Morena Miño no planeó ser influencer. Tampoco soñaba con millones de seguidores, campañas, ni contratos. Durante años, su mayor angustia era no saber qué iba a hacer con su vida. “No nací para estudiar, no me da el cerebro”, repetía entre lágrimas cada vez que hablaba con su papá. Terminó el colegio con una sensación que muchos jóvenes conocen bien: la de estar perdida y no saber qué carrera elegir.
En el colegio, More sentía la presión de todos lados. Sus propias maestras, en lugar de alentarla a proyectarse, le decían que “se ponga de novia con el mejor del colegio para que la ayude a progresar”. Esa sensación de tener que priorizar las expectativas externas sobre sus propios deseos acompañó su adolescencia y, de algún modo, preparó el terreno para la independencia que encontraría años más tarde.

Hoy, con apenas 21 años, vive de las redes sociales, tiene casi cuatro millones de seguidores. Su historia empezó sin estrategia ni ambición digital. Subía posteos sueltos, casi sin intención de seguir. Un día, grabó un video con su hermana que se viralizó. Después, otro con su mamá. Y en un momento decidió hablarle directo a la cámara, mostrar cómo era ella. Sin filtro y con la espontaneidad que la caracteriza. “La gente se da cuenta cuando el contenido no es real”, explica.
Hoy, ser influencer es su trabajo. Vive de los videos. De la publicidad. Cuando empezó a ganar dinero con las redes, todavía tenía otro trabajo: hacía pestañas. Le gustaba. Pero la exposición empezó a pesarle: “Tenía miedo de que alguien haga un video diciendo que yo le arruiné las pestañas y me quemen. Ahí dije: voy a intentar vivir de las redes”. Y lo logró.
Pero cuando parecía que todo empezaba a acomodarse, llegó una noticia que la descolocó por completo: estaba embarazada. “No sabía qué hacer. Mi vida cambió de un día para el otro”, cuenta. Había empezado a salir con Agustín, su novio y papá de Sara, hacía poco tiempo. Se habían separado, reconciliado y, en medio de ese torbellino, apareció el test positivo.

“Cuando me enteré, me quedé como: ¿qué hago ahora?”. La primera persona a quien le contó su embarazo fue la madre de Agustín. “Todos me decían: ‘¿por qué no le contaste a tu mamá que tenés miedo?’”, recuerda. Pero More sabía bien por qué no lo hacía: “Decía ‘no tengo miedo, porque sé que mi mamá va a estar’. Mi miedo era otro: tenía miedo de decepcionar. O sea, yo llegaba a decepcionar y me iba a doler mucho, mucho”. La presión no venía de la ausencia de apoyo, sino de la expectativa que ella misma sentía, la necesidad de no fallarle a quienes más amaba.
Además, se sumaba su dolor emocional. Los papás de More se separaron cuando era chica y ella sufrió mucho el divorcio. “Me sentía en el medio, sola. Yo quería darle a mi bebé lo que yo no tuve. Yo quería una familia”.
La maternidad llegó con amor, pero también con miedos. “Todo el tiempo pensás si estás haciendo las cosas bien o mal”, dice. Y a eso se le suma la exposición. “Peor si vivís de las redes. Mostrás un paso en falso y te matan”. En especial, otras mujeres. “Las peores enemigas de la mujer son las propias mujeres”, dice sin rodeos.

Por eso decidió no mostrar a Sarita en sus redes. “Quiero que tenga una infancia normal, tranquila”. Le preocupa que su hija crezca bajo la mirada ajena. “A mí se me tiran encima para sacarse fotos. Una vez casi me hacen caer cuando estaba embarazada”.
Aunque se convirtió en madre, More no quiere perder su esencia. “Me da miedo madurar y volverme aburrida”, confiesa. Para ella, la risa, los chistes y la espontaneidad son parte de su identidad. “Quiero ser madura para maternar, para hacer trámites, pero a la hora de joder quiero tener siempre esa chispa”. Esa “chispa” es lo que la caracteriza y hace reír a millones de usuarios en redes sociales.
Al final, la chica que no sabía qué hacer con su vida se convirtió en una compañía para muchos. “Yo ni siquiera tenía sueños. Estaba nula”, resalta. “Todo va a llegar. Todo lo que está destinado para vos te va a llegar. No hay que frustrarse”.
Hoy, entre pañales, ediciones, videos y millones de miradas, Morena sigue siendo esa chica que no finge. Que se muestra como es. Y que, sin buscarlo, se convirtió en referente para miles de jóvenes que tampoco saben todavía quiénes quieren ser.