Valentina Cervantes participó en Por el Mundo (Telefe), el ciclo que conduce Marley, donde combinó anécdotas desopilantes de su paso por MasterChef Celebrity con una postal íntima y cotidiana de su rutina en Londres junto a Enzo Fernández y sus hijos, Olivia y Benjamín. Entre risas, confesiones y escenas de vida familiar, la joven mostró un costado relajado, lejos de las cámaras del reality y también del ruido habitual que suele rodear a la pareja.
Uno de los momentos más comentados fue cuando Valentina recordó lo que definió como su peor plato de toda la competencia: el día que tuvo que cocinar rana. En la charla, Marley también asumió su parte de responsabilidad y admitió que, intentando ayudarla, terminó “influenciándola” para mal. “Tengo que admitir que fue en parte también por culpa mía”, reconoció él, antes de contar cómo le dio una indicación errónea sobre la preparación: según relató, le dijo que la rana se freía entera, “de un lado y del otro un ratito y ya está”.
Valentina, entre carcajadas, aceptó el recuerdo con humor, aunque sin intentar justificarlo: “Hoy no lo puedo defender de ninguna manera”, dijo al evocar la escena frente al jurado. Según reconstruyó, había armado una presentación en la que “la rana está en la playa” y acompañó el plato con un cremoso de castañas de cajú que terminó siendo, en palabras de Germán Martitegui, “un cemento de contacto… carísimo, aparte”. Marley sumó, además, que la devolución fue durísima y que llegaron a compararla con “un cadáver puesto ahí como en un ataúd”.

La anécdota no quedó ahí: Marley contó que, después de esa experiencia, también “perjudicó” sin querer a otras participantes a las que intentó ayudar, como Emilia Attias y Momi Giardina. “Lo peor que te podía pasar era que yo te ayudara”, bromeó, mientras Valentina cerraba el balance de esa semana con una frase letal: “Estuviste una semana y nos mandaste al muere a tres participantes”.
Más allá de los bloopers culinarios, Cervantes destacó que su paso por el programa fue una experiencia positiva. “La verdad que sí, el programa a mí me encantó… la pasé muy bien y el grupo de compañeros y todo fue hermoso”, remarcó, al recordar un formato que la sacó de su zona de confort y la puso en un rol completamente distinto al que suele tener en la vida diaria.
En otro tramo del programa, Valentina se animó a hablar de cómo transcurre su día a día en Londres, donde vive con Enzo y los chicos. La charla se dio mientras recorrían el barrio y se enfrentaban al desafío de manejar “al revés”, con el volante del lado contrario. “Ya me acostumbré. Ya rompí la primera rueda”, dijo ella, entre risas, al contar los primeros tropiezos de adaptación.

Además, describió las diferencias culturales que más le llamaron la atención, especialmente en lo vinculado a la crianza: “Acá, por los cumpleaños de nenes, te mandan la invitación dos meses antes”, comentó, sorprendida por el nivel de organización británico. Marley coincidió: “Ellos son súper prolijos… todo en horario”.
En ese mismo tono, Valentina relató cómo tuvo que ajustar los horarios de sueño de los chicos para adaptarlos a la dinámica londinense. “Cuando vine, apenas llegué, los nenes tenían horarios argentinos… y después lo fui cambiando. Ahora a las ocho ya no los quiero ver más”, lanzó, divertida, dejando en claro que la rutina familiar también se construye con límites y aprendizaje.
La presencia de la familia aparece como un pilar clave en esa vida lejos de casa. Según contó, se organizan para recibir visitas sin que sea un caos: “El año pasado vino la familia de Enzo, este año viene la mía… y así”. También explicó que su mamá llegaba ese mismo día y que viaja con su hermana menor, que tiene una edad similar a la de Mirko, lo que suma compañía y ayuda. “Ellos me ayudan mucho con los nenes también… me salva que estén acá”, aseguró.
Finalmente, reveló un dato muy argentino que se volvió marca registrada en su rutina londinense: su alacena. “No me compro absolutamente nada… me traigo todo de Argentina. Todo lo que te imagines: fideos de sopa, harina…”, contó, al explicar que prefiere mantener los sabores de siempre, incluso viviendo en el exterior.