
Después de dos días llenos de energía, gritos y euforia, el Hipódromo de San Isidro vive su última jornada de Lollapalooza Argentina. Sin embargo, la nostalgia no invade a los fanáticos, sino que todo lo contrario. Con la cuenta regresiva activada, miles de fans ansían la llegada de Sabrina Carpenter, Doechii y Deftones. Así, blusas rojas, rosas y prendas con marcas de besos rojos invaden el predio, representando a los seguidores de la intérprete de “Please, please, please”. Mientras tanto, artistas como Reybruja, Ryan, Massacre y Yami Safdie animan las primeras horas de la tarde.

El primero en recibir al público fue Reybruja, quienes iniciaron su show a las 13.30 en el Samsung Stage. Los jóvenes integran el line up como una banda de rock que recurre a distintos recursos musicales. Utiliza guitarras en los momentos clave, armónicas que remiten a Bob Dylan, maracas y panderetas que establecen un ritmo marcado. La presencia escénica de sus integrantes suma intensidad a cada presentación en vivo.

El primer EP del grupo, Superestrellas del barrio, se publicó en 2023 y aborda emociones vinculadas con la juventud. En su propuesta se perciben distintas influencias, desde el legado de cantautores como Dylan, Fito Páez, Andrés Calamaro, Tom Waits y Charly García, asociados a la narrativa y a las melodías, hasta elementos del rock de la calle y la energía de bandas como The Rolling Stones, Ratones Paranoicos, Oasis e Intoxicados. El lanzamiento de ese trabajo marcó el inicio de una etapa con un total de 52 recitales durante el año.
En el otro extremo del campo, en el Alternative Stage, Ryan sacudía la tarde. El grupo de rock argentino utilizó su presentación para estrenar su último trabajo, “Úsame”, primer adelanto de su próximo disco ‘Zafarrancho’. La canción marca un cambio en la trayectoria de Ryan, quien presenta un sonido más amplio y una imagen distinta dentro de la escena. El músico propone una pieza centrada en una máquina del tiempo que no pretende reparar lo sucedido, sino destruirlo por completo. La letra aborda temas como el deseo, la culpa y la fascinación, con una mirada sobre un corazón que nunca llega a tiempo.


Cerca de esta área, quien sumó potencia al espíritu rockero fue Massacre. Walas salió a escena junto a sus compañeros, luciendo su clásico sombrero pescador, musculosa negra y una camisa celeste con flores blanca. Desde la década de 1980, la banda consolidó una identidad propia entre los seguidores del rock alternativo, convirtiéndose en una referencia del circuito underground y ganando reconocimiento entre un público más amplio. En los años 2000, especialmente a partir del lanzamiento de “El Mamut” en 2007 —precedido por “12 nuevas patologías” (2003) y el álbum en vivo “Diferentes Maneras” (2005), que ya contaban con difusión en medios—, el grupo se estableció como uno de los principales exponentes de su género y alcanzó mayor visibilidad en la escena mainstream.

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