Sam Altman tiene un objetivo claro respecto al futuro de la inteligencia artificial (IA): convertir esta tecnología en un servicio esencial, como el agua, el gas y la electricidad. Para ello, el director ejecutivo de OpenAI explicó que tanto su firma como otras empresas del sector ya se encuentran diseñando un modelo donde los usuarios deberán pagar de acuerdo a su propio consumo de IA.

“Prevemos un futuro en el que la IA sea un servicio público y la gente nos la compre mediante un contador y la utilice para lo que quiera”, señaló Altman en entrevista con Adebayo Ogunlesi, miembro del consejo de OpenAI, en el marco del U.S. Infrastructure Summit de BlackRock.

Y añadió: “Fundamentalmente, nuestro negocio, y creo que el de todos los demás proveedores de modelos, se basará en la venta de tokens”.

En detalle, los tokens son las unidades que utilizan los modelos de IA para procesar los pedidos de los usuarios, y es una forma de determinar el costo de los datos de entrada y salida.

Con este modelo, OpenAI buscar ampliar el acceso de la IA no solo a las grandes empresas e instituciones, sino también a los ciudadanos. “Creemos firmemente en la abundancia de inteligencia computacional”, indicó Altman.

Además, destacó que la demanda de IA es cada vez más alta. En este sentido, contar con infraestructura a gran escala, como data centers, resulta fundamental para impulsar la capacidad de procesamiento.

Para Altman, si OpenAI no desarrolla suficiente capacidad de procesamiento para satisfacer la demanda, pueden presentarse dos escenarios: la compañía “no podrá vender” su servicio o “el precio se disparará”. En palabras del ejecutivo, esto llevaría a que el acceso de la IA se reduzca únicamente a los sectores más ricos o forzaría a los gobiernos a decidir cómo redistribuir la capacidad de procesamiento.

El comentario de Altman no fue bien recibido en redes sociales; Melissa Dykes lo expresó en un tuit que se hizo viral rápidamente: “Robamos todo tu conocimiento y arte, y ahora vamos a ponerle un medidor y vendértelo de vuelta. De nada.”, expresó, en referencia a que los modelos de IA generativa modernos fueron entrenados con el conocimiento acumulado de la sociedad, y arrastran múltiples juicios por acceso indebido a obras con copyright.

Impacto ambiental

La construcción de centros de datos de IA se presenta como uno de los principales desafíos de la IA. De hecho, un reciente artículo, publicado en la revista oficial del FMI, Finance & Development(F&D), alerta sobre los consumos de recursos que genera este tipo de industria y las consecuencias ambientales que trae aparejadas.

“Detrás de cada chatbot o generador de imágenes hay servidores que consumen electricidad, sistemas de refrigeración que utilizan agua, chips que dependen de frágiles cadenas de suministro y minerales extraídos de la tierra”, sostuvo Thijs Van de Graaf, investigador experto en geopolítica y energía, autor del artículo publicado en la revista del FMI. Según el especialista, la creación de centros de datos se multiplica a lo largo del mundo y, algunos de ellos, son llamados centros “hiperescala”, construcciones que tienen necesidades energéticas de decenas de megavatios, comparables a las de una pequeña ciudad.

Los centros de datos ya utilizan alrededor del 1,5% de la electricidad mundial

“La inteligencia artificial está devorando electricidad”, puntualizó Van de Graaf y agregó que los centros de datos ya utilizan alrededor del 1,5% de la electricidad mundial, aproximadamente lo mismo que consume el Reino Unido.

Aunque explica que solo una parte de esa demanda proviene de la IA, esta se encuentra creciendo con rapidez. En detallo, explicó que “entrenar un modelo avanzado puede consumir tanta energía como la que utilizan miles de hogares en un año, y ejecutarlo a gran escala multiplica esa carga”.