
Hay algo intenso, tiene que haber algo que toca hondo, en el sable de San Martín para que haga días que discutamos dónde va a estar, dónde tiene que estar, donde está bien o mal que esté. Para que, en la década del 60, haya sido robado dos veces. Para que el gobierno nacional, que ya tiene bastantes problemas, se ocupe de hacer un decreto para que sea trasladado del Museo Histórico Nacional al Regimiento de Granaderos. Para que por esta decisión haya renunciado la directora del Museo. Para que los descendientes de Juan Manuel de Rosas, a quien San Martín se lo dejó, hayan presentado una medida cautelar para que el sable se quede donde está, cautelar que, en principio, fue rechazada en la tarde del jueves.
A Pacho O’Donnell le parece obvio: “Es un símbolo máximo de nuestra nacionalidad”, ¿no? De nuestra guerra de independencia. ¡Es el sable de San Martín!»
Mario “Pacho”, O’Donnell es historiador, escritor, fue Secretario de Cultura en el gobierno de Carlos Menem y, justo, es autor -entre muchos otros libros- de una obra de teatro titulada El sable y de una investigación llamada Juan Manuel de Rosas, el maldito de nuestra historia oficial.
-¿Por qué San Martín le da el sable a Rosas?
-En el tercer artículo de su testamento, San Martín, que es una figura incuestionable, dice que le da el sable “que me ha acompañado”. Interesante… dice: “Me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sur”. Y dice que se lo da a Juan Manuel de Rosas, “como prueba de satisfacción por la firmeza con que se sostuvo el honor de la República contra los extranjeros”.

-¿De qué está hablando? ¿Que se sostuvo el honor cuándo?
-El testamento tiene fecha 23 de enero de 1844. Es decir, que no le deja el sable, como se dice, por la Vuelta de Obligado (Ndela R: cuando se resistió la invasión de una tropa anglofrancesa), sino que se lo deja antes de la Vuelta de Obligado, se lo deja por la defensa contra el bloqueo francés de 1838. Por supuesto, la Vuelta de Obligado no hace sino reafirmar su admiración por la defensa de la soberanía. Es un gesto extraordinario de San Martín y, por supuesto, a contrapelo de la historia liberal, que pretende hacer de Rosas el enemigo público número, el maldito de la Historia.
-¿Y por qué el incuestionable le hace semejante honor al maldito?
-Bueno, alguna vez Sarmiento intentó dar una explicación diciendo que San Martín ya estaba muy viejo, que ya no pensaba bien cuando hizo eso. Es un tema imposible de resolver para la historia oficial, para la historia liberal.
-¿Rosas cómo lo tomó?
-Fue un gran honor, fijate que cuando se fue exiliado, después de la batalla de Caseros, se ocupó muy especialmente de que le enviaran el sable de San Martín. Cuando vuelve Terrero, el marido de Manuelita, deja la indicación precisa de que se vea exhibido. Que sea exhibido como ejemplo para la ciudadanía argentina. El hecho de la exhibición es un tema importante.
-Y se indicaba dónde.
-Era lógico que estuviera en el Museo Histórico Nacional.
-Pero eso es parte de la polémica ahora, se va a Granaderos.
-Es muy distinto que esté en el Museo Histórico Nacional, donde puede acceder toda la gente, que dentro de un regimiento de gran prestigio, indudablemente muy honorable, como Granaderos, pero en el cual la exhibición va a ser más difícil.
-¿Y si Granaderos garantizara una exhibición?
-¡Espero que sea así! El punto es que llevar el sable al Regimiento de Granaderos es militarizar demasiado la memoria de San Martín. San Martín fue un gran militar, pero fue un gran estadista también. Un hombre de Estado en sus declaraciones, sus programas, su donación de bibliotecas, su interés por la cultura, por cómo administró tanto Mendoza o Lima, después de la liberación de Perú. La derecha siempre quiere dar su imagen militarizada.
-¿Por qué? ¿Por qué ahora?
-Creo que hay toda una campaña de Milei, de congraciar el poder civil con el ejército… Y claro que es un símbolo de una enorme importancia, que tiene sus particularides y su historia.
-¿Cómo es eso?
-En principio, es un sable curvo. San Martín lo compra, usado, en 1811 en Londres, cuando ha dejado ya de pertenecer al ejército español y se prepara para venir a América. Y compra un sable usado que es un alfanje turco. San Martín lo había probado en las guerras napoleónicas para la carga de caballería, porque el sable curvo lastima y sigue, a diferencia de la espada recta que pincha y se atasca. El principal objetivo es el cuello siempre.
-¿Se saben más cosas del sable?
-Es un sable muy modesto. No tiene incrustaciones de oro ni grandes adornos. Y a mí me interesa que, cuando se lo da a Rosas, San Martín dice eso de: “El sable que me ha acompañado”. Casi como una cosa de afecto, ¿no? Un compañero de campaña.

-Y lo compra cuando toma una decisión trascendental para su vida, que es cambiar de bando de alguna manera.
-Por eso para los españoles es un traidor.
-¿Alguna vez lo usó? ¿San Martín combatió con ese sable realmente o fue más el gesto de un militar que debe tener un sable?
-No, no lo usó, en aquella época los jefes más bien planificaban la batalla. Yo no recuerdo que San Martín haya estado en primera línea de los combates, pero no por cobardía, porque no era un cobarde, sino que necesitaba controlar el escenario… Él fue un gran estratega militar. La batalla de Chacabuco es una batalla que se estudia en las secuelas de guerra del mundo.
-El sable fue robado en 1963 y 1965. ¿Cómo fue eso?
-Las dos veces lo robó la Juventud Peronista, lo sacaron del Museo. En aquellos tiempos el peronismo negociaba, por ejemplo, el regreso de Perón. Fue el 12 de agosto de 1963. Y el otro robo fue el 19 de agosto de 1965. Bueno, luego lo devolvían. Siempre era un hecho de mucha repercusión mediática en una época en que el peronismo estaba proscrito y prohibido. –
-¿Qué significa hoy el sable?
-Los gobiernos siempre saben la importancia que tiene la instrumentación política de los símbolos históricos. La Historia es muy subjetiva, es muy distinta la historia escrita por un historiador liberal que por un historiador nacional y popular revisionista. De alguna manera, el historiador siempre es un intérprete.