El presidente Javier Milei y el ministro de Desregulación y Transformación, Federico Sturzenegger, no fueron los únicos argentinos presentes la semana pasada en el Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza. Delfina Arambillet, Licenciada en Comunicación Periodística por la UCA y especialista en datos e inteligencia artificial, fue elegida para formar parte del selecto grupo de 40 jóvenes líderes mundiales que participaron del encuentro.
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En diálogo con LA NACION, Arambillet explica que, aunque la mayoría de los participantes del foro tienen entre 20 y 30 años de trayectoria profesional, se conforma este grupo etario para representar la voz de las nuevas generaciones y sumar ideas con la frescura y expectativas propias de este sector de la población.
“El tema atravesó toda la conferencia”, dijo Arambillet, al hablar sobre la inteligencia artificial. Ella, quien se desempeña como conferencista sobre IA, medios y calidad de la información en foros internacionales, entre ellos los organizados por la Asociación Mundial de Editores de Noticias (WAN IFRA), detalló que la IA estuvo presente en todas las conversaciones, vinculándola a temas geopolíticos, técnicos, sociales y ambientales.

“La sensación general fue ‘no regulemos a la tecnología per se, sino a sus efectos’“, agregó. Entre ellos, se hizo mención a la protección de los niños, por las consecuencias psicológicas que las IA generan en ellos; también se hizo alusión a los AI companions (sistemas de inteligencia artificial diseñados para interactuar de manera continua y personalizada con una persona) que han llevado a que los niños se aíslen cada vez más, sufran de depresión o incluso tomen decisiones como el suicidio, explicó Arambillet.
Nuevos modelos de negocios
La joven argentina profundizó en otros temas que formaron parte de la agenda de Davos, como los efectos en ecosistemas de información y verdad. Recordó la exposición del historiador y escritor israelí Yuval Noah Harari, que habló de la “crisis de verdad que hoy supone la IA”. Y explicó que, al dominar el lenguaje, la IA ha “hackeado” el sistema operativo de la civilización humana. En otras palabras, si la confianza se basa en el lenguaje, pero en la era de la IA no podemos distinguir si hablamos con un humano o una máquina, la democracia y los mercados (que dependen de la confianza) se desestabilizan. ¿Cómo se sostendrá la confianza en un mundo así?
En ese contexto, algunos expositores como Yoshua Bengio se preguntaron por la posibilidad de cambiar el modelo de negocio de las redes, introduciendo la idea de scientist AI, en donde la tecnología se aleje de un modelo de complacencia (dado que incentiva la alucinación y el engaño) y pase a funcionar como un científico: buscar la verdad probabilística y verificar hipótesis.
No fue el único que habló de nuevos modelos de negocios, ya que, Bill Ready, el CEO de Pinterest, y el psicólogo organizacional Adam Grant debatieron la posibilidad de abandonar el modelo de la economía de la atención (donde el negocio de cualquier plataforma está en que los usuarios permanezcan ahí el mayor tiempo posible) a una economía del fulfillment. Las métricas de éxito tradicionales (tiempo en pantalla) estarían correlacionadas negativamente con el bienestar del usuario a largo plazo. En ese sentido, proponen que, para que no se pierda la rentabilidad y, al mismo tiempo, no se destruya a la sociedad, necesitan que la gente esté en sus plataformas, pero también quieren empujar a que salgan al mundo exterior, para llenarse de conexiones humanas, explicó Arambillet, quien detalló que, uno de los proyectos que incorporó Pinterest es un sistema que detecta cuándo están en el colegio los chicos. Si efectivamente están en clases, les avisan que ya pasaron mucho tiempo usando la aplicación y que es momento de salir a conectarse con sus compañeros.
“Esto habla de una oportunidad para los medios de comunicación”, explicó Arambillet, quien explica que, la combinación de la falta de confianza en las aplicaciones y la necesidad de encontrar un espacio más fiel a la realidad, sin las alucinaciones que genera la IA, abre un mundo enorme de oportunidades. “Los medios podrían acompañar así la transición necesaria que esta tecnología tiene que hacer, de pasar de la adolescencia a la adultez”, agrega la argentina.
Geopolítica
Por otro lado, se habló de la necesidad de contar con energía para seguir avanzando en los desarrollos de la IA. “En el próximo año, será clave entender si cada país cuenta con energía barata, buena distribución para alojar data centers y evitar cortes de luz u otros efectos negativos, ya que, pueden traer crecimiento, pero también riesgos a las comunidades aledañas», explica Arambillet.
Una de las incógnitas más presentes en el ecosistema global en relación a la IA es la posibilidad de que todas las inversiones que se están haciendo en esta tecnología responden a una “burbuja” (un hype de inversiones en esto, sin sustento real o con resultados mucho más lentos que el ritmo de las apuestas realizadas). “Se habló mucho, pero no hay una definición clara. Muchos aseguran que es necesario esperar para saber si esto se trata o no de una burbuja; otros aseguran que la IA no será una burbuja, siempre y cuando se piense esta tecnología como acelerador de la generación de valor de una compañía. En otras palabras, dejar de pensar que la IA solo eficientiza procesos, porque eso se agota en el corto plazo. Tenemos que pensar cómo la IA acelerará la generación de valor de una compañía”, explicó Arambillet.
En ese sentido, citó los dichos de figuras como Jensen Huang, fundador, presidente y CEO de NVIDIA, y Satya Nadella, CEO y presidente de Microsoft, que enfatizaron que no estamos ante una burbuja, sino ante la construcción de una nueva infraestructura industrial. Explicaron que la IA no es solo para automatizar tareas administrativas, sino para descubrir nuevos materiales, medicinas y física.
Al hablar del potencial de la IA, inevitablemente surge una de las grandes incógnitas en relación a este tema, que mayor expectativa genera: la posibilidad de crear una IA General, una IA capaz de igualar la inteligencia humana. En una de las sesiones, Darío Amodei, director ejecutivo de Anthropic, opinó que en el próximo año podríamos llegar a tener modelos de este tipo, capaces de rendir al nivel de un Premio Nobel en múltiples campos. Por su parte, Demis Hassabis, CEO de Google DeepMind, considera que esto podría tener lugar dentro de 5 a 8 años. Su argumento es que, mientras la codificación es verificable matemáticamente, la ciencia natural (biología, física) requiere verificación experimental en el mundo real, lo cual toma tiempo físico y no puede ser puramente simulado. “La realidad es que el debate detrás de esto es muy geopolítico; el mensaje que persistía es que, si Occidente no desarrolla esta tecnología, China nos va a ganar”, agregó Delfina.
Fue justamente Darío quien habló del concepto de “adolescencia tecnológica”, explicando que el mundo está en un momento de capacidades nunca antes vistas, pero como sociedad no estamos adaptándonos para ese cambio estructural que traerá la sociedad.
La computación cuántica tampoco fue dejada de lado. Arambillet explicó que Jensen Huang y los expertos en cuántica señalaron que estamos empezando a usar computación (clásica acelerada y cuántica) para entender la biología y la física a nivel molecular. Esto permitirá diseñar nuevos materiales, baterías y fármacos en silico, reduciendo drásticamente los tiempos de I+D. Otros expertos como Arvind Krishna (director ejecutivo de IBM) y John Martinis (físico, ganador del Nobel de Física 2025) estiman que para 2026-2027 veremos sistemas cuánticos capaces de resolver problemas comercialmente valiosos que las computadoras clásicas no pueden tocar, especialmente en química y ciencia de materiales.
Por último, también se habló de las implicancias de la IA en el cambio climático. Arambillet explicó que se mencionaron los impactos en emisiones, consumo energético y agua, pero aclara que no fue el tema central del foro; este protagonismo se lo llevaron los vínculos de la IA en los ámbitos geopolíticos y sociales.
Por último, una lección histórica iluminó las sesiones de Davos en relación a la IA. El historiador Adam Tooze recordó que el colapso de los años 20 no fue solo económico, sino un fallo político y de cooperación internacional. La advertencia para los “Nuevos Años 20” es que la tecnología y las finanzas no pueden sostener el mundo si la política y la cooperación global fallan.