
El reciente cruce público por el precio y la producción de indumentaria en Argentina sumó un protagonista central. Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado, intervino en la discusión luego de que Luis Caputo, ministro de Economía, afirmara que “nunca compró ropa en Argentina”, frase que generó respuestas inmediatas de la industria textil y profundizó la controversia en torno a la apertura comercial y los elevados impuestos locales. En ese contexto, Sturzenegger expuso un extenso argumento en redes sociales para desarmar lo que denominó “el razonamiento de la cancha desnivelada”, uno de los ejes más defendidos por sectores empresariales y gremiales para justificar la protección de la producción nacional.
En su publicación, Federico Sturzenegger identificó el argumento central que suelen esgrimir “economistas, periodistas y el empresariado (la UIA, por ejemplo)” para oponerse a la apertura: la existencia de un “diferencial de costos, primordialmente producto de sus impuestos, que hace imposible una competencia con la cancha nivelada”. Según el ministro, esta idea, aunque resulta plausible a primera vista, “está equivocada”. Invitó a quienes no estuvieran dispuestos a cuestionar sus propios supuestos a ignorar su mensaje, advirtiendo que su explicación podía resultar irritante o ser interpretada como un acto de soberbia.
Para el funcionario, la postura que exige primero una baja de impuestos y luego una apertura comercial constituye “una salida cómoda”. A su entender, nadie quiere ubicarse en una posición proteccionista ante la opinión pública, por lo que decir que se está a favor de competir, pero solo más adelante y cuando el contexto sea más favorable, resulta una manera de dilatar los cambios. “Suena plausible, y es una buena manera de patear los cambios porque se presume que el gobierno difícilmente baje los impuestos (aunque Javier Milei ya lo haya hecho, y significativamente)”, planteó Sturzenegger, quien enfatizó que su propio posicionamiento es a favor de la competencia, pero sin esperar condiciones ideales.
El ministro de Desregulación y Transformación del Estado abordó el núcleo del razonamiento que rechaza. “¿Por qué estaría mal este razonamiento si luce tan razonable?”, preguntó antes de recurrir a la teoría económica clásica. Citó a David Ricardo, economista británico del siglo XIX, y acompañó su argumentación con un retrato del pensador, para sostener que las diferencias de productividad entre países no impiden los beneficios del comercio, sino que los potencian. En sus palabras: “Las sociedades difieren en productividad por muchos motivos. Algunos porque son estados fallidos, otros porque tienen problemas de seguridad, otros porque usan tecnología atrasada, otros porque tienen capital de mayor o menor calidad, otros porque cuentan con mejor infraestructura, etc. Hay mil razones. De hecho, hay sociedades que son más productivas que otras en todos los productos”.
Sturzenegger remarcó que “lo que David Ricardo demostró es que aún entre economías con diferenciales de productividad enormes convenía comerciar, porque el comercio permitía que uno se focalizara en aquello en lo que era relativamente mejor”. Utilizó una comparación para ilustrar su punto: “Un matemático puede ser mejor pintor que un pintor, pero igual le conviene dedicarse a la matemática y contratar al pintor para que le pinte la casa”. Sostuvo que las economías menos productivas tienen más para ganar del intercambio internacional, porque pueden concentrar su producción en lo que hacen de modo relativamente más eficiente y desplazar actividades donde muestran mayores desventajas.
La defensa de la apertura comercial del ministro incluyó una referencia a las declaraciones recientes de Manuel Adorni y Luis Caputo sobre la “necesidad de abrir la economía”, a las que calificó de correctas en su marco teórico. Reafirmó que el comercio no afecta el empleo, sino que “simplemente permite transferir producción de aquello en lo que somos malos a aquello en lo que somos buenos, lo que aumenta el ingreso y bienestar de la sociedad”. Aclaró que “no hay efecto sobre el empleo porque como una importación necesita divisas que genera la exportación ‘cada importación crea su propia exportación’”. Citó el trabajo de Feldstein y Horioka de 1980 para respaldar esta afirmación y concluyó: “La apertura genera más importaciones y más exportaciones”.
El ministro vinculó estos conceptos con el debate tributario y el argumento de la “cancha desnivelada”. Planteó que los impuestos elevados son “una fuente más de ineficiencia” que actúa como una merma de productividad. Según su visión, el fisco “simplemente reduce tu productividad imponiendo impuestos y regulaciones que aumentan tu costo. Y juega igual que cualquier otra merma en la productividad: reduce tu salario”. Defendió la necesidad de achicar el Estado y desregular como instrumentos para subir los salarios, señalando que “la motosierra es un instrumento central para subir el salario de los argentinos”.
Al abordar el efecto de la “cancha desnivelada” sobre los beneficios del comercio, Sturzenegger sostuvo: “Si en algo los afecta es que aumenta el beneficio del comercio. Más desnivelada la cancha: más ganancias de la apertura”. Reforzó que esta idea puede resultar provocadora para muchos, pero insistió en que “es lo que dice la teoría más elemental del comercio”.
En cuanto a las medidas necesarias para enfrentar la situación, el ministro fue enfático: “¿Hay que hacer algo con la cancha desnivelada? Sí. Hay que hacer todo. Hay que desregular para bajar los costos y hay que achicar el Estado en los tres niveles para bajar la merma de productividad que implica”. Subrayó que siempre resulta deseable “bajar costos y facilitar la producción”, no porque esto condicione los beneficios del comercio, sino para que “el capital y el trabajo tengan una mejor remuneración”.

En su exposición, Sturzenegger recordó que “hasta que no entendamos que comerciar es fuente de más y mejores empleos y que traerá beneficios inmensos para la población, no habremos terminado de transitar el camino a una Argentina moderna y próspera”. El funcionario ubicó en el centro del debate la necesidad de modificar los supuestos sobre los que se apoya la defensa del proteccionismo, remarcando que los altos costos locales, lejos de constituir un impedimento para la apertura, refuerzan la conveniencia de integrarse al comercio internacional.
El trasfondo inmediato de esta intervención surgió a partir de la reacción de la industria indumentaria, que respondió a las declaraciones de Caputo asegurando que las autoridades “no lograron desarmar ni un solo impuesto” y defendieron el rol del sector en la economía nacional. El debate expuso la tensión entre la política de reducción de aranceles y tributos y la protección de la producción local, una discusión que movilizó tanto a funcionarios del área económica como a los representantes de la industria.
En su mensaje, Sturzenegger buscó desarticular la relación causal entre reducción de impuestos y apertura comercial. Para el ministro, “la cancha desnivelada, ¿afecta los beneficios de comerciar? Bueno, si en algo los afecta es que aumenta el beneficio del comercio”. Planteó que la razón para reducir impuestos y desregular no reside en la búsqueda de condiciones previas para la competencia internacional, sino en la necesidad de mejorar la remuneración de los factores productivos dentro del país.
El funcionario insistió en que la apertura no depende de la previa eliminación de ineficiencias, sino que esas ineficiencias justifican aún más la integración internacional. Al referirse al impacto de los impuestos y regulaciones en la productividad, argumentó: “Hacen que tu esfuerzo rinda menos, es como que te saquen una parte de tu producción sin que recibas nada a cambio”.
En síntesis, la intervención de Federico Sturzenegger en el debate público por la apertura comercial y la protección de la industria nacional se apoyó en la teoría clásica del comercio internacional, reivindicó el legado de David Ricardo y cuestionó los fundamentos más habituales del proteccionismo argentino. A través de una argumentación extensa y plagada de citas textuales, el ministro buscó instalar la noción de que las condiciones locales, lejos de justificar el cierre, refuerzan la necesidad de abrir la economía.