el país— y el control del estrecho de Ormuz.
El tiempo apremia. El alto el fuego pactado el 8 de abril expira el próximo 22 de abril, lo que convierte la segunda ronda en una carrera contrarreloj. La Casa Blanca confirmó estar “optimista ante las perspectivas de un acuerdo” y apuntó que las nuevas conversaciones se celebrarían probablemente de nuevo en Islamabad.
Iravani reclamó en su intervención ante la ONU la implicación de otros actores. Citó a Pakistán, Turquía, Egipto, Arabia Saudita, China y Rusia como partes cuya participación considera necesaria. “Cualquier solución viable debe garantizar un fin definitivo e irreversible a la agresión y debe crear una paz justa y duradera, arraigada en garantías creíbles y verificables”, sostuvo.
El conflicto, iniciado el 28 de febrero con los bombardeos estadounidenses e israelíes sobre territorio iraní, ha causado más de 3.000 muertos y ha generado una espiral de tensión en toda la región. El cierre del estrecho de Ormuz ha disparado los precios del petróleo a escala global, mientras Washington evalúa un bloqueo naval sobre los puertos iraníes, medida que la Guardia Revolucionaria Islámica ha advertido que consideraría una violación del cese de hostilidades.
La posición iraní refleja una estrategia deliberada de internacionalizar el conflicto y multiplicar los actores implicados en la búsqueda de una salida negociada. Si el alto el fuego vence el 22 de abril sin un nuevo entendimiento, el riesgo de reanudación de las hostilidades aumenta de forma significativa.













