El inicio de una nueva edición de Lollapalooza Argentina desata una ola de emociones y expectativas no solo entre los fanáticos de la música, sino también en los más chicos y sus familias, que encuentran en Kidzapalooza un espacio propio dentro del masivo festival. Este año, uno de los grandes protagonistas del escenario infantil es Piñón Fijo, el animador cordobés que atraviesa generaciones y promete una jornada repleta de risas, canciones y saltos. A pocas horas de su presentación, el animador charló con Teleshow y compartió sus sensaciones sobre este desafío.
“Es un desafío bellísimo, una gran oportunidad para aprender cosas nuevas, conocer gente nueva, meterme en un mundo que no conozco tanto, pero que es un desafío. Así que como cada uno de ellos, me divierte”, aseguró Piñón a este medio sobre lo que significa sumarse a la grilla de Lollapalooza y llevar su clásico show a un público tan diverso.
Consultado sobre lo que más disfruta a la hora de salir a cantar para chicos y padres, Piñón se detuvo en la magia del encuentro familiar. “Cuando confluye en eso, con los papás, con sus adultos y se ríen todos como niños… a mí muchas veces me dicen que soy un artista infantil, me gusta, pero más me gusta cuando me dicen que soy un artista familiar. Cuando uno puede contener a toda la familia y tener ese desafío de generar un humor tan universal que se ríe el abuelo y el nieto de lo mismo. Ese es un milagro tan bello para mí que me da mucha felicidad”.

Piñón Fijo lleva treinta y siete años defendiendo la alegría y la coherencia de su personaje en un mundo que, reconoce, muchas veces puede ser hostil. “No hago nada especial para que la gente siga enganchada con Piñón. Ni la mejor empresa de marketing podría diseñar algo así. Uno lo que hace es defender la alegría de uno mismo y la coherencia en la medida que se pueda y la felicidad y la gratitud de haber pasado tantos años haciendo este personaje en un mundo muchas veces tan violento, tan agresivo. Andar uno con un trajecito de payaso y despertando sonrisas, ternura, emoción, es realmente un privilegio”, reflexionó. “Ojalá que nunca se den cuenta y me dejen seguir transitando esto, porque realmente yo también tengo una vida de civil, de mis obligaciones y cosas con este mundo. Eso es lo que me permite cotejar lo que es el mundo real de esta bendición, de este personaje”.
En esta etapa de su vida profesional y personal, Piñón comparte escenario y oficio con su hija Solcito, quien sigue sus pasos en la música y la animación. “Sol muchas veces dice que aprendió muchas cosas de mí, pero hoy, en la vuelta de la vida, yo aprendo muchas cosas de ella. Me reencuentro con mis nietos, Luna y León, que me regaló Sol, y me reencuentro también con la crianza de mis hijos. Yo fui papá muy joven de Sol y de Jere y aprendí al lado de ellos una cantidad de cosas. Por ahí hasta peleábamos por los mismos juguetes, no los dejaba ganar a nada, yo parecía un compañerito. Ahora con los nietos, uno mira desde otro lado esa infancia. Sol es una de las que me empujó a que me anime a venir acá, porque el año pasado estuvo ella y la pasó muy bien. Me dijo: ‘Pape, andá, que es una experiencia hermosa’. Así que fue una de las que me empujó a vivir esto”.
El deseo de Piñón, que no oculta ni en la entrevista ni en las redes, es compartir algún día el escenario con sus dos hijos y sus dos nietos: “Es mi sueño, eso pasa, no les quiero meter presión, menos en un medio tan masivo como este, pero mi sueño es en algún momento poder hacer un show con mis dos hijos y mis dos nietos”, confiesa entre risas.
Sobre los rituales previos a salir al escenario, Piñón revela que el maquillaje, lejos de ser un trámite, se transforma en un momento de introspección y calma: “Cuando me maquillo es cuarenta y cinco minutos más o menos y lo uso casi como una terapia, mirarme al espejo físicamente y exteriormente, pero también mirarme al espejo interiormente y repasar una cantidad de cosas. Eso es lo que me da calma y me hace llegar al momento del show con la pelota un poco más dominada”.
Antes de despedirse, Piñón Fijo tiene claro qué es lo que le gustaría dejarle al público de Lollapalooza: “Lo mismo de siempre. Música, alegría, momentos compartidos en familia, lo sofisticado de la simpleza. Creo que hoy vivimos en un mundo tan sofisticado que muchas veces la simpleza es un acto de rebeldía. A mí me gusta eso y esa sensación me gusta que pase, que suceda”.