
El presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, firmó 17 agendas de desarrollo territorial con pueblos indígenas entre 2025 y 2026 para convertir reclamos históricos en compromisos verificables de salud, educación, infraestructura y economía comunitaria, en un país donde el Gobierno reconoce una deuda de siglos con comunidades mayas, garífunas y xincas.
La cifra quedó consolidada en julio de 2026 con la firma de la agenda número 17 junto a la Municipalidad Indígena de Antigua Santa Catarina Ixtahuacán, en Sololá, después de 27 asambleas de diálogo y 27 reuniones de trabajo entre el Ejecutivo y autoridades ancestrales. El mecanismo articula seis ejes de desarrollo y prevé seguimiento periódico con rendición de cuentas.
De cuerdo con información oficial, las agendas no funcionan como declaraciones generales, sino como hojas de ruta con metas concretas que deben ser evaluadas en mesas interinstitucionales coordinadas por cada gobernación departamental. En esos espacios participan delegados del Ejecutivo y autoridades ancestrales, que además asumen la fiscalización de los compromisos.

El Gobierno convirtió demandas indígenas en acuerdos con seguimiento institucional
El proceso comenzó en mesas de diálogo instaladas antes de la toma de posesión de Arévalo. La Secretaría Privada de la Presidencia coordinó el intercambio con autoridades indígenas de distintas regiones, que presentaron prioridades luego analizadas por ministerios e instituciones del Ejecutivo antes de volver a las comunidades para su ajuste y validación.
La subsecretaria privada de Asuntos y Relaciones Políticas, Mónica Mazariegos Rodas, en una de las últimas firmas, explicó que el Gobierno define qué compromisos puede ejecutar con las carteras bajo su control durante el tiempo restante de la administración.
Cada agenda se construye a partir de propuestas comunitarias y se organiza en seis ejes: economía comunitaria, infraestructura, salud, educación, medio ambiente y fortalecimiento de la participación indígena.
El modelo busca responder a una brecha estructural en un país donde los pueblos indígenas representan una porción mayoritaria de la población, pero han enfrentado exclusión estatal durante siglos.
Arévalo lo expresó durante la firma con el Gran Consejo de Autoridades Q’eqchi’ Jolomná, en Chisec, Alta Verapaz: “Tenemos quinientos años de racismo que es difícil transformar en un solo período de gobierno de cuatro años. Pero estoy convencido de que, si sabemos trabajar juntos, podremos sentar los cimientos para cambiar esa relación”.
La lógica política del mecanismo también reconoce a las autoridades ancestrales como contrapartes legítimas del Estado. En comunidades como Antigua Santa Catarina Ixtahuacán, esa demanda de reconocimiento institucional arrastra décadas de disputa.

Las agendas abarcan desde carreteras y hospitales hasta educación bilingüe
Entre las 17 agendas ya firmadas figuran acuerdos con los pueblos ixil, ch’orti’, xinca, tujaal, garífuna y uspanteko, además de Comunidades Aliadas de Chichicastenango, Santa Lucía Utatlán, Santiago Sacatepéquez, los 48 Cantones de Totonicapán, San Cristóbal Totonicapán, el pueblo mam de Quetzaltenango, el Gran Consejo Jolomná de Alta Verapaz, la Municipalidad Indígena de Sololá y la de Antigua Santa Catarina Ixtahuacán.
Con el Gran Consejo Jolomná, que reúne a ocho municipios de Alta Verapaz, el Ejecutivo asumió compromisos para fortalecer la asistencia técnica agrícola, incorporar un seguro para eventos climáticos catastróficos, fomentar la soberanía alimentaria con semillas nativas, impulsar el turismo comunitario y atender conflictos de tierras mediante la Comisión Presidencial de Atención a la Conflictividad.
En infraestructura, acordó una mesa interinstitucional para planificar proyectos viales y ampliar el acceso a electricidad en comunidades de Raxruhá, Cobán, Carchá, Chisec y Lanquín.
La agenda con los 48 Cantones incluyó apoyo a la agricultura familiar, bacheo y reparación de carreteras, remozamiento de escuelas públicas, elaboración de materiales educativos en idioma k’iche’, ampliación del Hospital Departamental de Totonicapán y acciones de coordinación ambiental. La junta directiva de esa autoridad ancestral ratificó su compromiso de fiscalizar la ejecución como parte de la lucha contra la corrupción.
En Santa María Chiquimula, municipio de Totonicapán donde el 99% de la población es descendiente maya quiché, el acuerdo contempló ampliar el personal médico en el centro de atención permanente, supervisar el remozamiento de los puestos de salud de Casablanca y Chuicacá, iniciar el proceso administrativo para construir un instituto diversificado, dar mantenimiento a carreteras rurales con una meta de entre 20 y 35 kilómetros y entregar 350.000 adoquines para caminos comunitarios.
Con el Consejo de Autoridades Ancestrales de Santiago Sacatepéquez, la novena agenda del mandato priorizó el tratamiento de aguas residuales, la reforestación con especies nativas, la señalización vial en la carretera Interamericana, la revisión del Currículo Nacional Base con enfoque intercultural y el abastecimiento de medicamentos en el centro de salud local.
La agenda firmada el 21 de julio de 2026 con la Municipalidad Indígena de Sololá comprometió acciones para 85 comunidades del municipio en economía comunitaria, mantenimiento vial, salud con pertinencia cultural, educación bilingüe intercultural, medio ambiente y seguridad ciudadana. Esa institución, con más de cuatro siglos de trayectoria, agrupa a 74 alcaldes y alcaldesas comunitarios elegidos de forma democrática y ejerce sus funciones ad honorem.

La última agenda sumó obras, insumos y reclamos pendientes en Sololá
La agenda número 17, suscrita con Antigua Santa Catarina Ixtahuacán, incluyó la entrega de 174.000 adoquines, la ampliación del programa Techo Mínimo en tres asentamientos, la evaluación del techado e iluminación de una cancha de básquetbol, asistencia técnica y herramientas agrícolas, un proyecto de dotación de hilos para mujeres tejedoras, estudios de viabilidad para un Centro Comunitario de Salud, equipo de cómputo para el laboratorio del Instituto Nacional de Educación Básica local y la contratación de dos maestros de música con compra de instrumentos autóctonos.
Esa comunidad del altiplano occidental de Sololá, situada a unos 2.300 metros sobre el nivel del mar, pasó años sin centros educativos ni atención médica después del desplazamiento causado por el huracán Mitch en 1998 y el traslado posterior de la cabecera municipal en 2000. El gobernador departamental de Sololá, Edgar Tuy, informó que solo en la semana de la última firma se suscribieron dos agendas de trabajo en ese departamento.













