Inscribirse en un gimnasio no garantiza estar en forma inmediatamente. Hace falta constancia, disciplina y abrazar un proceso que, ante todo, necesita de tiempo. Algo similar está ocurriendo en el mundo de la inteligencia artificial: aunque cada vez más organizaciones la incorporan, los resultados todavía no son palpables. El diagnóstico no es solo una impresión; un reciente informe de PwC aseguró que más de la mitad de los directores ejecutivos que entrevistaron afirman que aún no están obteniendo un retorno financiero de las inversiones que hicieron en IA.

La encuesta, que analizó las respuestas de 4454 directores ejecutivos de 95 países y territorios, encontró entre sus hallazgos principales preocupación por la inteligencia artificial. Si bien cerca de un tercio de los CEO (30%) reporta un aumento en los ingresos derivados de la IA en los últimos 12 meses y una cuarta parte (26%) observa una reducción de costos, más de la mitad (56%) afirma que no han obtenido beneficios tanto en ingresos como en costos.

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En tanto, aunque los retornos todavía no se ven, el estudio asegura que los directores ejecutivos siguen impulsando la inversión en IA, ya que entre sus prioridades de trabajo destaca la innovación. De hecho, cuando le preguntaron a los CEO qué era lo que más les preocupaba en estos días, la mayoría eligió la opción vinculada a esta tecnología: “¿estamos transformando nuestro negocio lo suficientemente rápido para mantenernos al día con la tecnología, incluida la IA?“.

La encuesta analizó las respuestas de 4454 directores ejecutivos de 95 países y territorios

Son muchos los que hablan de que esta fiebre de inversiones en inteligencia artificial podría calificarse como una “burbuja”, un fenómeno que se da en el ámbito financiero cuando las expectativas se inflan mucho más rápido que la realidad. Un ejemplo que ilustra perfectamente esta situación es el de los canales en Gran Bretaña: terminando el siglo XVIII tuvo lugar un auge de inversión por este activo que hoy en día resulta impensado. Antes de que existieran los ferrocarriles, estos medios de transporte demostraron ser una forma rentable para movilizar grandes volúmenes de mercancías (como carbón, hierro y textiles), lo que llevó a que muchas personas apostaran por su construcción para obtener ganancias. ¿El resultado? Se dio el famoso “canal mania”, un boom en Gran Bretaña, con tal frenesí que se levantó infraestructura hasta donde no había ríos o sobre canales ya existentes, por miedo a quedarse afuera de esta gran ola.

Muchos aseguran que este tipo de fenómeno se está dando actualmente en una industria más contemporánea: la inteligencia artificial. Pero, ¿es realmente así?

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La burbuja de la IA

La opinión de expertos consultados por LA NACION sobre la posibilidad de estar inmersos en una burbuja de la inteligencia artificial varía. Sin embargo, muchos coinciden en que una parte importante del entusiasmo está justificada, sobre todo cuando se habla de automatizar tareas repetitivas, mejorar la experiencia de cliente, tiempos de respuesta y calidad de atención. Pero, al mismo tiempo, la adopción todavía es inmadura, por lo que se inflan relatos de éxito sin sustento robusto.

“Hay un núcleo de avances que es muy real -existen modelos que ya están resolviendo ciertas tareas mejor, más rápido y más barato que antes-, pero alrededor de eso se construyó una narrativa donde parece que la IA va a arreglar todo, en todas las industrias, en cuestión de meses”, explicó Marcelo De Luca, socio fundador y COO de The App Master, que detalla que el componente de burbuja no se da tanto por la tecnología en sí, sino por cómo se está vendiendo, comunicando y financiando.

Expertos en inteligencia artificial se preguntan si estamos frente a una burbuja

“Las empresas están muy entusiasmadas en usar IA, para reducir costos y ganar eficiencia. No me parece mal, pero hay muy poca evidencia de empresas que la estén usando exitosamente para generar nuevos ingresos a través de nuevos negocios”, explica el economista Lucas Pussetto, profesor de Economía del IAE Business School. Destaca que uno de los elementos más llamativos son las grandes inversiones que están haciendo las empresas en esta tecnología: «“Lo que ocurre es que los números son monstruosos. Meta acaba de conseguir US$27.000 millones para financiar un data center. Y se estima que en los próximos cinco años se invertirán entre tres y siete billones de dólares en infraestructura de IA. Considero que el ritmo de crecimiento de la inversión en IA no es sostenible”.

Ingrid Toppelberg, instructora de Innovación en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y referente en cultura de seguridad digital, considera que todavía no existe una burbuja IA, pero sí “fenómenos burbujeantes”, especialmente en las inversiones en infraestructura, deuda y acuerdos circulares entre empresas. Detalla que, hoy se están construyendo más de 150 gigafactorías-centros de datos que cuestan US$50.000 millones, requieren un millón de chips y consumen la electricidad equivalente a 800.000 hogares-y se proyecta que se multiplicarán por cuatro hacia 2030. Al mismo tiempo, señala que, a diferencia de la burbuja puntocom, “donde las compañías salían a bolsa sin ingresos, hoy las grandes tecnológicas tienen negocios sólidos, enormes reservas de efectivo y modelos de IA con cientos de millones de usuarios reales”, explica.

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Otra experta en IA tampoco considera que exista actualmente una “burbuja de la IA” en sentido estricto, como la de las «puntocom», “pero sí estamos inmersas en una fase de sobreexpectativa profunda”, explica Belén Ortega, empresaria y especialista en inteligencia artificial. Ortega coincide con Toppelberg en que la tecnología tiene un sustento firme, pero la adopción todavía es prematura: “Todas las burbujas que se dieron a lo largo de la historia comparten la misma estructura: innovación real mezclada con expectativas irreales y capital impaciente. En la IA vemos algo muy parecido: la diferencia es que, en lugar de ser un activo puramente especulativo, hay una tecnología legítima, pero su adopción masiva corre por delante de su integración real y madura”.

Cada vez más empresas invierten en inteligencia artificial

De hecho, si se tiene en cuenta el informe del MIT en relación a la IA, publicado en 2025 y que generó mucho eco, la escena no es tan catastrófica. El estudio aseguraba que, a pesar de que existe una inversión empresarial alta en inteligencia artificial generativa, el 95% de las organizaciones no obtiene todavía ningún retorno. Hoy, según los números de la encuesta de PwC, ese porcentaje bajó al 56%. Pero, ¿cómo conseguir que la transformación permee todas las organizaciones?

“La IA no es un parche”

Entre los aspectos clave, los expertos destacan la importancia de saber cómo implementar la inteligencia artificial. Comprar una guitarra Taylor no convierte a nadie en guitarrista. La herramienta puede ser extraordinaria, pero sin una formación honda y años de práctica, el resultado no cambia. Las conclusiones de la encuesta apuntan de alguna forma a esta misma analogía: no basta con adquirir inteligencia artificial en las organizaciones, es necesario incorporarla al diseño de procesos.

“Nuestro trabajo con organizaciones confirma la creciente evidencia de que los proyectos de IA aislados y tácticos a menudo no generan un valor medible. Los resultados tangibles se obtienen de una implementación a escala empresarial coherente con la estrategia de negocio de la empresa“, asegura el estudio de PwC y explica que aproximadamente uno de cada ocho encuestados (12%) logró ahorros de costes y generó ingresos adicionales gracias a la IA durante el último año. ¿Cómo lo hizo? “Sentando bases sólidas y aplicando la IA de forma más extensa en toda la empresa, incluyendo sus propios productos, servicios y experiencias”, agrega el informe.

De hecho, el estudio detalla que, aunque la preocupación por incorporar IA persiste, una proporción relativamente pequeña de directores ejecutivos afirma aplicarla en gran o muy gran medida en áreas como: la generación de demanda (22%), los servicios de soporte (20%), los productos, servicios y experiencias de la empresa (19%), la definición de la dirección (15%) o la satisfacción de la demanda (13%).

Los especialistas coinciden en que la forma de hacer que la inteligencia artificial sea rentable es incorporarla a los procesos de la empresa

Otros especialistas coinciden en que es necesario incorporar cambios culturales y organizacionales, que transformen los procesos. “La IA no es un plugin: es un rediseño profundo de cómo trabajamos, decidimos y coordinamos. Mientras las empresas no cambien procesos y roles, la tecnología no podrá generar su impacto pleno”, explica Toppelberg.

Ortega coincide con Toppelberg y destaca que la inteligencia artificial tiene que dejar de ser un parche o un “extra” y se debe incorporar al diseño de procesos. “Hay que integrar IA como parte estructural, no como accesorio”, destaca y agrega que, al cambio de mentalidad en los procesos, es necesario contar con talento capacitado para estos cambios. “Invertir en formación: sin equipos con conocimientos adecuados, sin cultura interna de uso racional, sin ética, sin capacitación, la tecnología por sí sola sirve poco”, explica Ortega.

“La verdadera transformación ocurre cuando la inteligencia artificial deja de ser un asistente y se integra al corazón del negocio, rediseñando procesos críticos y resolviendo problemas que no tienen una solución de producto en el mercado», apunta Ángel Pérez Puletti, CEO de Baufest.

Además, agrega que, para que la IA transforme de verdad a las organizaciones es necesario ir más allá del uso de modelos de terceros o de las inteligencias artificiales genéricas como ChatGPT o Copilot. “La verdadera transformación aparece cuando la inteligencia artificial se convierte en un activo digital estratégico propio, entrenado con datos, procesos y conocimiento específico del negocio”, concluye Pérez Puletti.