En una mañana despejada sobre el Parque Provincial Patagonia Azul, el mar argentino ofreció una escena que nadie había presenciado antes en la región.

Lo que parecía una jornada habitual de monitoreo científico cambió de escala cuando, entre las olas agitadas, emergió la silueta de una ballena azul, el animal más grande que jamás haya habitado el planeta.

Este avistaje representa el primer registro documentado de una ballena azul en la costa de Chubut y marca un hito para la biodiversidad marina del Atlántico sur, según datos de la fundación Rewilding Argentina.

Un hallazgo sin precedentes en Patagonia Azul

El equipo de Rewilding Argentina zarpó con el objetivo de monitorear especies como la ballena jorobada y la ballena sei, habituales en esta época del año. Apenas habían transcurrido diez minutos de navegación cuando la rutina se interrumpió.

“Salimos un ratito a navegar. Tenemos un proyecto de fotoidentificación enfocado principalmente a ballenas jorobadas y, como el pronóstico anunciaba buen clima, aprovechamos la ventana de tiempo”, explicó Tomás Tamagno, biólogo del equipo.

El avistaje se produjo durante una jornada de monitoreo científico en el Parque Provincial Patagonia Azul

Durante el primer tramo, los especialistas observaron varias ballenas jorobadas saltando cerca de la embarcación.

“Vimos un par más, habría por lo menos cuatro ballenas saltando al mismo tiempo, una locura. En un momento teníamos varias alrededor nuestro”, detalló el biólogo. Pero la verdadera sorpresa llegó cuando apareció, entre las jorobadas, una silueta descomunal que alteró la escala de la escena.

La aparición del animal más grande del mundo

El equipo identificó rápidamente la diferencia: “Nos encontramos con esta ballena que sale del agua, pero esta era distinta, era gigante, muchísimo más grande que cualquier otra que hayamos visto”, relató Tamagno.

La coloración y dimensiones confirmaron la sospecha: era una ballena azul.

El ejemplar probablemente corresponde a la subespecie Ballena Azul Antártica (Balaenoptera musculus intermedia), que puede alcanzar los 30 metros de longitud y pesar entre 75 y 140 toneladas.

Para dimensionar el hallazgo, el propio Tamagno comparó: “Una ballena jorobada, que es la más abundante en el parque, mide hasta 16 metros y pesa entre 25 y 35 toneladas”.

El contraste entre ambas especies es abismal. El animal fue observado desplazándose hacia mar adentro, aunque el equipo logró obtener imágenes valiosas para la ciencia.

El equipo de Rewilding Argentina observó la ballena azul mientras realizaba tareas de fotoidentificación de otras especies

Un hito para la conservación marina

La presencia de una ballena azul en las aguas del Parque Provincial Patagonia Azul representa un avance importante en el conocimiento de la biodiversidad del área protegida.

Según remarcó el biólogo, “es un avistaje superimportante porque no teníamos registrada ballena azul en el Parque Patagonia Azul. Nunca la habíamos visto en todos los años que venimos trabajando y saliendo frecuentemente al mar”.

Existen registros ocasionales de la especie en el Golfo San Jorge, cerca de Comodoro Rivadavia, pero hasta ahora no se había documentado su paso por el sector norte del golfo. Esta confirmación subraya el valor del parque como corredor biológico y refuerza la importancia de las áreas marinas protegidas para especies en peligro.

La situación de la ballena azul es crítica. La caza comercial durante el siglo XX redujo su población a apenas un 2% de su tamaño original en el hemisferio sur. Actualmente, la especie figura como “En Peligro” en las listas internacionales, con una recuperación muy lenta.

“Que la hayamos visto tan cerca de la costa es algo realmente raro y resalta muchísimo la importancia de este lugar para la conservación”, subrayó Tamagno.

La aparición de la ballena azul sorprendió a los especialistas, que inicialmente monitoreaban ballenas jorobadas y sei (Imagen ilustrativa Infobae)

Las áreas protegidas, como Patagonia Azul, resultan fundamentales para ofrecer zonas seguras donde estas especies puedan alimentarse y desplazarse. “Contar con espacios protegidos es clave para ofrecerles zonas seguras donde alimentarse y desplazarse. Y cuanto más amplias y mejor conectadas estén estas áreas, mayores serán las posibilidades de que especies como la ballena azul puedan recuperarse y seguir habitando nuestras aguas”, sostiene el equipo de Rewilding Argentina.

A pesar de su tamaño y notoriedad, la biología de la ballena azul aún guarda incógnitas para la ciencia. A diferencia de otras ballenas, esta especie se alimenta durante todo el año, consumiendo entre 3 y 5,5 toneladas de alimento cada día. “Es muy interesante ver que una ballena así no es que está pasando solamente, sino que quizás también tenga algo de alimento con el que se sustente en estas aguas”, explicó el biólogo. La hipótesis abre nuevas preguntas sobre el comportamiento y las rutas migratorias de la especie en el Mar Argentino.

La jornada, calificada como “increíble” por los investigadores, concluyó con la satisfacción de haber registrado una presencia insólita en la región. “Estamos muy contentos de haber podido confirmar la presencia de la ballena azul dentro del Parque”, resumió Tamagno, para quien el hallazgo representa no solo un logro científico, sino también un incentivo para la conservación del patrimonio natural argentino.