
Vuelve Midachi. Es un hecho. Sus fans vienen aguantando desde los días de la pandemia, cuando el trío formado por Miguel del Sel, Dady Brieva y el Chino Volpato se presentó con sus tres integrantes antes de un impasse que llevaría a Dady por un lado, con su espectáculo unipersonal, y a Miguel y el Chino por otro, en lo que se llamó Miguel y el Chino en Banda.
Bueno, la espera terminó, o mejor, terminará en unos meses, porque el regreso porteño se producirá entre el 27 y el 30 de agosto, cuatro funciones en el teatro Gran Rex (más algunas fechas por el interior que anticipan en la charla).
Con ustedes, los artistas…
—Para empezar, ¿quién de los tres tuvo la iniciativa para este regreso?
Chino: —Ninguno, fue Dante Gebel. Fuimos a Los Ángeles, como tantos invitados, y él nos propuso “¿Por qué no hacen como un cierre de su carrera?”. Ahí se fue formando todo y acá estamos.
—Y a partir de la propuesta, ¿hubo que convecer a alguno o los tres se subieron de una? Porque venían de un bache desde el…
Miguel: —Consenso total. Lo último fue en la pandemia, cuando hicimos Mirachi Kingdom. Yo me operé la rodilla -estuve dos años para recuperarme-, después con el Chino hicimos Miguel y Chino en banda…
Dady: —…y yo me dediqué a mis unipersonales. Pero a propósito de si nos costó juntarnos, te aclaro: nunca entre nosotros hubo un mal clima, nunca. Siempre fue porque era embromado coincidir: Miguel vive en Santa Fe, el Chino en un lado, yo en otro, tenemos distintas realidades. Ellos tienen hijos grandes, yo tengo grandes y chicos, o sea, era embromado coincidir. Esto no es como piensa la gente que: “Che, ¿cuándo se juntan?” y nos es “Vos traés unos chorizos y tiramos unas salchichas en el asado”. Hay que poner una sociedad de responsabilidad limitada, inscribirla, contratar gente, todo eso lleva tiempo y trabajo, no es para abrir y cerrar así nomás. Y nada, ahora coincidió y le dimos para adelante.

—Estamos atravesando una coyuntura económica muy complicada, ¿es más difícil hacer reír ante semejante crisis, con tanta gente perdiendo el trabajo?
Miguel: —Mirá, en 43 años de historia, que ya tenemos, hemos pasado de todo: épocas buenas, épocas espantosas, y siempre el humor fue bienvenido, tanto cuando el país estuvo muy mal como cuando estuvo bastante bien. Pero siempre está la necesidad de reírse: el humor es un fiel compañero.
—Ya son un hecho las cuatro fechas del Gran Rex, ¿habrá más?
Dady: —Por un lado están las funciones de Capital, pero también vamos a ir por el interior; seguro están Córdoba, Rosario y Mendoza, incluso Montevideo, Uruguay.
Miguel: —Si siguen saliendo algunos lugares en el interior, creemos que van a ser entre diez y quince funciones.
—¿Cuánto de “grandes éxitos” y cuánto nuevo tendrá el show?
Dady: —El show es nuevo en los textos. Después, obviamente, está la fórmula Midachi, de la cual no nos pensamos salir ni retroceder un ápice…
Chino: —Por supuesto estarán los personajes más fuertes, que son los que la gente quiere ver…
—O sea, la Tota…
Miguel: —La Tota, Mercedes, la Pochola, el monólogo, Drácula, Chasman, nuestros clásicos de siempre, bah.
—Ese “de siempre” tuvo un comienzo hace 43 años…
Dady: —Sí, exactamente el 16 de julio de 1983.
—La primera vez nunca se olvida, ¿no?
Miguel: —¡Cómo olvidarlo! Debutamos en La Baguala, un restaurant frente a la terminal de colectivos, en Santa Fe. Y nos cambiábamos en la cocina, el olor a fritanga que teníamos cuando salimos no se podía creer.
Dady:—Exactamente, y cobramos tres “marrones”, me acuerdo…
—¡Marrones! ¿Eran los cien pesos de aquella época, no?
Chino:—No, Australes…
Dady: —¡No, eran pesos!
Miguel: —A plata de hoy, calculá que habrán sido 50 mil pesos para cada uno. Pero hacíamos viernes y sábado, viernes y sábado como para ir juntando una platita. Pensá que yo apenas era un estudiante de educación física…
Dady: —¡Sabés qué, nos sentíamos los Rolling Stones!
—Pero a lo que iba es si se imaginaban que algún día la romperían en Buenos Aires y todo el éxito que vino después, ¿o era más bien como un hobby?

Dady: —Sabés lo que era… ¡la determinación! Saber que el fracaso significa no haberlo deseado demasiado. Y pensábamos que le comíamos los huevos a los cóndores. ¡Teníamos mucho hambre!
Miguel: —Qué linda frase, el momento cultural de la nota (risas).
Dady: —¡Nooooooo, vos porque pensaste en los genitales de los cóndores, guacho! Y yo pensé en los huevos mismos (más risas).
—O sea, fue gastronómico, no sexual, querés decir…
Dady: —Exacto, un comentario gourmet (más aún). No, en serio: ¿sabés lo que siempre nos ayudó mucho?
—¿Qué?
Dady: —Ir de punto, ser el tapado de la peña, que nadie dé dos mangos por nosotros. Decían: “Hay unos muchachos de Santa Fe que se llaman Mariachi, algo así”.
Miguel: —Te doy un ejemplo: hacíamos el jueves, Calchaquí; el viernes, Vera; sábado, Reconquista y domingo, San Justo. Con la plata del jueves pagábamos las cuerdas y la guitarra del Chino, con la del viernes pagábamos la cuota de una camionetita que habíamos comprado y a nosotros nos quedaba lo del sábado y el domingo. Era bravo. Hemos llegado a actuar con mil quinientas personas, todos comiendo tallarines…
Chino: —No, ravioles, fue en Sastre, Santa Fe…
Miguel: —Eso, ¡del ruido a platos ni se nos escuchaba! Hasta que nos fuimos haciendo cada vez más fuertes y después ya nos dimos cuenta que podíamos vivir de esto…
—¿Cuándo fue ese cllck?
Chino: —Cuando hicimos el programa de Mirtha Legrand…
—Cuál, ¿el del desmadre con Guinzburg y Ricky Maravilla?
Miguel: —Ese, en el ‘90. Pensá que hasta ahí vendíamos solamente quinientas entradas por fin de semana. Fuimos a lo de Mirtha y pasamos a vender unas cinco mil por fin de semana. ¡Explotó!
—Dos últimas. Se los ve bárbaro, pero muchos se preguntaron en qué medida afectó su relación -sobre todo en tu caso, Dady, peronista y kirchnerista a full; y vos, Miguel, incluso diputado macrista- en los álgidos días de la grieta que distanciaron a tantos amigos, familias incluso?
Dady: —Entiendo. Pero nosotros tenemos una regla: no hablamos de política ni de fútbol. Él es de Unión, yo soy de Colón, imaginate. Pensá que hace cuarenta y tres años no existía ni Cristina ni Mauricio.

Miguel: —Totalmente. De hecho, recordá que cuando yo fui diputado, ellos fueron a mi jura.
—Entiendo. Para terminar, ahora sí, ¿la anécdota más bizarra después de 43 años en la ruta?
Dady: —¡Uyyyyyyyyy, son como cien!
—La más bizarra de todas…
Miguel (con la venia de Dady y el Chino): —La de Rio Hondo. Yo entraba con el público, entonces decía: “Ahora sí, fuerte el aplauso para el Chino y para el Pato”, porque entraba el Chino para que hagamos los dúos. Y el Chino no entraba. “Y ahora sí, ahora sí va a entrar, fuerte el aplauso…!” Nada. Hasta que por ahí entra el Chino con un parche así con sangre (risas). La gente empezó a aplaudir, pero lo que pasó es que el Chino se había chocado un fierro en la oscuridad, detrás del escenario. Y terminó haciendo toda la función así, ensangretado. No creo que haya vivido nada más bizarro.
Fotos: RS Fotos