
El comandante de la Guardia Revolucionaria de Irán advirtió el jueves a Washington que la fuerza mantiene su “dedo en el gatillo” tras las protestas masivas, mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, señaló que Teherán aún parece interesado en dialogar.
Las protestas, que comenzaron a finales de diciembre, sacudieron a la dirigencia clerical encabezada por el líder supremo, ayatollah Ali Khamenei, pero el movimiento perdió fuerza tras una represión que, según activistas, dejó miles de muertos y estuvo acompañada por un inédito corte total de internet.
La posibilidad de una acción militar estadounidense inminente contra Teherán se ha reducido, con ambas partes comprometidas en dar una oportunidad a la diplomacia, aunque medios estadounidenses informan que Trump sigue evaluando opciones. Al intervenir en el Foro Económico Mundial de Davos, Trump afirmó que Estados Unidos atacó instalaciones de enriquecimiento de uranio iraní el año pasado “para evitar que Teherán fabrique un arma nuclear”. Irán niega que su programa nuclear tenga fines bélicos. “No podemos permitirlo”, declaró Trump, y agregó: “Irán quiere dialogar, y dialogaremos”.
En un clima de enfrentamientos verbales, Trump advirtió el martes a los líderes iraníes que Estados Unidos los “borraría de la faz de la Tierra” si ocurría algún atentado contra su vida en represalia por un ataque dirigido a Khamenei.
El presidente iraní Masoud Pezeshkian acusó el jueves a Estados Unidos e Israel de avivar las protestas como una “venganza cobarde… por la derrota en la Guerra de los 12 Días”.

El comandante de la Guardia, general Mohammad Pakpour, instó a Israel y a Estados Unidos a “evitar cualquier error de cálculo, aprendiendo de las experiencias históricas y de lo que aprendieron en la guerra de 12 días impuesta, para no enfrentar un destino más doloroso y lamentable”. Pakpour, citado por la televisión estatal iraní, aseguró que la Guardia Revolucionaria y “la querida Irán tienen el dedo en el gatillo, más preparados que nunca, listos para cumplir las órdenes y medidas del comandante en jefe supremo —un líder más querido que sus propias vidas—” en referencia a Khamenei. Sus declaraciones se emitieron en el marco del día nacional en Irán que celebra a la Guardia, cuyo mandato es proteger la revolución islámica de 1979 de amenazas internas y externas.
Activistas responsabilizan a la Guardia de desempeñar un papel central en la represión mortal de las protestas. El grupo está sancionado como entidad terrorista por países como Australia, Canadá y Estados Unidos, mientras organizaciones civiles han instado a la Unión Europea y el Reino Unido a tomar medidas similares.
Otro alto responsable militar, el general Ali Abdollahi Aliabadi, jefe del estado mayor conjunto iraní, advirtió que si Estados Unidos atacaba, “todos los intereses, bases y centros de influencia estadounidenses serían objetivos legítimos” para las fuerzas armadas iraníes.
El miércoles, las autoridades iraníes ofrecieron el primer balance oficial sobre las protestas, cifrando en 3.117 los fallecidos. Según la Fundación de Mártires y Veteranos de Irán, de ese total, 2.427 serían “mártires” —miembros de las fuerzas de seguridad o transeúntes inocentes— y el resto correspondería a “alborotadores” respaldados por Estados Unidos. Pezeshkian afirmó que la protesta es un “derecho natural de los ciudadanos”, pero distinguió entre manifestantes y quienes “tienen las manos manchadas con sangre inocente”.

No obstante, organizaciones de derechos humanos sostienen que el elevado número de víctimas se debe a disparos directos de las fuerzas de seguridad contra los manifestantes y que la cifra real podría superar los 20.000 muertos. La confirmación del alcance de la represión se ha visto dificultada por el apagón nacional de internet, que según la ONG Netblocks superó ya las dos semanas.
“El cúmulo de pruebas que emergen desde Irán muestra que el número real de muertos en las protestas es mucho mayor al oficial”, afirmó el director de la ONG Iran Human Rights, Mahmood Amiry-Moghaddam, añadiendo que la cifra oficial “carece de credibilidad”. La organización asegura haber verificado al menos 3.428 muertes, mientras que la Human Rights Activists News Agency (HRANA), con sede en Estados Unidos, documenta 4.902 fallecimientos. Según HRANA, al menos 26.541 personas han sido detenidas. El jueves, la televisión estatal anunció más de 200 detenciones adicionales en provincias como Kermanshah y Isfahán.
(Con información de AFP)