
Desde diciembre de 2023, con la asunción del presidente Javier Milei, Argentina experimenta un proceso de transformación. Como todo proceso de cambio implica aciertos y desaciertos. Para que estos cambios sean exitosos, deben abordar las debilidades detectadas desde su raíz.
En los últimos años, Argentina presentó un serio problema con la creciente tasa de inflación, originada por desequilibrios macroeconómicos vinculados a la monetización del déficit fiscal y la consiguiente emisión monetaria, que presionó de forma constante el índice inflacionario.
El primer logro del Gobierno es sostener el equilibrio fiscal, atacando una de las raíces de los problemas de la Argentina. La gran mayoría de los meses presentó superávit fiscal primario y financiero. No obstante, algunas luces amarillas aparecen en el superávit primario: la serie desestacionalizada desde julio de 2025 muestra una tendencia levemente decreciente.
Al equipo económico le resulta cada vez más difícil sostener los ingresos tributarios, ya que por el lado del gasto público prácticamente no queda margen de ajuste. La eliminación o reducción de impuestos que distorsionaban la actividad económica, como la baja en las retenciones a las exportaciones, junto con la caída del consumo en los últimos meses, han impactado en la recaudación del IVA y explican parte de este comportamiento.
La eliminación o reducción de impuestos que distorsionaban la actividad económica han impactado en la recaudación del IVA
La disminución de la tasa de inflación mensual -es decir, el proceso de desinflación- resultó exitosa tras el pico de diciembre de 2023, propio del ajuste del tipo de cambio inicial para normalizar la economía. Descendió del 25,47% mensual al 1,5% en mayo de 2025. Las señales de alerta surgieron entre junio de 2025 y febrero de 2026: durante nueve meses, la tasa de inflación mensual retomó una senda creciente, alcanzando el 2,9% mensual en los últimos dos meses.
Hay factores que ayudan a entender este fenómeno. Uno es el ajuste de los precios relativos en los servicios públicos, mantenidos artificialmente bajos durante más de doce años. Ahora, la recomposición de las tarifas de este sector supera el promedio del IPC.
Además, rubros como alimentos y bebidas no alcohólicas han exhibido incrementos por encima del IPC en los últimos meses. El gobierno tendría que haber comunicado de manera más clara y prudente el desarrollo de este proceso, evitando proyectar expectativas demasiado optimistas respecto de la caída en la inflación, incluso para proteger su propia imagen.
El mercado y las reservas: exigencias y respuestas
En octubre de 2025, con las elecciones de medio término, el Gobierno obtuvo un segundo voto de confianza renovado de la sociedad argentina. Entre otras variables, el mercado exigía la acumulación de reservas. El equipo económico tomó nota y el Banco Central de la República Argentina (BCRA) comenzó a comprar dólares, acumulando compras netas por más de USD 4.500 millones, superando el 45% de su meta para este año.
El ingreso de divisas por exportaciones agroindustriales, la colocación de deuda de empresas en dólares y el arribo de capitales para aprovechar un dólar estable con el objetivo de realizar carry trade, permitieron que el país recibiera dólares y que el BCRA acumulara reservas.
El tipo de cambio real, que mide la competitividad de la Argentina, vuelve a estar retrasado. Es decir, se pierde competitividad
Sin embargo, el tipo de cambio real, que mide la competitividad de la Argentina, vuelve a estar retrasado. Es decir, se pierde competitividad, independientemente de la coyuntura de los últimos meses. El atraso cambiario no favorece de forma sostenible a la economía argentina. El Gobierno debe prestar atención a este punto.
Desempeño de los sectores productivos y empleo
Existen algunos puntos más delicados, relacionados con el nivel de actividad de sectores clave en la Argentina que emplean la mayor proporción de mano de obra. No es casual que el desempleo haya trepado al 7,5% en el último trimestre de 2025, ascendiendo 0,9 puntos porcentuales respecto del trimestre anterior.
La actividad industrial, medida por el IPI que publica el Indec, entre mayo y noviembre de 2025, mostró una leve tendencia decreciente. En enero de 2026, registró un breve repunte. En el caso de la construcción, desde julio de 2025, la serie desestacionalizada del índice construya presenta also una tendencia descendente. Por su parte, el sector comercial pyme, según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), registra una variación interanual negativa en las ventas, mes a mes, desde mayo de 2025.
Estos sectores figuran entre los perdedores del modelo económico. No existen “buenos o malos”, sino sectores que buscan adaptarse continuamente a una economía argentina sujeta a constantes cambios.
Las economías más libres y abiertas al mundo tienden a mostrar mayor prosperidad, y la dirección en ese sentido es la adecuada. No obstante, los ajustes no son automáticos. Es decir, las industrias y pyme deben prepararse para competir mediante un esquema temporal planificado que les facilite ser más competitivas.
Las industrias y pyme deben prepararse para competir mediante un esquema temporal planificado que les facilite ser más competitivas
Los elevados costos impositivos y laborales restringen la capacidad de las empresas e industrias argentinas para competir, un factor completamente externo a ellas mismas.
Los incrementos de las tasas de interés previos a las elecciones de octubre de 2025, destinados a contener la cotización del dólar, limitaron la liquidez del sistema, la financiación y la posibilidad de acceso a capital de trabajo. Las políticas monetarias suelen evidenciar sus efectos entre seis y 18 meses.
Así como se avanza con una política de apertura comercial, el país debe garantizar marcos de competitividad sostenible en el tiempo para pymes e industriales nacionales, donde la capacidad competitiva desempeñará su papel fundamental.
El autor es economista y director de Authentica Consulting














