Acaba de aterrizar la nueva miniserie dirigida por Marco Bellocchio para HBO Max, algo que supone un acontecimiento en el panorama audiovisual europeo dada la trascendencia del autor italiano responsable de un buen puñado de obras maestras.

Concebida a lo largo de seis episodios, Portobello aborda uno de los mayores traumas de la historia televisiva y judicial de Italia: la detención, encarcelamiento y juicio mediático del presentador Enzo Tortora a principios de los años ochenta.

Con Fabrizio Gifuni como protagonista (conocido ya por su papel de Aldo Moro en Exterior noche) la serie parte de una reconstrucción minuciosa de los hechos y de los entresijos sociales y políticos que los rodearon.

Lejos de los cauces convencionales del melodrama o la sátira, Bellocchio opta en Portobello por una aproximación intelectual y, por momentos, casi clínica al caso Tortora.

Fabrizio Gifuni en 'Portobello', de Marco Bellocchio (HBO Max)

El relato arranca en los platós del legendario programa homónimo que el propio Tortora creó y condujo junto a su hermana Anna, un espacio televisivo que, bajo su apariencia de mercado de antigüedades y variedades, reunía a millones de personas frente a la pantalla cada viernes.

La audiencia superaba los 28 millones de espectadores, abarcando desde monjas en conventos hasta reclusos en las cárceles napolitanas. El plató se convertía en escenario de juegos imposibles (como conseguir que el loro repitiese el nombre del programa) y de la exposición pública de inventos, talentos y anhelos personales.

La serie despliega, especialmente en su episodio inicial, una reconstrucción detallada de aquel universo televisivo aparentemente inofensivo. Sin embargo, todo cambia de forma abrupta poco antes del inicio de la séptima temporada: Tortora es acusado de colaborar con la mafia, concretamente con la Nuova Camorra Organizzata (NCO), tras las declaraciones de varios mafiosos arrepentidos.

Uno de los elementos dramáticos más perturbadores es la figura de Giovanni Pandico, interpretado por Lino Musella, un escritor y colaborador del capo Raffaele Cutolo, obsesionado con el presentador tras una insólita disputa epistolar por unas artesanías enviadas al programa.

La denuncia de Pandico (quien afirma que el presentador utilizó “pañitos de encaje” como argot para referirse a envíos de cocaína) se integra en un contexto de histeria nacional por la lucha contra el crimen organizado.

Desarrollo narrativo y aproximaciones críticas

A través de una narración, que combina distintas líneas temporales y perspectivas, el maestro Bellocchio entrelaza la caída pública de Tortora con la deriva de los propios acusadores. Lo hace a través del recurso de montaje paralelo por el que el estrellato de Tortora se alterna de manera inteligente con la desesperada maniobra de Pandico, un secretario mafioso dispuesto a declarar cualquier cosa que beneficiara a la Fiscalía.

La serie, lejos de regodearse en la caricatura o el humor fácil, explora el “teatro del absurdo” en el que las pruebas parecen derivar de malentendidos o venganzas personales, y en el que incluso el loro protagonista es implicado en una supuesta red de tráfico de estupefacientes.

Una imagen de 'Portobello', de Marco Bellocchio (HBO Max)

La reacción del propio Tortora queda sintetizada en una de sus líneas de diálogo: “Esto es teatro del absurdo”. Esta frase encapsula la incredulidad del acusado ante un proceso judicial caótico que amenaza con destruirle sin pruebas sólidas. Bellocchio opta por el realismo procedimental antes que por la comedia, apostando por un tono grave donde cada denuncia contribuye a una maquinaria mediática y judicial devastadora.

La serie no solo retrata la tragedia personal de Tortora, sino que también examina cómo la opinión pública y los propios medios de comunicación contribuyen a su linchamiento. La RAI, cadena productora y emisora original del programa, queda aquí en entredicho por su nulo apoyo al presentador tras la acusación. Este ambiente mediático feroz, donde la multitud asume su culpabilidad sin pruebas, es presentado como un anticipo de fenómenos contemporáneos de linchamiento en redes sociales.

Interpretación de la historia reciente

Uno de los hallazgos formales de Portobello reside en su capacidad para mezclar el drama judicial con notas de surrealismo y metáforas visuales. Bellocchio, a sus 86 años, sigue explorando con destreza las zonas grises de la historia y la política italianas.

A lo largo de su carrera el cineasta ha examinado fenómenos tan dispares como el terrorismo de las Brigadas Rojas Buenos días, noche, las estructuras mafiosas El traidor y conspiraciones eclesiásticas El rapto, navegando por universos morales movedizos e inestables.

Este enfoque se traslada a Portobello no solo por la reconstrucción del proceso judicial, sino por la atención obsesiva al detalle, desde las reacciones del público hasta la representación de figuras supuestamente secundarias, como fiscales y otros denunciantes.

Una imagen de 'Portobello', de Marco Bellocchio (HBO Max)

La serie introduce gradualmente elementos oníricos y metáforas, como ratas correteando por instituciones, la continuada presencia de objetos triviales como los pañitos de encaje, que refuerzan el carácter absurdo y grotesco del proceso.

Uno de los aspectos más señalados por la crítica internacional ha sido el paso de Tortora de héroe mediático a chivo expiatorio, una transformación representada visualmente cuando es esposado ante las cámaras de su propia cadena. El salto del entretenimiento ligero al drama judicial se convierte así en una versión moderna de las tragedias italianas clásicas, donde lo personal y lo político, lo mediático y lo judicial, se entrelazan hasta volverse indistinguibles.

Juicios mediáticos y memoria colectiva

La fuerza de la serie reside en mostrar hasta qué punto el proceso contra Tortora alcanza dimensiones extraordinarias y absurdas. Episodio tras episodio, y especialmente en los capítulos dedicados al juicio, Bellocchio exhibe la progresiva multiplicación de denunciantes y acusaciones, muchas de ellas insustanciales o fruto de la paranoia colectiva.

El clima en la sala, descrito como “un caótico teatro público donde se supone que se imparte justicia”, sirve tanto de crítica a los defectos sistémicos del sistema judicial italiano como de advertencia sobre los peligros de los linchamientos mediáticos.

'Portobello', de Marco Bellocchio (HBO Max)

A lo largo de los seis episodios, la miniserie equilibra la minuciosidad documental y la tensión narrativa, permitiendo al espectador sumergirse en la angustia y perplejidad del protagonista. La serie guarda distancia respecto a la sátira o el sentimentalismo, apostando por una mirada aguda sobre las relaciones entre justicia, política y los medios y sociedad.

Aunque los hechos pasaron hace mucho tiempo, la serie mantiene la vigencia de la denuncia y la modernidad en su reflexión sobre el poder de la fama y de los medios para moldear destinos individuales. La comparación entre el fenómeno Tortora y la posterior irrupción de figuras como Berlusconi o Trump, sitúa a Portobello como un relato de advertencia sobre las conexiones peligrosas entre celebridad, política y criminalidad organizada.

Portobello, en definitiva, se ha presentado como una clase maestra de un gran observador de las intersecciones entre justicia, política y medios, ha dejado constancia de la vigencia de la mirada de Bellocchio sobre los mecanismos, tan absurdos y devastadores, del escándalo público, el proceso penal y la fabricación colectiva de la culpa.