Según CIAI, 7 de cada 10 firmas anotan retrocesos en la comercialización (Imagen Ilustrativa Infobae)

El sector de la indumentaria registró una caída interanual del 9,4% en sus ventas durante el último bimestre de 2025 y acumula casi dos años en terreno negativo. En la actualidad, 7 de cada 10 firmas anotan retrocesos en la comercialización y se profundiza el escenario de crisis, en un contexto de fuerte aumento de las importaciones y elevados costos internos.

“Si bien el último dato (-9,4%) muestra una desaceleración frente al desplome del bimestre anterior (-13,3%), sigue siendo una caída promedio de las ventas relevante que se suma a un año marcado por contracciones sostenidas”, resaltó el informe de la Cámara de la Indumentaria (CIAI).

Las Fiestas tampoco sirvieron como impulsor: en Navidad cayeron 1,3% respecto a igual evento del 2024. Entre los rubros más afectados destacan: bebes y niños (-13%), Lencería y corsetería (-6%) indumentaria femenina (-3%).

Los problemas de fondo persisten, aunque con algunos matices: la caída de la demanda continúa siendo la principal dificultad, pero su mención entre los empresarios encuestados por la entidad se redujo en 10 puntos porcentuales respecto del bimestre anterior.

La medida más extendida en materia de empleo fue no reemplazar las renuncias (Imagen ilustrativa Infobae)

En paralelo, el aumento de los costos se consolida como la segunda preocupación, en un contexto en el que resulta inviable ajustar precios: el 60% de las empresas absorbe íntegramente los incrementos, mientras que apenas un 2% logra trasladarlos por completo, una dinámica que pone de relieve la fragilidad del consumo. Otros problemas destacados en este bimestre fueron los altos costos financieros.

No obstante, según CIAI, se observan algunos signos de estabilización dentro de un escenario aún complejo:

  • Se registra una leve mejoría en la gestión de inventarios: la proporción de empresas que considera tener de stocks excesivos se redujo un 6%.
  • La cadena de pagos muestra una leve mejoría, aunque sigue bajo estrés: el 60% de las empresas aún reporta retrasos.

En este contexto, las empresas reorientaron durante el bimestre sus estrategias en relación al empleo. La medida más extendida fue no reemplazar las renuncias, que alcanzó un máximo anual del 26%, seguida por los recortes de horas extras (12% de las acciones adoptadas) y el adelantamiento de vacaciones (9%). “Esto evidencia una presión constante por ajustar costos laborales”, indica CIAI.

Pese a ello, las expectativas empresariales muestran una mejora cautelosa: las perspectivas muy negativas retrocedieron 12 puntos porcentuales, aunque la expectativa de una recuperación concreta sigue siendo limitada. Solo el 13,5% de las empresas prevé un aumento de las ventas en el corto plazo.

Desde diciembre de 2023 la pérdida acumulada ya supera los 16.000 puestos de trabajo en el sector textil

Industria textil

A su vez, de acuerdo al último dato del Indec, la industria textil perforó el piso del 30% de utilización de la capacidad instalada, ubicándose en 29,2%, el nivel más bajo de toda la serie y con una profundización clara de la caída en los últimos tres meses.

Según la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), en septiembre pasado los sectores textil, de la confección, cuero y calzado registraron 105.000 puestos de trabajo formales, lo que implica una caída de 2.000 empleos respecto de agosto y de 8.000 en la comparación interanual. De este modo, desde diciembre de 2023 la pérdida acumulada ya supera los 16.000 puestos de trabajo.

Aun en este escenario contractivo, el informe de la FITA subraya que las empresas del sector mantuvieron las inversiones destinadas a modernizar sus procesos productivos. Entre enero y noviembre de 2025, las compras de maquinaria importada alcanzaron los 164 millones de dólares, un esfuerzo orientado a mejorar la competitividad y la eficiencia.

El presidente de la entidad, Luis Tendlarz, advirtió que “el sector atraviesa un momento muy desafiante” y remarcó la necesidad de avanzar hacia una industria más competitiva, con reglas claras y previsibilidad. Entre las principales preocupaciones empresarias se destaca la urgencia de generar condiciones que permitan estabilizar el mercado y recuperar la producción y el empleo.