En los últimos años, la guanábana, también conocida como graviola, se ganó un lugar destacado en el universo de la alimentación saludable. Su pulpa, jugosa y aromática, es fuente de vitaminas, antioxidantes y compuestos bioactivos que despertó el interés de nutricionistas, cocineros y consumidores por igual.
Sin embargo, a medida que crece su popularidad, también emergen dudas sobre una parte menos conocida del fruto: sus semillas. Buscar “semillas de guanábana” en redes como TikTok o en foros de salud abre la puerta a un abanico de teorías: desde sus supuestos efectos anticancerígenos hasta advertencias sobre su toxicidad. Ante este panorama, es clave comprender si es seguro consumirlas o conviene mantenerlas fuera del plato.
La diferencia entre la pulpa y las semillas de la guanábana es sustancial. Mientras que la pulpa es reconocida por su riqueza en vitamina C, potasio, fibra y antioxidantes como las acetogeninas, relacionadas con propiedades antiinflamatorias y antimicrobianas, las semillas generan más cautela.
Pero, sobre las semillas, un estudio de científicos franceses cuenta otra historia: identifican en ellas compuestos tóxicos que despiertan preocupación. En particular, destacan la presencia de annonacina, una neurotoxina natural asociada a posibles efectos adversos en el sistema nervioso central. Esto marca un claro contraste con la reputación saludable de la pulpa.
Entonces, si se las consume, los riesgos dependen de la cantidad y la forma de ingesta. Una o dos semillas ingeridas por accidente probablemente no generen efectos graves en adultos sanos. Sin embargo, su consumo habitual o en formas concentradas, como polvos, aceites o infusiones, sí representa un riesgo tangible.
Por su parte, estudios con animales mostraron que dosis elevadas de annonacina pueden causar daño neurológico y hepático. Aunque no se reportaron intoxicaciones masivas en humanos, sí existen antecedentes clínicos en regiones donde su consumo es más frecuente.
Las creencias sobre los beneficios de las semillas de este fruto, en parte, tienen raíces culturales: comunidades del Caribe y América Central incluyeron la guanábana en su medicina popular desde hace siglos. No obstante, es importante destacar que en estos contextos las semillas eran usadas en forma tópica o en mínimas cantidades, no como parte habitual de la dieta.
¿Las semillas de guanábana tienen otros usos?
Pese a su toxicidad, las semillas de guanábana no están completamente descartadas en otros ámbitos. Actualmente, se investiga su potencial en la industria cosmética y en suplementos fitoterapéuticos, aunque siempre bajo estrictos procesos que eliminan sus componentes dañinos.
En cosmética, por ejemplo, el aceite extraído de las semillas se utiliza de forma tópica, nunca ingerido. Además, por su poder bioactivo, también se explora su uso como pesticida natural.
Otras semillas en debate
Este no es un caso aislado. La guanábana no es la única fruta que genera dudas sobre la seguridad de sus semillas. Existen otros casos donde consumirlas en grandes cantidades puede representar un riesgo para la salud.
- Semillas de manzana: contienen amigdalina, una sustancia que puede liberar cianuro en el organismo al ser metabolizada. Aunque en pequeñas cantidades no suelen causar daño, su consumo habitual o en polvo no es recomendable.
- Semillas de pera: al igual que las de manzana, contienen trazas de compuestos cianogénicos que pueden ser tóxicos en dosis elevadas.
- Semillas de papaya: si bien algunas corrientes naturistas las promueven por sus supuestas propiedades antiparasitarias, su ingesta en grandes cantidades puede provocar efectos gastrointestinales adversos.
- Semillas de sandía (cuando se consumen crudas): contienen pequeñas cantidades de antinutrientes que dificultan la absorción de ciertos minerales. No son peligrosas en sí mismas, pero deben consumirse con moderación y preferiblemente tostadas.
- Semillas de chirimoya: como la guanábana, pertenecen a la familia de las anonáceas y contienen sustancias potencialmente tóxicas, como la annonacina. No se recomienda su consumo.