Titina empezó a gatear, a caminar y hablar en la cancha. Los futbolistas de Racing le enseñaron su primera palabra. No fue mamá. Tampoco papá. Ellos sabían muy bien cuáles eran las dos sílabas que debían salir de su boca. ‘Ra-cing. Ra-cing’. Y la pequeña Titina no los decepcionó. Racing estaba primero. Delante de todo y de todos. Incluso de sus padres, que debieron resignarse con una mueca de desilusión”. La protagonista de aquella escena es Elena Margarita Mattiussi, quien hace más de 100 años dijo el término que se convertiría en la razón de su vida y también su hogar: el 19 de noviembre de 1919 nació en la casilla del viejo estadio de la Academia, donde sus padres, César y Aída, recalaron cuando él fue contratado como canchero.

La pareja de inmigrantes italianos había dejado Europa con el incomparable dolor de haber perdido a un hijo de dos años, situación que se repitió en la localidad santafesina de Elortondo, donde habían ido por trabajo y del que se marcharon tras el fallecimiento de su beba. Para ambos, Racing se transformó en un bálsamo. César empezó a trabajar en el campo de juego del club un 7 de marzo de 1915 y Aída se encargó de lavar las camisetas de los jugadores.

Busto de Tita en el predio.

Todo ese amor, esa ilusión que compartían de relanzar sus vidas, alcanzó el punto máximo con la llegada al mundo de una niña tan dulce como fanática. Titina -así la llamaban durante la niñez- demostraba en la escuela que era una académica de ley. “Hacía enojar a sus maestras en la escuela primaria N° 46 Bernardino Rivadavia, de Avellaneda. No porque fuese una alumna descarriada o tuviera mala conducta. Al contrario. Pero no podía evitar dibujar y colorear la camiseta de Racing en sus recuerdos”, reconstruyó Marcelo Izquierdo, autor de Tita, La Madre de la Academia, una obra minuciosa que refleja la asombrosa historia de una mujer contracultural en tiempos de fútbol para machos.

Como cuando iba a la escuela, un día Tita agarró un cuaderno y lo tituló “Apuntes sobre los orígenes y desarrollo del Racing Club”, en el que documentó la gloria académica, según señaló Izquierdo en su libro: “Allí anotó formaciones, fechas, rivales, goles y todo lo que le pareció prudente rescatar para el futuro”. Así, la multifacética Mattiussi fue temporalmente historiadora de gestas albicelestes, además de mantenerse siempre como una hincha apasionada a la que le encantaba guardar revistas con alegrías y pedirle a los futbolistas que le estamparan un autógrafo. Pero ella, la socia 1274 del club, también fue parte de semanarios, como cuando El Gráfico descubrió su historia y la entrevistó por primera vez, en 1935.

Con la emblemática publicación deportiva se enojaría en un par de ocasiones. En 1951, en la previa de la final en la que Racing se consagraría tricampeón al vencer 1-0 a Banfield, le molestó que la tapa no fuese dedicada al goleador Mario Atómico Boyé, pero el fastidio se le pasó cuando lo vio reflejado en el número siguiente, como autor del tanto del título. En 1988, tras derrotar 2-1 a River en la semifinal de ida de la Supercopa, su bronca fue mayor: llamó a la redacción para reprochar el criterio de los editores, debido a que la portada era con atajadas de Ubaldo Fillol -arquero de la Academia- y no con la celebración del doblete de Walter Fernández. Cuando le explicaron que el encuentro quedaría “viejo” al publicarse al filo de la revancha, comprendió la decisión, se disculpó y anticipó que no dejaría de comprar la revista.

Las portadas de los diarios, las revistas y los programas de radio y TV daban cuenta de la situación caótica que atravesaba Racing en 1999. En esa relación simbiótica con el club, que tambaleaba por una deuda de 66 millones de dólares contraída por distintas dirigencias, Tita estaba al borde de los 80 años y su salud también exhibía fragilidades. “No me quiera convencer de que Racing va a desaparecer. No, no, Racing es muy, muy grande. Es todo para mí. Me queda poco tiempo de vida, pero daría todo lo que tengo por solucionarle los problemas a Racing“, contestó Tita en una entrevista con LA NACION en plena hecatombe. Ese mismo año, una úlcera con sangrado se la llevó físicamente el 4 de agosto en el Hospital Fiorito.

Sin embargo, aún en el dolor de no encontrar más en el Cilindro a esa mujer que fue hija, hermana, madre y hasta abuela de las distintas camadas de jugadores que se formaron y pasaron por la Academia, un hecho cambiaría todo. Si la reencarnación alude a “el renacimiento de un individuo después de la muerte corporal en una o más existencias sucesivas”, Tita lo hizo en un grupo de hinchas y en un nuevo sitio de altísima impronta racinguista.

Tita, con las camisetas de Racing ya lavadas y colgadas

Las Viejas Locas y lo artesanal

A sabiendas de que los pibes del club no tenían un lugar donde entrenarse, más en la complejísima situación económica -con rumores de un plan privatizador para afrontar la quiebra-, algunos fanáticos comenzaron a levantar desde cero un espacio en un terreno que había pertenecido al Ferrocarril y que estaba cedido a Racing. Así nació el predio Tita Mattiussi. Además de jóvenes preocupados y dedicados a la causa, con Marcelo Stone Betbesé entre sus referentes, un grupo de mujeres siguió el legado de La Madre de la Academia y se sumó a las actividades.

“Cuando nos veían llegar, Marcelo Stone, Manguera (Tarrío), Sebastián (Bonino) y los muchachos decían ‘ahí vienen las Viejas Locas‘“, le cuenta a LA NACION Alicia Riccardi, una de las integrantes que siguió la posta de Mattiussi gracias a otra Tita: Gasparini. “Ella fue la que me picó la cabeza diciéndome ’tenés que venir‘. Gracias a Racing construimos amistades y aportamos nuestro granito de arena para el club”. Además de Riccardi y Gasparini, la banda femenina tenía a Angelita Neira (mamá de Sergio Hernández, entrenador de infantiles), Estela Domínguez, viuda de Peti (ex jugador y gran captador de talentos para el predio), Alicia Riopa y Sandra Rubio (tía de Tomás, jugador surgido del Tita que llegó a Primera y pasó a préstamo a Defensa).

Las 'Viejas Locas' que siguieron los pasos de Tita en el predio

“Éramos todas mujeres que íbamos a la platea de socias. Marcelo Stone nos comentó que era el momento de encargarse si había que hacer la reconstrucción de Racing. Con Tita Gasparini a la cabeza, nos organizamos y empezamos a ir los fines de semana. Liliana Ripoll, la síndico que había dicho ‘Racing ha dejado de existir’ vio el trabajo que hicimos y nos mandó semillas para la cancha 1. Le habíamos pedido a la municipalidad una máquina y no llegaba, entonces hacíamos a mano huequitos en la tierra y poníamos semillas para que crezca el césped”, recuerda Riccardi.

Sin herramientas ideales, pero con el amor como motor, en aquel acto para hacer aflorar el verde césped estaba también presente el espíritu de César, el papá de Tita, que llegó a pelearse con los ingenieros alemanes que construyeron el Cilindro para que la obra no afectara la inclinación y, así, evitar inundaciones en el campo de juego. A su habilidad con la guadaña -en los primeros años- y con la máquina, el tano César le agregaba un “arma secreta” aprendida en su tierra natal: seis corderitos que dejaba ingresar para emparejar el césped.

A Ripoll, cuya frase sobre la quiebra motivó un himno de los hinchas que la tilda de “vieja chiflada”, también la rescató de ese escarnio Gustavo Costas, al reflexionar el último 7 de marzo sobre el Día del Hincha de la Academia: “La canción es hermosa, pero la síndico hizo mucho por el club en ese momento”. “Gustavo, su hermano Fabio, Teté Quiroz y Mencho Medina Bello estaban muy presentes en el predio. Gustavo levantaba los baldes con arena y se los llevaba a los chicos para preparar la mezcla. Todos agarrábamos la pala», rememora Alicia. Tal vez sin saber Tita también hizo lo mismo, pero en 1950: en esa ocasión, plantó un árbol frente al Cilindro, en el año de su inauguración, rodeada del plantel, cuerpo técnico y dirigentes.

Tita plantando un árbol a metros del flamante Cilindro, en 1950

La postal, recuperada por el Archivo Histórico de Racing, es un testimonio de tiempos de expansión para la Academia, vigente campeón y con casa a estrenar. Pero aún en pleno crecimiento, Tita lloró por tener que abandonar el primer hogar en el que habían vivido junto con sus padres, a quienes les advirtió que jamás se iría del estadio.

Más allá de que le ofrecieron otro buen lugar en Avellaneda, ella cumplió con su palabra y deseo, y se quedó en el club: el plano incluyó una casa. Seis años antes de aquella fotografía, había comprado un metro cuadrado para la obra del estadio, en una vaquita en la que junto con otros empleados del club pusieron 32 pesos cada uno, lo que para ella representaba casi la mitad del sueldo. Despegada de lo material, en una ocasión le dio lo poco que tenía a un joven brasileño que vivía en la pensión del club y no tenía cómo viajar a su país a conocer a su hijo.

Agente Mattiussi: un viaje de película

Como la cancha literalmente había sido el patio de su casa desde bebé, Tita acostumbraba mirar los partidos desde uno de los costados, cerca del banderín de esquina, donde en la semana colgaba las camisetas que lavaba y arreglaba con mucha dedicación. Así como ella tenía gestos totalmente desinteresados y cargados de afecto hacia los que defendían los colores, tanto cariño tuvo una retribución acorde. El plantel del Equipo de José, campeón de Argentina y América, la invitó a Escocia para presenciar la final de ida de la Copa Intercontinental, ante el poderoso Celtic.

Ella rompió en llanto, aceptó la propuesta y se sumó a la delegación, en una travesía que incluyó conocer a Sean Connery, la megaestrella que encarnaba a James Bond. Se cruzaron en el vuelo y en el estadio Hampden Park, donde Racing perdió 1-0 pese al aliento de Tita y al apoyo del agente 007, hincha de Glasgow Rangers -archirrival de Celtic- y, ese día, de la Academia.

En una serie repleta de acción, con licencia para matar a patadas de uno y otro lado, el heroico Equipo de José la revertiría. El trabajoso 2-1 logrado en Avellaneda y el mítico zapatazo del Chango Cárdenas para el 1- 0 en Montevideo, fueron celebrados con locura por Tita. En el Centenario, todos los jugadores y el enorme Pizzuti le agradecieron a ella por bancar y cuidar al plantel siempre, como toda la vida. La Madre de la Academia estaba hasta en los detalles: sabía los gustos de cada uno y los esperaba con algo rico, incluido el vermú que tenían como “permitido”.

Del glorioso 1967 al traumático 1999, Las Viejas Locas del predio también hacían su propia travesía cada fin de semana. “Yo salía de Vicente López, levantaba a Sandra en Acassuso y viajábamos hasta Avellaneda. Si había llovido, a veces el agua nos llegaba a los tobillos, pero no nos importaba. Todos los viernes preparaba la pastafrola para vender durante las jornadas de partidos. A los visitantes les preparábamos fideos. Un día, un encargado de River nos dijo ’esto es único en el mundo‘, sorprendido porque era todo creación de los hinchas”, describe con orgullo Riccardi, quien no olvida las charlas con Chiquito Romero, Gabriel Mercado, Hernán Barcos, Matías Sánchez, Maxi Moralez y Claudio Yacob, entre otros de los pibes que llegaron a vestir la celeste y blanca, pero sobre todo se queda con “la familia que se formaba”. Trazado el paralelo entre lo que hacía Tita y el legado que inspiró a las Viejas Locas, Riccardi es tajante: “Nosotras somos el punto de la i de todo lo que hizo esta gran mujer. No le llegamos ni a los talones a Tita, es un ejemplo. Dejó su vida realmente por Racing”.

El predio Tita, cuando estaba casi todo por hacerse

Amores y equipo de Memoria

Para ser La Madre de Racing, Tita no necesitó llevar un bebé en su vientre ni casarse. Iba a contramano del mandato de la época. El 15 de junio de 1945, en una entrevista con la Revista Racing, le preguntaron sobre la soltería. “¿Para qué quiero novio ahora? Bastante tengo con querer a Racing”, contestó para gambetear el tema, aunque -según reveló el libro de Izquierdo- “tuvo ganas de mandar bien a la mierda al periodista partidario” que la pintaba como una inminente “solterona” de 25 años.

Lejos de los títulos de la prensa y de la vista de los curiosos, ocho años antes, Tita se había enamorado de Alfredo Díaz, un lateral rosarino con pasado en Newell’s y que ella tal vez soñaba como su futuro compañero. Sin embargo, aquella relación secreta quedó trunca porque el jugador le fue infiel y su nueva pareja estaba embarazada.

Rocío Bueno y Mica Sandoval, jugadoras de Racing, pintando un mural

Paradójicamente, el hermano de Díaz se casó con Carmen, prima de Tita, lo que llevó a la hincha N°1 de Racing a evitar reuniones familiares en la que pudiera cruzarse Alfredo. Luis Nene Maidana, ex Banfield que tuvo un paso de una temporada por Avellaneda, también estableció un vínculo muy cercano con Tita, quien incluso frecuentaba el estadio del Taladro –si la Academia no jugaba de local- para alentarlo. Al margen de las fotos autografiadas que le gustaba coleccionar, en su aparador Tita atesoraba fotos sin firmar del Nene. “Yo me casé con Racing”, se convirtió en una frase con la que sintetizó la cuestión del estado civil.

Tita no se puso vestido de novia, pero sí una bata para salir lo más rápido posible a la calle durante la madrugada del 22 de febrero de 1977. Ese día, contra una de las paredes del Cilindro, seis personas fueron acribilladas por fuerzas militares. Una falsa acta policial, descubierta más de cuatro décadas después, daba cuenta de un supuesto enfrentamiento que jamás existió. Los fusilados de Racing quedaron sobre la calle, ante la atónita mirada de algunos pibes de la pensión. Tita, que en agosto del ‘76 había sufrido la desaparición de Pablo Hermes Dorigo -hijo de su primo Hermes-, contuvo a los chicos, quienes en pleno shock proponían hacer una denuncia. En el marco de las atrocidades ocurridas durante la última dictadura, La Madre de Racing había salvado la vida de esos pibes que pudo contener.

Racing Tiene Memoria, una pintada con historia

Durante este último aniversario del Golpe de Estado, las mujeres de la Academia tuvieron grandes gestos. Las jugadoras del plantel femenino de fútbol pintaron un mural en homenaje a las víctimas de los fusilamientos, con el lema “Racing tiene Memoria”, en una actividad en la que la capitana Rocío Bueno sintió presente a Tita: “Ella puso el pellejo para enfrentar a esos monstruos y salvar a los pibes”. Manuela Fernández y Mayán, capitana de Las Titas, el conjunto de hockey femenino, se indignó cuando la Asociación de Hockey Amateur de Buenos Aires programó la fecha para el 24 de marzo. Pese a su reclamo, que se hizo viral, la organización mantuvo el calendario.

Entonces, ella y sus compañeras encontraron una respuesta: salieron con una bandera que reivindicaba la Memoria. “Haber hecho algo así me llena de orgullo, dejamos en claro que el hockey de Racing no olvida y que Nunca Más es Nunca Más”, remarca Manuela, quien pone a Tita en lo más alto de la historia de la Academia: “Tita es la máxima estrella de nuestro club. Es un orgullo jugar en el predio que lleva su nombre y que fue levantado por hinchas. Cuando ascendimos, fuimos a abrazar su estatua y le agradecimos. Tita es Racing y Racing es Tita”.

Racing Hockey. Memoria, Verdad y Justicia. Nunca Más.