Schweizer desmiente los mitos populares sobre los vampiros y defiende su espiritualidad alternativa (Facebook)

Hellen Schweizer, una mujer de 30 años residente en Providence, Rhode Island, habló con el Daily Mail sobre los detalles de su vida como vampira energética, una identidad que desafía los estereotipos y que, según relata, le ha generado tanto curiosidad como rechazo social.

Schweizer aclara que, a diferencia de la imagen popular del vampiro, no bebe sangre, sino que afirma “tomar energía” de otras personas, siempre con su consentimiento. Esta práctica, que define como parte de una espiritualidad alternativa, la ha llevado a enfrentar miradas inquisitivas y comentarios hostiles, pero también a encontrar aceptación en su círculo más cercano.

La historia de Schweizer con el vampirismo espiritual comenzó en 2016, cuando se topó por primera vez con el término. Durante años, intentó convencerse de que no encajaba en esa definición, influida por la incredulidad generalizada sobre la existencia de los vampiros. Sin embargo, en marzo de 2022, mientras se preparaba para grabar videos para redes sociales, experimentó una revelación frente al espejo: “Esto no es un disfraz”, se dijo a sí misma, marcando el inicio de un proceso de autodescubrimiento y aceptación.

Además, le expresó al medio británico que aún continúa. Schweizer sostiene que el vampirismo, entendido como una espiritualidad, es real y que incluso Bram Stoker investigó estas creencias al escribir Drácula.

Vampirismo espiritual y mitos populares

La comunidad vampírica incluye personas que consumen sangre humana, aunque Schweizer solo absorbe energía (Facebook)

Lejos de los mitos cinematográficos, Schweizer insiste en que la mayoría de las ideas populares sobre los vampiros —como la aversión al ajo, la incapacidad de salir de día o la inmortalidad física— son invenciones de la ficción. “Me encanta el ajo. Lo pongo en todo. Estoy obsesionada”, afirma. Aunque reconoce que suele dormir tarde y levantarse a media mañana, asegura que la luz solar no la daña, aunque sí siente que le resta energía. Para ella, la diferencia fundamental radica en la creencia de que su alma es inmortal y se reencarna, mientras que su cuerpo, como el de cualquier otra persona, envejece y muere.

En cuanto a sus prácticas, Schweizer explica que no consume sangre, aunque reconoce que existen personas dentro de la comunidad vampírica que sí lo hacen. Su forma de “alimentarse” consiste en absorber energía de otras personas a través de técnicas de meditación, siempre con el acuerdo previo de la otra parte. “Por ejemplo, si me siento agotada y una amiga tiene demasiada energía, ella puede pedirme que tome un poco, y así ambas salimos beneficiadas”, detalló.

Además, mencionó la existencia de la “energía ambiental”, que se percibe en lugares concurridos como conciertos o festivales. Según Schweizer, la diferencia entre quienes se identifican como vampiros y quienes no, es que estos últimos pueden reponer su energía de manera natural, mientras que los vampiros, como ella, sienten que se agotan si no “se alimentan”.

Reacciones sociales y apoyo personal

El aspecto exterior también forma parte de su identidad. Schweizer, quien trabaja en una librería, disfruta adoptar la estética vampírica: utiliza colmillos postizos, capa y maquillaje brillante, porque, según dice, “los vampiros reales brillan”. Esta elección la expone a reacciones diversas en la calle.

La protagonista afirma que su identidad vampírica ha mejorado su bienestar y percepción de vitalidad (Facebook)

“Definitivamente recibo miradas”, reconoce. A veces escucha comentarios como “los vampiros no existen, busca una vida” o “Jesús puede salvarte de todo esto”, aunque también hay quienes elogian su atuendo. En el entorno digital, la situación se complica: ha sido blanco de insultos y burlas, desde quienes la acusan de “delirante” o “buscadora de atención”, hasta quienes la atacan por su aspecto físico o la acusan de maldad. Schweizer asegura que estos ataques no la afectan y que prefiere reírse de la ignorancia de quienes la critican. “La gente que odia está triste y enojada, y me da pena que no puedan ser libres y abrazar su identidad compleja como yo”, reflexiona.

El apoyo de su entorno ha sido desigual. Mientras la mayoría de su familia la respalda, su madre mantiene reservas y teme por su destino espiritual. En el plano social, Schweizer ha perdido amistades debido a su identidad, incluso entre quienes inicialmente se mostraron comprensivos. “Fue como volver a ser acosada en la secundaria”, relata. No obstante, ha encontrado nuevos amigos que la aceptan y la respetan, y valora especialmente a quienes la han acompañado en este proceso.