
La noche del 31 de agosto de 1888 transformó para siempre la vida de Whitechapel, un barrio popular de Londres. Horas antes del amanecer, dos trabajadores avanzaron por las calles mal iluminadas hasta detenerse ante el cuerpo sin vida de una mujer que yacía junto a la entrada de unos establos en Buck’s Row. Se trataba de Mary Ann Nichols, y su muerte, marcaría el inicio de una serie de crímenes que sumieron a la capital británica en el miedo e instalaron el nombre de Jack el Destripador en la memoria colectiva.
La víctima, conocida como Polly, era hija de Edward y Caroline Walker. Se casó a los 18 años con William Nichols, con quien tuvo cinco hijos. El matrimonio finalizó en 1880 tras problemas personales y económicos. Mary Ann vivió el resto de su vida sola y en situación precaria, dependiendo de alojamientos municipales, casas de caridad y ayuda estatal.
Según Crime+Investigation, Mary Ann Nichols sufrió dificultades habituales entre las mujeres pobres de la época victoriana. Su historial de arrestos, atribuido en su mayoría a prostitución y a altercados callejeros, refleja la falta de alternativas para quienes quedaban fuera del círculo familiar. William Nichols, su exesposo, señaló el recurso al alcohol y la precariedad económica como factores determinantes en la separación y el posterior destino de Mary Ann.

Un contexto de exclusión y peligro en la Inglaterra del siglo XIX
De acuerdo con el registro de Crime+Investigation, la vida de Mary Ann alternó noches en pensiones, hospedajes para indigentes y el trabajo temporal. En varias ocasiones, residió en el Lambeth Workhouse; regresó a ese establecimiento cada vez que su situación se deterioraba. Además, discurrió varios periodos completamente sin hogar, incluso durmiendo en plazas como Trafalgar Square.
En 1888, Mary Ann consiguió un empleo temporal gracias al apoyo de la encargada del trabajo asistencial, pero perdió el puesto después de tres meses al apropiarse de ropa ajena.
Ese verano, dormía en casas comunes de Thrawl Street y remitía sus ganancias principalmente al consumo de alcohol. La última persona que la vio con vida la describió tambaleándose sola por la zona de Osborn Street, a las 2:30 de la madrugada del 31 de agosto.

A las 3:40 de la mañana, dos trabajadores de carros hallaron el cuerpo de Mary Ann frente a un portón de caballerizas. Los policías constataron brutales cortes en el cuello y el abdomen. El informe forense determinó que la víctima registraba signos de ataque con destreza anatómica, señal que sostuvo la hipótesis sobre los conocimientos del agresor.
El asesinato de Polly Nichols se consideró inédito en la zona por el nivel de violencia y por las lesiones específicas, lo cual provocó una inmediata alarma pública. Según el registro de la época, el crimen inauguró la serie trágicamente célebre de Jack el Destripador, cuyo accionar transmitió pánico a la población más vulnerable de Londres.
El caso de Mary Ann Nichols ocupó un papel central en las investigaciones policiales y en los debates sociales sobre la seguridad, la pobreza y el acceso de las mujeres a recursos básicos. Su historia simbolizó la exposición de las mujeres humildes a los peligros urbanos y la falta de redes de contención para quienes se encontraban fuera del sistema familiar o institucional.

Aunque el foco social se centró en el impacto del crimen y en el perfil del asesino, expertos y cronistas recuperaron la vida previa de la víctima. Destacan que no era solo la primera víctima reconocida de Jack el Destripador, sino también un ejemplo de las injusticias y los riesgos diarios que enfrentaban miles de mujeres en la capital británica durante el siglo XIX.
A más de 130 años del crimen, la historia de Mary Ann Nichols sigue siendo motivo de análisis y reflexión sobre las desigualdades sociales, la seguridad urbana y la memoria colectiva vinculada a una de las series criminales más conocidas en el mundo.