Gerardo Bedoya es considerado ídolo de Racing Club por ser una pieza fundamental en la conquista del Torneo Apertura 2001 en aquel recordado equipo de Mostaza Merlo. Famoso por su garra y un gol clave en el empate en uno frente a River Plate, en Avellaneda, punto que fue fundamental para el título de campeón que cortó 35 años de sequía del elenco racinguista.

“No pensé que ese gol iba a ser tan importante. Lo hice y lo celebré porque era un gol que sabíamos lo que significaba, un nuevo título después de tanto tiempo. Pero lastimosamente ese título no lo pudimos celebrar. Al otro día, teníamos que venirnos para Colombia, por el famoso corralito que se extendió hasta el 28 de diciembre de 2001. Entonces, fue un sinsabor esa consagración. Pero fue uno de los más importantes de mi carrera”, remarca el ex lateral izquierdo, que disputó 54 partidos y marcó 5 tantos con la camiseta de la Academia.

Mas allá del buen recuerdo que dejó en Avellaneda, Bedoya mostró su espíritu gladiador y combativo en varios clubes. Debutó en Deportivo Pereira y pasó por Cali de Colombia, Colón, Puebla (México), Boca Juniors, Atlético Nacional de Medellín, Millonarios de Bogotá, Envigado, Boyacá Chicó, Santa Fe, Fortaleza y Cúcuta, previo a colgar los botines a los 39 años. “Mi paso terminó siendo corto, pero bueno. No todos se ponen la camiseta de Boca y rinden”, remarca el antioqueño.

Gerardo Bedoya dejó un gran recuerdo en Racing. En la foto, junto a Martín Vitali, Mostaza Merlo y Rafael Maceratesi

El General Bedoya tuvo una carrera de 20 temporadas en Sudamérica y con la selección Colombia, ganando la Copa América 2001, la única organizada en su país. Además de eso, este ex jugador cuenta con un récord -negativo- en la historia del fútbol que será muy difícil de batir: el de más expulsiones. Suma 46 tarjetas rojas, una marca de la que no se siente del todo orgulloso, aunque la acepta con resignación. “Me costó mucho, y me maltrataron demasiado”, sentenció en un mano a mano con Infobae.

– ¿Qué es de su vida, Gerardo?

– El año pasado trabajé como asistente técnico en Unión Magdalena. Y ahorita en este período no estamos trabajando. Seguimos en la búsqueda.

– ¿Le gustaría seguir vinculado al fútbol?

– Cuando lo llaman a uno del fútbol, uno que ya es director técnico y si lo llaman, siempre le pica el bichito de seguir en el fútbol. Mientras tanto, manejo negocios personales. Lo otro es puro fútbol. Y lo que más trato de hacer, es estar muy cerca de mi hija.

En Avellaneda todavía recuerdan el gol de Bedoya a River

– ¿Extraña algo de cuando era jugador de fútbol?

– Sí, se extraña todo. Pero me acostumbre a vivir sin él. Un día, Claudio Paul Caniggia dijo en una entrevista lo que sentíamos todos “es muy difícil vivir fuera del fútbol. Si a mí me dieran a escoger una nueva etapa en mi vida, sería ser de nuevo jugador de fútbol”. Yo digo lo mismo.

– ¿Pudo manejar el post retiro?

– Al principio, porque me he dado cuenta de que me afecta no estar dentro de un terreno de juego, ya que también disfruto mucho de ser director técnico. A veces, indirectamente, el ego te crece por el reconocimiento del público. No es que uno sea una persona con falta de humildad, pero el ego crece por reconocimiento y cuando ya no lo tenés y te aíslas, empiezas a sentir la lejanía que hace que a uno le pegue duro.

– ¿Y cómo hizo para manejar la situación y que su cabeza no esté pensando “ya no soy más futbolista”?

– Lo que pasa es que cuando colgué los botines, trabajé en televisión y estuve como director deportivo de todas las divisiones de Independiente de Santa Fe. Entonces, estuve muy pero muy ligado al fútbol. Lo sentí cuando renuncié y vino la pandemia. Y después que se acabó la pandemia e íbamos a volver a la vida cotidiana, ahí fue que sentí el vacío. Yo dije “ay, dios mío, ¿dónde estoy? ¿Dónde estoy parado? ¿Qué estoy haciendo?”. Me había venido a Bogotá desde Medellín. Ahí me pegó duro, hasta que me llamaron a dirigir a un equipo y volví a tener nuevamente felicidad, aunque uno no lo quiera reconocer. Nuestra felicidad es estar en un terreno de juego o estar cerca a lo que es el fútbol.

En Boca llegó para jugar algunos partidos de la Copa Libertadores de 2005, pero no pudo extender su estadía más allá de un puñado de encuentros

– ¿Cómo fue esa faceta de trabajar en televisión?

– Linda, como comentarista de fútbol. Nos tuvieron paciencia, nos daban mucha confianza y éramos muy auténticos. Fue en ESPN. Y también participé en un programa de diversión, en un Reality Show. Yo era panelista y ahí era mucho más fuerte que como comentarista de fútbol.

– Gerardo, una vez que se retiró, ¿en algún momento le dieron ganas de volver a jugar como profesional?

– Sentí en dos momentos ganas de jugar al fútbol. Uno, cuando me llevaron a ver River contra Racing en Avellaneda, en un torneo que después termina siendo campeón Racing. Fue el Racing de Diego Cocca, campeón en el 2014. Y otro momento fue cuando me llevaron con una empresa colombiana a hacer pruebas en las Eliminatorias Sudamericana hacia el Mundial de Brasil 2014. Estuve en la tribuna y se vivía tan intenso y con tanto folclore en Colombia, que me dieron ganas de volver a jugar. Pero sí, creo que se crean vacíos, porque a uno no le enseñan, por más que uno es consciente, maduro y centrado, a dejar el fútbol. A los futbolistas no nos enseñan, no nos guían y no nos dan argumentos para saber que el fútbol se acaba en algún momento. No nos enseñan a retirarnos, porque ese es uno de los discursos que yo les doy a mis jugadores. Les digo “muchachos, disfruten del fútbol, que uno va a cumplir un sueño. Porque cuando cierran los ojos y los abren, ya se están retirando”. Todo pasa muy rápido y ahí es donde uno verdaderamente siente esa ausencia.

– ¿A qué edad y por qué motivo colgó los botines?

– Me retiré a los 39 años. Había equipos que querían que siguiera dentro del fútbol, porque acabábamos de subir al Deportivo Cúcuta. Tenía muy buen nivel. Pero vino la oportunidad de trabajar en el canal deportivo y ahí me dieron a escoger. Elegí el canal deportivo con menos trajín, que me brindaba económicamente la misma posibilidad que un equipo de fútbol. Entonces, pues decidí tomarlo. No sé si me arrepiento, pero debí jugar un añito más. Lo podía hacer físicamente, pero igualmente fui feliz laburando en ese camino.

– ¿Cómo fue su llegada a Racing?

– La forma como llegué fue algo raro. Mi empresario me había comentado sobre la posibilidad de ir al fútbol argentino, pero yo había visto un documental en el que decían que Racing estaba quebrado. Entonces, hablé con Alexander Viveros y me dijo: “Gerardo ven para acá que hay gerenciamiento nuevo que va muy bien”. Al final, lo de Racing fue muy positivo. Era la primera vez que iba para el fútbol del exterior. Yo llevaba cinco años en el Deportivo Cali y para mí todo era nuevo y extraño. Pero bueno, había un grupo nuevo que también se estaba acomodando y de a poco me fui integrando.

Con los colores de Atlético Nacional de Colombia

– ¿Cómo eran las charlas técnicas de Mostaza Merlo?

– Muy agradables, motivadoras. Él de por sí es muy motivador, sobreprotector. Nos remarcaba que éramos los mejores. Nos hizo creer que no había mejores que nosotros y nos daba mucha confianza. Además, se refería a los rivales todo el tiempo. Los describía de punta a punta y los mataba, decía que eran mucho menos que nosotros. Muy gracioso todo los que nos decía.

– Muy cabulero Mostaza, ¿cuáles eran sus cábalas principales?

– Hacía cuernitos en cada jugada del rival, utilizaba la misma bufanda y en cada declaración no decía que iban a ser campeones, sino la frase tan conocida como “paso a paso”. Además, mis compañeros me decían que no se cambiaba la ropa.

– ¿Le costó apartarse al fútbol argentino?

– Llegué con mucha confianza. Y de cierta manera, me adapté rápido. No me pesó lo que era Racing, porque no era fácil jugar en ese momento en ese club, por todo lo que aquejaba en la institución. Pero fue una adaptación rápida y lo disfruté bastante. Al inicio, me preguntaba “¿será que mi fútbol sí me da en el fútbol argentino?”. Le pregunté a unos compañeros, en ese momento, de la selección Colombia, Mario Yepes y Juan Pablo Ángel. Me decían “tranquilo, aquí vas a triunfar”. Entonces, el hacer las cosas como las hice me llena de orgullo. Lo único que me costó un poco fue que jugaba con otro sistema de juego, con línea de tres carrileros. Yo siempre he jugado en una línea de cuatro y como lateral. Entonces, me costó adaptarme un poco al sistema, y más aún qué en ese sistema el fútbol argentino presionaba mucho más que el colombiano. Entonces, era un poquito difícil, pero cuando tomé confianza y me di cuenta tácticamente cómo se elaboraba o cómo se jugaba con ese sistema, me fue mucho más fácil.

Gerardo Bedoya tiene el récord de expulsiones: 46 durante toda su carrera (Foto Reuters)

– Convirtió uno de los goles más importantes en la historia de Racing, para cortar con una sequía de años sin títulos. ¿Se dio cuenta que quedó en la historia de ese club?

– Sí, indudablemente sí, hay que decirlo, porque me lo reconocen y en redes sociales me llegan mensajes a diario. No pensé que ese gol iba a ser tan importante. Lo hice y lo celebré, porque era un gol que sabíamos lo que significaba. No pensé que fuera tan importante y que le fuese a dar tanto valor. Significó un nuevo título después de tanto tiempo.

– ¿Fue la alegría más importante de su carrera?

– Sí y no. ¿Por qué te digo sí y no? Porque, lastimosamente, ese título con Racing no lo pudimos celebrar. Al otro día, teníamos que venirnos para Colombia, por el famoso corralito que se extendió hasta el 28 de diciembre de 2001. Entonces, fue un sin sabor esa consagración. Pero sí, fue uno de los más importantes de mi carrera. Yo celebré mucho también el titulo ganado en la Copa América con mi selección, y otro muy grande con Deportivo Cali.

– ¿Lo perjudicó el corralito en lo económico?

– Sí, en algunas cosas sí, pero en otras no. O sea, en los precios y en muchas cosas sí me perjudicó bastante, pero en otras cosas no me perjudicó tanto. Fue muy relativo. O sea, se quedaron con el dinero del premio de la obtención del título con Racing. Se convirtió el dólar en pesos, a un dólar tres pesos. Y entonces, disminuyó tres veces más el valor de los premios.

– ¿Qué recuerdos tiene de su paso por Boca?

– En Puebla me debían un par de meses de sueldo y el equipo futbolísticamente no estaba bien. Así que arreglé que no me pagarán esa deuda, pero que me dejaran salir para ir a Boca que me había llamado para ser refuerzo sólo para disputar la Copa Libertadores de 2005. En el club de la Ribera firmé un precontrato por tres años y mi continuidad dependía del rendimiento. Pero llegaron otros jugadores y mi paso terminó siendo corto, pero bueno. No todos se ponen la camiseta de Boca y rinden.

– Disputó tres partidos por la Libertadores ’05 y debutó frente a Junior en Barranquilla. ¿Qué tal fue ponerse por primera vez la camiseta Azul y Oro?

– Fue muy lindo, además de compartir el plantel con jugadores que habían sido campeones continentales. Boca es impresionante. Entonces, para mí fue el máximo orgullo, satisfacción y alegría. La verdad que lo viví muy bien.

– ¿Hay diferencias entre jugar en Racing y en Boca?

– En ese momento, hubo muchas diferencias porque Boca venía de ganar títulos internacionales y lo invitaban a todos lados a disputar amistosos y torneos. El poco tiempo que estuve allí, me la pasé en un hotel porque no daba tiempo para más. Yo me preguntaba: “¿será que soy capaz de aguantar lo que viene en Boca?“, porque me la pasaba viajando y en los hoteles, pero el precontrato que firmé lo tiraron para atrás y no pude continuar.

– Su último partido con la Azul y Oro fue ante el Chivas de México que se suspendió por una gresca en el campo de juego de La Bombonera. Qué mala manera de despedirse…

– Yo lo único que recuerdo es que el equipo mexicano tenía a Bautista que era muy provocador y le hizo gestos a La 12. Martín Palermo salió a defender a la hinchada y reaccionó contra el jugador. Después, el Chino Benítez lo terminó escupiendo. A raíz de eso, se suspendió y quedó para el olvido ese encuentro. No fue mi mejor despedida. Boca me había dejado, me retuvo pasaporte, me sacó visas, porque decía que yo iba a continuar. Yo no pude viajar y dejé el pasaporte, pero llegó una negociación que fue rarita. Entonces, opté por irme.

– ¿Cómo era entrar en un vestuario donde estaban Guillermo Barros Schelotto, Martín Palermo, Rodrigo Palacio, Marcelo Delgado?

– Gracias a Dios, ya había estado en la selección de Colombia compartiendo plantel con gente grande y sabía cómo amoldarme a un grupo de experimentados, que habían ganado muchos títulos. Había admiración por colegas que ya había enfrentado. No fue difícil entrar al grupo que estaba más o menos partido entre veteranos y jóvenes cuando se hacía una rueda en los entrenamientos. Eso no lo había visto en otros planteles. Se diferenciaba mucho un grupo del otro. El de los amigos que hacían su ruedita y se dividían los más jóvenes que entrenaban del otro lado. Pero cuando uno es buena persona y trabaja se adapta rápido en un equipo de futbol y le abren las puertas fácilmente.

– ¿El de Racing era un grupo más unido que el de Boca?

– El de Boca era un grupo unido, pero pasaba que se dividía en las practicas. Por un lado, los más juveniles y por el otro, Rolando Schiavi, Palermo, Guillermo. El de Racing era más unido y jugábamos todos juntos, era diferente.

– ¿Es verdad que tuvo una propuesta para ir a jugar a River?

– Sí, tuve en algún momento. No quería jugar y decidí irme para México. Me hubiera encantado, tuve la oportunidad y no se dio; siempre fue un sueño jugar en River. Cuando estaba en Racing en el 2005, me vinieron a buscar, pero tenía una cláusula en el contrato que sólo podía jugar en Racing en la Argentina. Yo manifesté mis ganas de pasar al Millonario que dirigía Manuel Pellegrini, pero el presidente de la Academia, Fernando Marín, no me dejó salir. Entonces, seguí un año más en el equipo de Avellaneda. Después, recalé en Colón de Santa Fe, posteriormente me fui al Puebla de México y volví a Sudamérica para jugar en Boca.

Bedoya con los colores de Boca Juniors (Fotobaires)

– ¿Cómo maneja el hecho de tener el récord de ser el futbolista con más expulsiones en la historia?

– Sí, el jugador con más expulsiones todavía. Ahora, ya es divertido, pero me costó mucho, me maltrataron demasiado. Ahora, por fin hay rédito económico, porque aquí acabo de hacer una campaña de una Tarjeta, precisamente, Roja de algún banco. Entonces, por fin me dio sus frutos. Pero antes, me perjudicó bastante. Fui maltratado verbalmente por mucha gente, pero ahora me adapté. La gente se ríe, y es otro mundo por fuera. Pero fue complejo.

– Pero ¿por qué lo maltrataron, que le decían?

– De todo. O sea, fui de los jugadores más insultados en el fútbol colombiano. Pero la gente, a veces, intentaba sacarme de quicio. Como tratar de incomodarme, para buscar discusiones nuevas.

– ¿Le quedó alguna cuenta pendiente de tu carrera?

– Sí, tuve la oportunidad de ir a Europa, y no lo acepté. Me dio miedo porque en algún momento yo no tenía bien el ligamento en la rodilla, y pensaba que no iba a pasar los exámenes. Entonces, no me arriesgué y quedé con esa cuenta pendiente de haber podido jugar en ese continente.

– ¿Qué equipo lo fue buscar?

– Muchos. Cuando estaba en Racing, fueron unos empresarios que me querían llevar en ese momento al Werden Bremen de Alemania, la Reggina de Italia no me ofreció lo suficiente. Hubo la posibilidad de ir a Rusia. En ese tiempo, no quise ir a Rusia, porque casi que no había jugadores sudamericanos, y era mucho más complejo. En Escocia, el Celtic también me buscó. Y el Celta de Vigo también me ofrecieron. Pero no acepté.