
En las vísperas del Día Internacional de la Mujer, el sábado 7, una mesa de diálogo en la Casa de la Lectura -de la red de bibliotecas de la Ciudad de Buenos Aires- reunió a investigadoras, escritoras y docentes para conversar sobre el sentido y los desafíos del trabajo femenino, incluyendo la doble jornada, el valor del trabajo intelectual y los deseos y expectativas actuales.
Así, la historiadora Graciela Queirolo conversó con la escritora Débora Mundani se reunieron en una charla titulada: She works hard for the money (Ella trabaja duro por su dinero). Coordinó la charla la periodista Olga Viglieca.
Queirolo es autora de libros como Mujeres, saberes y profesiones y Mujeres en las oficinas. Mundani, por su parte escribió Batán, El río y Las convenciones. Y Viglieca, el ebook Las obreras que voltearon al zar.
Hoy, planteó la moderadora, el trabajo de las mujeres, tanto el remunerado como el de cuidados, enfrenta la persistencia de la doble jornada, la escasez de tiempo personal y profesional y la dificultad para que su esfuerzo sea reconocido social y económicamente. Las mujeres lidian con desigualdades en la retribución y el valor simbólico de su labor, mientras se multiplican iniciativas colectivas destinadas a visibilizar y defender sus derechos.

El significado de trabajar siendo mujer abrió la discusión. “Las mujeres siemp. Y convocó a reflexionar sobre el carácter histórico y colectivo del trabajo femenino. Se mencionó la consigna “trabajadoras somos todas” para destacar la pluralidad y la historia compartida de generaciones de mujeres y su vínculo inseparable con el mundo laboral.
Desde la Revolución Industrial, dijo Queirolo, la presencia de mujeres en el empleo asalariado implicó el reto constante de equilibrar el trabajo remunerado y las tareas derivadas de los roles de género. “Participar en el empleo asalariado en ningún momento significó, ni hoy en día significa, que se desentienda de las tareas domésticas, de los quehaceres reproductivos… siempre han estado marcadas por esta doble jornada”, afirmó la investigadora.
La doble jornada y sus efectos en la vida de las mujeres
Al ser consultadas sobre el impacto de la doble jornada, las voces de la mesa fueron claras: “La sobrecarga”, dijo la historiadora. “Son claros los condicionamientos que ha tenido esta doble jornada para el desarrollo laboral, profesional, humano, moral”. La falta de tiempo y tranquilidad limita el desarrollo pleno en lo profesional y artístico.
Se remarcó la dificultad para distinguir el trabajo doméstico del asalariado y la presión social sobre las mujeres, ya sea que prioricen uno u otro espacio. “El trabajo doméstico es trabajo y cuidar y educar es trabajar”, subrayaron, reconociendo que estas tareas son laborales y no una opción de descanso.

La escritora Débora Mundani aportó su mirada: “Hoy para quienes nos dedicamos a escribir se trata de hacer tiempo de donde no hay tiempo. Son muy pocas las personas, tanto hombres como mujeres, que tienen un buen porcentaje de tiempo para escribir, porque para eso hay que hacer como un recorte del mundo”
Reconocimiento y remuneración del trabajo intelectual
Las participantes debatieron sobre los límites para definir cuándo una actividad se considera trabajo. “Escribir es un trabajo”, sostuvo Mundani. Y resaltó la importancia de la retribución económica en el ámbito artístico,
“El derecho de autor entonces es parte del trabajo”, advirtió, alertando sobre la incertidumbre creciente en torno a la protección y el valor de la producción intelectual.
¿Es necesario garantizar el trabajo de los creadores? “Los humanos no vivimos solamente de comida y de agua, estamos hechos de materia sensible”, dijo Mundani. “El orden de lo simbólico nos constituye y también puede matarnos. Entonces, que existan personas que se dediquen a crear mundos posibles también permite poner en discusión nuestro mundo”
Mujeres, sindicatos y políticas de reconocimiento
El sindicalismo fue identificado como otro eje clave en la historia del trabajo femenino. Desde principios del siglo XX, los sindicatos interpelaron a las trabajadoras, promoviendo espacios de educación y cultura. “Entramos a los codos o a los codazos en los sindicatos”, relató Queirolo, evidenciando las resistencias iniciales y la necesidad de abrirse paso en ambientes tradicionalmente masculinos.
En la actualidad, la acción colectiva de mujeres para legitimar la labor intelectual y cultural se sostiene en la búsqueda de mayor reconocimiento y regulación, en diálogo con otros sectores del ámbito artístico. “El desafío es demostrar que lo que hacemos es valioso y aporta a la construcción de sentido, de conocimiento y de crecimiento económico”, sintetizó la historiadora.
Se trataron además las diferencias entre asociaciones civiles, sindicatos y las condiciones reales para la regulación laboral y el acceso equitativo a derechos, subrayando que la conquista de condiciones laborales justas es una meta aún pendiente.
Voces y deseos en el Día Internacional de la Mujer
En este encuentro, cada participante compartió su deseo para el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. El anhelo común de paz y el derecho a ejercer una labor vocacional con alegría atravesaron las intervenciones, junto con el deseo de que las futuras generaciones puedan dedicarse a lo que elijan y reciban una retribución suficiente para su proyecto de vida.
La conversación dejó abierta la invitación a no resignar el encuentro ni el diálogo entre mujeres, insistiendo en el valor y la alegría de trabajar desde la pasión y el conocimiento. El deseo final: que siempre exista la posibilidad de ejercer ese derecho y que el acceso a la cultura y al trabajo digno ilumine la vida de quienes eligen y sostienen ese camino.