
El paro general convocado para este jueves por la CGT en contra de la reforma laboral que se está debatiendo en el Congreso plantea un escenario particular para la actividad comercial, especialmente en supermercados, centros comerciales y locales a la calle. Distintas fuentes del sector detallaron cómo se organizaron para sostener la operatoria en una jornada que podría presentar dificultades logísticas vinculadas principalmente al transporte.
Desde sector supermercadista indicaron que la intención del sector es «trabajar con la mayor normalidad posible» durante la medida de fuerza. La definición apunta a mantener abiertos los establecimientos y preservar la atención al público dentro de las condiciones que permita la jornada.
En la misma línea, desde una cadena de supermercados aseguraron que la prioridad es garantizar la operación. Según explicaron, la empresa mantiene su actividad habitual incluso en contextos de conflicto sindical, por lo que el objetivo operativo se centró en sostener la prestación del servicio y la disponibilidad de productos.
Otras fuentes del sector señalaron a Infobae que el impacto más probable podría aparecer en el nivel de ausentismo del personal, especialmente si la protesta afecta el transporte público de pasajeros. En ese sentido, remarcaron que la posibilidad de que los colectivos reduzcan su funcionamiento condiciona la llegada de trabajadores a los puntos de venta y a los centros logísticos.
Las mismas fuentes explicaron que el sector realizó previsiones logísticas para enfrentar esa eventualidad. La planificación incluyó esquemas de reorganización interna que buscan asegurar el abastecimiento inmediato y la continuidad de las tareas esenciales, aun cuando parte del personal enfrente dificultades de traslado.
Otro punto que destacaron desde el supermercadismo es que, en este tipo de jornadas, la mayor adhesión suele concentrarse en el área de logística. Según describieron, en algunas ocasiones se organizan traslados de trabajadores hacia movilizaciones vinculadas a la protesta. Aunque aclararon que cada medida presenta características propias, señalaron que ese comportamiento se repite con frecuencia en conflictos de alcance nacional.
Impacto en los días posteriores
De acuerdo con esa mirada sectorial, una eventual interrupción en la logística no necesariamente genera un efecto inmediato sobre la operación comercial del día. Las fuentes indicaron que el impacto suele sentirse de manera diferida, porque la mercadería que no se procesa o no se recibe durante la jornada puede alterar el flujo habitual de abastecimiento en días posteriores.

Ese desfasaje, explicaron, se traduce en ajustes operativos que aparecen más adelante, cuando la cadena logística intenta recuperar el ritmo normal. En términos prácticos, señalaron que el consumidor no suele percibir cambios directos durante el día del paro, pero la reorganización interna puede tensionar la dinámica de reposición en la semana siguiente.
El escenario para los shoppings presenta una lógica similar en cuanto a la intención de sostener la actividad. La previsión es que los centros comerciales mantengan sus puertas abiertas durante la jornada, alineados con el objetivo de preservar el funcionamiento regular. La decisión responde a la planificación operativa habitual frente a medidas sindicales, con esquemas que buscan garantizar la presencia mínima necesaria para operar.
En el caso de los comercios a la calle, el panorama aparece más heterogéneo. El funcionamiento dependerá de la evaluación particular de cada establecimiento, que pondera variables como la seguridad, la disponibilidad de personal y las condiciones de traslado. Algunos locales podrían optar por no abrir para evitar riesgos asociados a la jornada, mientras que otros intentarán mantener la atención si cuentan con personal suficiente.
La posibilidad de que empleados enfrenten dificultades para llegar a sus puestos de trabajo constituye un factor central en esas decisiones. Comerciantes consultados describieron que la operatoria diaria depende en gran medida de la movilidad del personal, por lo que cualquier alteración del transporte incide directamente en la capacidad de abrir al público.
“El sector comercio es altamente heterogéneo y es esperable que haya comportamientos dispares, particularmente dependiendo de la disponibilidad de transporte público. En aquellos casos de locales atendidos por sus dueños o en los que los empleados pueden acceder a los establecimientos sin depender de medios de transporte interrumpidos por medidas de fuerza, prevemos que haya un desempeño esencialmente normal”, afirmó Mario Grinman, presidente de la CAC.