El lenguaje no es algo estático, está vivo y en continua transformación. Ya decía el famoso lingüista Ferdinand de Saussure: el habla lleva a que la lengua evolucione. Basta pensar en palabras que hoy están de moda y que antes tenían un significado completamente distinto al actual: el término “talento” se usaba para referirse a las aptitudes, virtudes o dones de alguien, mientras que hoy cualquier empresa habla de su “talento” para aludir a las personas que trabajan en su compañía. Pero, ¿qué pasaría si el motor de estos cambios en el lenguaje fuese una máquina como ChatGPT?

No fue solo Milei. La joven argentina que se metió en el corazón del poder global en Davos

Recientemente, dos centros de investigación del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano de Alemania se hicieron una pregunta provocadora: ¿la inteligencia artificial tiene el potencial de moldear la forma en la que hablamos? El planteo tiene sentido si se tiene en cuenta que plataformas como ChatGPT o Gemini ya son parte de nuestra vida diaria. En el caso específico del mundo académico, el estudio explica que estas herramientas se usan especialmente, para pulir, resumir, reformular y corregir textos.

A lo largo de su investigación, transcribieron y analizaron más de 280.000 videos en inglés de presentaciones, charlas y discursos de más de 20.000 canales de YouTube de divulgación académica. Y sus resultados hablan de conclusiones inquietantes: “Estos hallazgos proporcionan la primera evidencia empírica de que los humanos están imitando cada vez más a los LLM en su lenguaje hablado”.

El estudio descubrió que los humanos están imitando cada vez más a las inteligencias artificiales en su lenguaje hablado

Ezequiel Lopez-Lopez, uno de los investigadores del estudio, explicó a LA NACION que, respecto al lenguaje, “claramente notamos diferencias generacionales en nuestro día a día e influencias de películas, canciones y personalidades. Hace poco, muchos de nosotros aprendimos lo que era un lockdown o el significado de la palabra cringe. Con esto, quiero decir que el lenguaje evoluciona, pero la pregunta que nos hicimos fue, ¿cuál es la causa?“.

La investigación explica que, desde que surgió ChatGPT, muchas personas empezaron a hablar de forma distinta, usando palabras que antes eran menos comunes. Entre los ejemplos que mencionan, hablan de que los términos delve (indagar), underscore (subrayar), intricate (intrincado), realm (ámbito) y meticulous (meticuloso) tuvieron incrementos en su uso de entre el 35% y el 51%, a lo largo de los 18 meses desde la introducción de ChatGPT. En palabras de Lopez-Lopez, “parece ser que mucha gente ha adoptado ciertas palabras (como “delve”), al menos durante un periodo de tiempo inmediatamente posterior al lanzamiento de ChatGPT, palabras que estaban desproporcionadamente ausentes en el lenguaje común».

“Esto sugiere un fenómeno de acomodación lingüística: sin darnos cuenta, ajustamos nuestra forma de hablar al «estándar» que la IA propone. Es parecido a lo que pasó con los medios masivos en el siglo XX, pero amplificado: antes la televisión homogeneizaba; ahora lo hacen sistemas con los que conversamos a diario y que, además, nos ayudan a pensar y a escribir“, explica Ingrid Toppelberg, instructora de Innovación en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).

Pero los hallazgos no terminan ahí: el estudio advierte que la IA podría reducir la diversidad lingüística e incluso usarse con fines de manipulación masiva. Pero, ¿realmente los gigantes tecnológicos podrían usarla para lograr sus propios intereses?

¡Qué peligro! Se equivocó de chat y terminó hablando con Meta AI, que se hizo pasar por su médica

“Las palabras crean mundos”

Esta investigación parecería sugerir que las inteligencias artificiales no son solo herramientas para producir o pulir escritos, sino también agentes de cambio cultural. De hecho, el estudio asegura que estos resultados “refuerzan hallazgos previos que indican que los humanos están adoptando patrones lingüísticos en ámbitos como el académico y el corporativo, lo que sugiere que las máquinas podrían estar asumiendo el rol de modelos culturales en un número creciente de dominios”.

El temor no es nuevo, dado que, el filósofo británico J. L. Austin ya hablaba del poder de las palabras a mediados del siglo XX. Explicaba que todo acto de habla es pragmático: en ellos hay intenciones y algo que se busca provocar. Sus palabras rememoran las teorías del filósofo Ludwig Wittgenstein: las palabras son performativas, generan acciones, crean mundos. De alguna forma, nos invitaban a ser más conscientes del impacto que tienen nuestras palabras, escritos y conversaciones: no son neutrales, siempre impactan en el lector o el oyente, y pueden impulsar a la acción.

El estudio advierte que la IA podría reducir la diversidad lingüística e incluso usarse con fines de manipulación masiva

La teoría cobra sentido si se tiene en cuenta que no existen las inteligencias artificiales objetivas. Especialistas consultados coinciden en que las inteligencias artificiales, al ser creaciones de un programador, nunca son imparciales. “Todo ser humano tiene sesgos y la IA es un producto del ser humano, por lo que su falta de neutralidad es causa de sus programadores y sus proveedores de datos”, explica Ignacio del Carril, secretario Académico de la Facultad de Ingeniería, doctor en Filosofía e investigador del proyecto “Quo vadis IA?” de la Universidad Austral.

El estudio se centra en la comunicación académica, pero los autores consideran que patrones similares “podrían extenderse a otros contextos comunicativos”. Aunque aseguran que desconocen los mecanismos que impulsan la adopción acelerada de ciertas palabras, plantean una posible explicación, conocida como “avalanchas de palabras”. En síntesis, apunta a que, cuando un término empieza a aparecer con frecuencia (artículos, charlas, IA, medios), las personas lo adoptan casi sin darse cuenta y se genera un efecto bola de nieve: cuanto más se usa, más se repite.

Más de 5000 clientes. El argentino que se asoció con un francés después del Mundial y ganó US$12 millones

El investigador del CONICET y profesor de la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral, Damián Fernández Pedemonte, coincide en que el lenguaje está en continua evolución y que la inteligencia artificial generativa IA Gen ya influye sobre determinados usos del lenguaje, como redactar, traducir, corregir, comparar o resumir textos mejor que los humanos. Sin embargo, explica que la creatividad del lenguaje es social, es decir, se da fundamentalmente en la interacción, algo que la IA no tiene. “En la interacción humana, sin embargo, al relacionarse conciencias y cuerpos, hay otros aspectos de la comunicación que las personas competentes son muy hábiles para captar: las emociones, el lenguaje no verbal, la influencia del contexto”, asegura Fernández Pedemonte, quien cita un famoso estudio de Albert Mehrabian, que asegura que las palabras tienen un peso de solo el 7% en la efectividad de la comunicación humana. La experiencia, la intuición, la empatía real, están ligadas al carácter corporal y temporal de la persona.

Sí considera que cada nueva tecnología que se incorpora nos hace volver sobre el lenguaje. “La novedad con las tecnologías actuales es que los técnicos (programadores) traducen el lenguaje natural al lenguaje formal (la IA convierte las palabras y las combinaciones de palabras en códigos binarios). Y eso puede hacer que el lenguaje natural esté cada vez más contaminado de signos técnicos”, explica el investigador. En otras palabras, se refiere a que empezamos a hablar y a pensar usando formas propias del lenguaje técnico o informático (optimizar, procesar, resetear, funcionar, input, output), incluso cuando nos referimos a cuestiones humanas.

La IA Gen ya influye sobre determinados usos del lenguaje, como redactar, traducir, corregir, comparar o resumir textos mejor que los humanos. También en mantener conversaciones con clientes, responder mails y generar audios

Toppelberg coincide y explica que la reducción lingüística podría darse, entre otras cosas, por la pérdida de palabras menos frecuentes, más poéticas o más idiosincráticas – que podrían ser reemplazadas por términos más neutros. También aludió a la imposición de un registro medio, correcto, pulido, y uniforme, que podría desplazar la riqueza de acentos, tonos y estilos. Además, explica que la IA fue entrenada sobre todo con textos en inglés. “Entonces, aunque hable en español, «piensa» en inglés y luego traduce. Por eso tiende a elegir siempre las mismas palabras formales cuando pasa de un idioma a otro. En este proceso, el español no solo incorpora términos nuevos, sino también marcos conceptuales y formas de ordenar el discurso que reflejan la lógica de los modelos entrenados principalmente en inglés», agrega.

En ese sentido, la IA podría actuar como “un «filtro cultural» que empuja a todos hacia una misma manera de hablar y reduciría la diversidad lingüística, no por censura, sino por imitación y comodidad”, explica Toppelberg. Ortega coincide y señala que, a partir de la estandarización del registro lingüístico, donde el lenguaje se vuelve más correcto, más prolijo, pero también menos singular “el riesgo no es «volverse menos inteligente», sino pensar de forma más homogénea, con menos fricción creativa».

¿Hay manipulación?

La investigadora del MIT explica que, en general, los creadores de las inteligencias artificiales saben que el lenguaje moldea la percepción, la opinión y el comportamiento. Sin embargo, no considera que esto implique que las empresas hoy tengan intención de manipular la sociedad, sino que, al optimizar modelos para adaptarse al usuario, abren la puerta a una estandarización cultural y a formas de persuasión masiva muy eficientes y difíciles de detectar. “Estos modelos pueden influir en qué palabras se usan, qué marcos se vuelven normales, qué temas se presentan como importantes y cómo se los encuadra. El lenguaje no solo describe la realidad: la interpreta. Por ejemplo, no es lo mismo decir: «Una empresa despidió a 200 personas para reducir costos», que: «Una empresa realizó un proceso de optimización de su estructura para mejorar la eficiencia».”

La investigación asegura que las máquinas podrían estar asumiendo el rol de modelos culturales

En otras palabras, explica que el impacto cultural y cognitivo suele aparecer como efecto emergente, no como plan deliberado. “Cuando un sistema se usa a escala planetaria, incluso decisiones técnicas (qué palabras prioriza, qué tono adopta, qué ejemplos da) se convierten en decisiones culturales. Aunque hoy no haya una intención centralizada de moldear el pensamiento colectivo, el potencial está ahí y es conocido”, declara Toppelberg.

Ortega coincide también y señala que “el lenguaje siempre fue una herramienta de poder, la diferencia ahora es la escala”. Explica que tienen una capacidad de influir en qué narrativas circulan, qué marcos conceptuales se refuerzan y qué tonos se consideran aceptables. “No hace falta cambiar el contenido explícito para influir, basta con estructurar respuestas de una forma específica, priorizar ciertas palabras o suavizar conflictos. Esto no significa que hoy haya una manipulación masiva deliberada, pero sí que la infraestructura para hacerlo existe“, explica.

“La IA es muy buena estructurando textos según las características del género, eso podría hacer que vayamos incorporando en nuestra memoria estructuras cada vez más rígidas y que nuestros textos formales sean cada vez menos audaces y expresivos”, explica Fernández Pedemonte, y agrega que, respecto a la memoria, así como sucedió con el uso de la calculadora, “con los LLM podemos llevar rápidamente al resultado que buscamos, sin ejercitarnos nosotros en la metodología de búsqueda muy importante para la memoria y para la generación de nuevas ideas”.

¿Cuál es la solución a este desafío? ¿Empezaremos a hablar todos como robots, volviéndonos parecidos a JARVIS, el ayudante de Iron Man? Una de las investigadores consultadas brinda algo de luz al respecto: “No se trata de frenar la IA, sino de decidir conscientemente cómo queremos que influya en algo tan central como el lenguaje, que es, en definitiva, una de las bases de la cultura y del pensamiento humano», concluye Ortega.