
La tranquilidad de Lara Bernasconi durante su estadía en las playas de Punta del Este transmite una imagen de equilibrio y bienestar. La modelo y empresaria eligió un country de José Ignacio como refugio para compartir tiempo con su familia y, a la vez, dedicarse a proyectos personales. Este espacio se convierte en el escenario donde se entrelazan sus rutinas cotidianas y una búsqueda constante de serenidad.
El entorno de Punta del Este, con su ritmo pausado y su paisaje costero, le ofrece la posibilidad de conectar con lo esencial. Desde su casa en el country, la modelo organiza sus días entre paseos, reuniones y momentos de introspección. La convivencia con su pareja, Federico Álvarez Castillo, y su hijo Iñaki, de ocho años, imprime un tono familiar a las jornadas.

La serenidad parece ser un valor central en esta etapa. Lara disfruta de la calma junto a sus seres queridos, equilibrando las exigencias profesionales con la vida doméstica. Los días de descanso se viven con intensidad, pero también con sobriedad, privilegiando la compañía y el tiempo compartido.
La playa se convierte en un punto de encuentro y esparcimiento para Lara y su familia. Los paseos con el menor son una constante, incluso cuando el clima no acompaña. En esas ocasiones, la modelo opta por actividades alternativas, como llevar a su hijo de compras, demostrando una capacidad de adaptación a las circunstancias.

Los días soleados, en cambio, la encuentran en la Playa Mansa, rodeada de amigos y disfrutando del aire libre. En ocasiones, se la vio compartir almuerzos en bares cercanos, siempre en compañía de su familia y de su grupo más íntimo. Esta dinámica refuerza la idea de una rutina donde el disfrute y la sencillez ocupan un lugar prioritario.
La presencia de Federico, aunque menos asidua en la playa por compromisos laborales, no impide que Lara mantenga una agenda activa. El empresario se dedica a sus actividades mientras ella organiza la vida familiar, logrando así un equilibrio entre los espacios individuales y los momentos compartidos.

La familia de Lara no solo está formada por su pareja y su hijo, sino también por los hijos de Federico, Indalecio y Luna, fruto de una relación anterior con Paula Cahen D’Anvers. Esta convivencia da lugar a una familia ensamblada que apuesta por el respeto y la empatía.
En las imágenes recientes se observa la naturalidad con la que Lara comparte tiempo con todos los chicos, consolidando un vínculo armónico donde cada integrante encuentra un lugar propio. La apertura al diálogo y la disposición para sumar y acompañar marcan la dinámica diaria, alejando cualquier tensión y privilegiando la construcción conjunta.

El respeto mutuo y la generosidad en los vínculos se evidencian en las actividades compartidas y en la manera de abordar los desafíos cotidianos. La familia ensamblada se presenta como un modelo posible, donde la diversidad de historias suma y enriquece la convivencia.
Es que Lara aborda la maternidad con realismo y entrega. En sus propias palabras: “Me encanta ser mamá, pero la verdad es que no me imaginaba que era tan difícil; un hijo es una responsabilidad enorme”, expresó hace unos meses en charla con Infobae. La modelo busca transmitir a Iñaki los valores que marcaron su propia infancia, como la simpleza y la alegría en las cosas cotidianas.

La exigencia personal se refleja en su rutina diaria. Hace tres años y medio decidió emprender en el mundo de la indumentaria infantil, lanzando su propia marca de ropa para niños. Desde entonces, organiza sus días para cumplir con los compromisos laborales y las responsabilidades familiares. “Me exijo mucho, quiero cumplir con todos, y hago lo mejor que puedo”, reconoció, al dejar ver el esfuerzo que implica sostener ese equilibrio.
El crecimiento interior y profesional atraviesa cada una de sus decisiones. La serenidad de Punta del Este, el contacto permanente con la naturaleza y el sostén de la familia parecen ser los pilares sobre los que Lara construye su presente.