
En 1874, uno de los experimentos más singulares de la ingeniería naval fue botado en los astilleros de Hull: el SS Bessemer, conocido como el “barco anti-mareo”, prometía revolucionar los viajes marítimos.
Sin embargo, su historia quedó marcada por una serie de infortunios y fracasos que acabaron convirtiéndolo en un símbolo de las dificultades de la innovación.
El nacimiento de una idea audaz
El inventor Henry Bessemer, célebre por desarrollar el proceso de producción de acero a gran escala y poseedor de más de 120 patentes, concibió el proyecto del SS Bessemer impulsado por una motivación personal.
“Era también un hombre que padecía gravemente de mareo”, explicó a National Geographic, Robb Robinson, investigador honorario de la Universidad de Hull. Según el experto, Bessemer consideraba que la era victoriana debía ser capaz de encontrar una solución mecánica para aliviar el mareo en alta mar.

Bessemer reunió USD 250.000 para financiar la construcción de un buque de 107 metros de eslora, cuya característica más innovadora era una cabina de primera clase montada sobre gimbals (cardanes), diseñada para balancearse y neutralizar el movimiento de las olas. La nave fue construida en el astillero de Earle, sobre el estuario del Humber.
Un debut marcado por la mala fortuna
Desde el inicio, el SS Bessemer enfrentó problemas. Durante una tormenta, el barco fue arrastrado por la marea y encalló cerca de Barton, aunque el incidente no causó daños mayores y la nave pudo ser recuperada.
Superadas las primeras pruebas en el mar cerca de Withernsea, el barco descendió por el Támesis hasta Londres y luego navegó hacia Dover para operar como ferry transcanal. La expectativa era alta: un invento revolucionario, un creador ilustre y el respaldo de la prensa.

Sin embargo, su primer viaje a Francia resultó desastroso. Una de las cuatro ruedas de paletas se dañó, truncando la travesía ante la mirada de periodistas y dignatarios. El estreno con pasajeros pagos, el 8 de mayo de 1875, terminó en catástrofe: el barco chocó contra un muelle en Calais y destruyó parte del puerto. Las autoridades francesas retuvieron la nave hasta que se abonó la reparación.
El propio Dr. Robinson describió el ambiente que se vivía en la empresa: “La compañía se dio cuenta de que tenían un desastre entre manos y la empresa formada para construir el barco entró en liquidación”.
Paradójicamente, el sofisticado mecanismo anti-mareo nunca llegó a utilizarse en las dos únicas travesías que realizó el barco. La solución que prometía eliminar el malestar de los pasajeros jamás fue puesta a prueba en condiciones reales.
Fracaso y legado
Tras el descalabro, un fabricante de hierro adquirió el SS Bessemer y lo trasladó de regreso a su ciudad natal, donde fue amarrado junto al Albert Dock como atracción turística. Los visitantes podían recorrer el barco por seis peniques y participar en pequeños paseos por la costa de Yorkshire.

Pero la mala suerte persistió. Durante una de estas excursiones, el barco encalló en un banco de arena cerca de Grimsby, reforzando su reputación de nave desafortunada. Finalmente, el nuevo dueño quebró y la embarcación fue remolcada a Londres, donde fue desguazada a principios de la década de 1880.
La cabina, corazón del sistema anti-mareo, sobrevivió como sala de billar en una mansión de Kent, hasta que la casa fue destruida por un bombardeo en la Segunda Guerra Mundial.
A pesar de su estrepitoso fracaso, el SS Bessemer dejó una huella en la historia de la tecnología marítima. “El legado del barco para el futuro fue que siempre se debe intentar aliviar los problemas constantes del mareo”, señaló Robinson. Si piensas en los barcos modernos, especialmente los cruceros, se han probado y utilizado estabilizadores y distintos sistemas en distintas épocas.
Actualmente, el caso del barco anti-mareo es recordado como una lección sobre los riesgos de la innovación y la importancia de aprender de los errores. La búsqueda de soluciones para el mareo marítimo continúa, y la historia del SS Bessemer sigue inspirando a ingenieros y científicos en su afán por conquistar los desafíos del mar.