Un pastor encontró la caravana escondida en un camino forestal bajo el monte Okolchitsa el 8 de febrero. Dentro yacían tres cuerpos: dos hombres y un adolescente de 15 años, todos con heridas de bala en la cabeza. La policía búlgara llevaba seis días buscándolos. No como testigos, sino como posibles asesinos de otros tres hombres hallados muertos una semana antes en una cabaña incendiada cerca del paso de Petrohan, a solo 16 kilómetros de distancia. Con el hallazgo de la caravana, la investigación por triple homicidio se convirtió en un enigma de seis cadáveres que Bulgaria no sabe cómo descifrar.
“Este es un caso sin comparación en nuestro país”, declaró el lunes Zahari Vaskov, director de la Dirección General de la Policía Nacional. La fiscal Natalia Nikolova, responsable de la investigación, admitió que trabajan con dos hipótesis principales: asesinato seguido de suicidio o una serie de suicidios. Esa falta de certeza ha alimentado una ola de especulaciones y teorías conspirativas que divide al país. Algunos ven un suicidio colectivo vinculado a una secta budista. Otros hablan de una ejecución relacionada con el narcotráfico en la frontera con Serbia.
El primer episodio ocurrió el 2 de febrero. Los bomberos acudieron a la cabaña de Petrohan tras recibir un aviso sobre un incendio. Encontraron tres hombres muertos con disparos en la cabeza y dos perros también fallecidos en el piso superior del refugio, parcialmente destruido por las llamas. Las víctimas fueron identificadas como Ivaylo Ivanov, abogado de 49 años; Decho Vasilev, contador de 45; y Plamen Statev, instructor de buceo de 51. Los tres eran miembros de la Agencia Nacional para el Control de Áreas Protegidas, una ONG que desde 2022 mantenía un acuerdo marco con el Ministerio de Medio Ambiente para tareas de vigilancia ambiental en la región montañosa cercana a la frontera serbia.
Las imágenes de las cámaras de seguridad externas, divulgadas por la policía, muestran una escena inquietante. El video del 1 de febrero registra a los seis fallecidos despidiéndose unos de otros frente a la cabaña. Ivaylo Kalushev, identificado como líder de la organización, parte con dos acompañantes: Nikolay Zlatkov, de 22 años, y el hijo adolescente de un amigo. Los tres que permanecen en el refugio —Ivanov, Vasilev y Statev— aparecen después llevando a los perros al interior del edificio antes de prenderle fuego. “Fue un honor para mí”, se escucha decir a uno de ellos en las grabaciones. Luego salen del rango de las cámaras. Sus cuerpos fueron hallados alineados uno junto al otro.
La cabaña servía como base operativa de la ONG, cuyos integrantes patrullaban el área durante años. Algunos medios los describen como “guardabosques” que asistían a la policía fronteriza. Sin embargo, esa función nunca fue oficialmente reconocida. El acuerdo con el ministerio fue cancelado unilateralmente en junio de 2025 tras una auditoría interna que determinó que la ONG carecía de “objeto claro” y “base legal”. Manol Genov, ministro saliente de Medio Ambiente, reveló que todos los ministros posteriores a Borislav Sandov intentaron darlo por terminado.
El perfil de la organización añade capas al misterio. La policía confirmó que sus miembros practicaban budismo tibetano: se encontraron libros y pancartas religiosas en la cabaña. Un familiar de una de las víctimas habló con los investigadores sobre “inestabilidad psicológica excepcional” dentro del grupo durante los últimos meses. Según ese testimonio, enfrentaban problemas con autoridades y patrocinadores, ya no veían razón para continuar y habían discutido la muerte como salida.
Los expertos forenses determinaron que las tres víctimas halladas en la cabaña de Petrohan murieron por disparos a quemarropa o muy cerca, aparentemente autoinfligidos. Se hallaron cuatro casquillos de bala, dos pistolas y un rifle junto a esos cuerpos. Las pruebas de ADN en las armas corresponden únicamente a los tres fallecidos de Petrohan.
Pero esa versión del suicidio colectivo choca con otra narrativa que ha ganado fuerza. Plamen Hristanov, ex jefe de la policía de fronteras, afirmó en una entrevista radial que el grupo probablemente “vio algo terrible” durante sus patrullajes y que el caso está conectado con rutas de narcotráfico entre Serbia y Bulgaria. “No es nada menos que una ejecución por un escuadrón de combate que entró en las instalaciones, los puso en fila y los mató”, aseguró. La zona del paso de Petrohan forma parte de la histórica ruta de los Balcanes, corredor utilizado para el tráfico de heroína desde Afganistán hacia Europa occidental, además de ser paso de contrabando de migrantes y actividades de tala ilegal.
La controversia política ha escalado rápidamente. Nikolai Denkov, primer ministro de Bulgaria entre 2022 y 2023, acusó a las instituciones de orquestar “un esfuerzo coordinado para encubrir los hechos mediante la difusión de rumores”. Denyo Donev, director de la Agencia Estatal de Seguridad Nacional, reveló que hace dos años recibieron información sobre presuntos delitos sexuales contra menores en la cabaña, pero no explicó por qué no se actuó. Esa declaración provocó el rechazo inmediato de amigos de las víctimas, quienes negaron cualquier irregularidad y aseguraron que los fallecidos habían recibido amenazas en los últimos meses por sus actividades de protección ambiental.
El padre del adolescente de 15 años, identificado como Markulev, generó desconcierto con su declaración. En una entrevista televisiva realizada cuando su hijo aún estaba desaparecido, se mostró sereno y afirmó estar convencido de que, al encontrarse con Kalushev, estaban “a salvo”. Markulev sostuvo que las víctimas “vieron cosas que no debían haber visto” y que un actor externo ejecutó los asesinatos. Las autoridades señalaron que no cooperó con la investigación. Entre el 27 y el 31 de enero, Kalushev y sus dos acompañantes estuvieron en el sur del país, cerca de la frontera con Turquía, realizando trabajos de construcción en una propiedad que el líder de la ONG poseía en la aldea de Balgarene.
Las autopsias confirmaron que las tres víctimas de Petrohan murieron por heridas de bala en la cabeza, aparentemente autoinfligidas a quemarropa. En la caravana de Okolchitsa, dos de los fallecidos también presentaban lesiones en la cabeza; la autopsia del tercero continuaba en curso. La policía estableció que los disparos se realizaron dentro del vehículo. No se encontraron sustancias ilegales en ninguna de las escenas. Se ordenaron 18 exámenes forenses, incluyendo balística, análisis de incendios y pruebas de ADN. Al menos 15 testigos han sido interrogados.
Milena Malionova, amiga de una de las víctimas, declaró que cuatro vehículos todo terreno fueron vistos llegando a la cabaña horas antes del incendio. Describió a Ivaylo Ivanov como una persona “devota e inteligente”, destacando su lealtad y sentido de justicia. Vladimir Yonchev, periodista que conocía a Kalushev por su interés compartido en la exploración de cuevas, lo recordó como alguien que “era el tipo de persona” capaz de llevar a otros en aventuras extremas.
Mientras tanto, las autoridades búlgaras continúan investigando posibles vínculos sectarios, tráfico de personas y otras actividades criminales.