En el último año, la inteligencia artificial fue avanzando silenciosamente en múltiples ámbitos de la vida humana. Ya no solo se utiliza como soporte para el trabajo o el estudio, sino como un asistente que recomienda qué leer o comprar, analiza estudios médicos, sugiere opciones para invertir los ahorros y organiza agendas. Pero, ¿cuáles son los mayores usos que tuvo efectivamente en el último año?
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Según una investigación de Microsoft, que analizó una muestra de 37,5 millones de conversaciones desidentificadas con Copilot (extraen el resumen de la conversación, pero mantienen la privacidad), la IA se utiliza, sobre todo, para tomar decisiones de autocuidado, vinculadas a la salud. Explican que, en el uso diario, cuando se cuenta con la IA en el celular o el bolsillo, abundan las consultas vinculadas al seguimiento de bienestar, los consejos, las rutinas y dudas frecuentes aparecen de manera constante.
“No importa el día, el mes o la hora, los temas relacionados con la salud dominan cómo la gente utiliza Copilot en sus dispositivos móviles. Ya sea para hacer seguimiento del bienestar, buscar consejos de salud o gestionar rutinas diarias, nuestros usuarios recurren de manera constante a Copilot para recibir apoyo en una vida más saludable”, detalla el informe.

El análisis también distingue otros comportamientos, según momentos del día o de la semana. En primer lugar, señala que abundan las conversaciones vinculadas a programación durante los días hábiles y las relacionadas a videojuegos los fines de semana. También agregan que la IA se utiliza para navegar momentos personales y sociales, algo que alcanzó un pico en febrero, especialmente el día de San Valentín. En horas nocturnas, predominan las consultas o conversaciones en relación a temas como religión y filosofía, mientras que asuntos vinculados a los viajes se suelen concentrar en horas donde se hacen desplazamientos.
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Vale agregar que, aunque la búsqueda de información se mantiene como el uso más extendido de Copilot, detectaron un claro aumento de personas que buscan consejo, en especial en temas personales. “Ya sea al navegar relaciones, tomar decisiones vitales o tan solo cuando se necesita un poco de orientación, cada vez más usuarios recurren a nuestra IA para recibir apoyo reflexivo, no solo respuestas rápidas”, explica el estudio y agrega: “Esta tendencia creciente pone de manifiesto cómo las herramientas digitales se han comenzado a convertir en compañeras de confianza para las preguntas cotidianas de la vida”.
Siete tendencias transformadoras del 2026
En su análisis, Microsoft identifica siete tendencias que considera que se instalarán en 2026:
- La IA se integrará como colaboradora y amplificará el trabajo: equipos pequeños podrán ejecutar proyectos ambiciosos con IA apoyando análisis, contenido y personalización.
- Mayor confianza en los agentes de IA: en un contexto donde los hackers ya hacen uso de la IA, los defensores de seguridad se apoyarán cada vez más en agentes especializados, que ayudarán a detectar amenazas más rápido.
- La inteligencia artificial en salud: ante la demanda creciente y la escasez de personal en este ámbito, las herramientas de IA podrían permitir ampliar el acceso a la salud y servir como un apoyo fuerte para los profesionales. Entre ellos, el estudio destaca la herramienta MAI-DxO, que reportó 85,5% de precisión en 2025 para el diagnóstico de casos clínicos complejos.
- Aceleración de la investigación científica: el uso de la IA como asistente de laboratorio ayuda a analizar datos, plantear hipótesis y colaborar en el diseño/ejecución de experimentos, reduciendo tiempos y abriendo oportunidades de descubrimiento.
- Una nueva etapa en desarrollo de software: desde Microsoft explican que, con el tiempo, la IA podrá entender no solo el código, sino su contexto e historia, lo que habilitará sugerencias más precisas, detección temprana de errores y automatización de correcciones rutinarias.
- Infraestructuras de IA más eficientes y sostenibles: consideran que la infraestructura vinculada a la IA, como los centros de datos o los servidores, serán más eficientes (consumiendo menos energía, menos hardware y menos costos para lograr el mismo o mejor resultado) y más sostenibles, ya que se reducirá el impacto ambiental.
- Computación cuántica: la combinación de IA, supercomputación y sistemas cuánticos se acerca a resolver problemas fuera del alcance clásico, con potencial impacto en materiales, medicina y energía.

Una IA transformadora
En 2025, la inteligencia artificial ganó terreno y dejó su marca: nuevos usuarios empezaron a usar estas plataformas y gigantes tecnológicos anunciaron fuertes inversiones en esta industria. ChatGPT alcanzó los 700 millones de usuarios activos semanales en julio de 2025, según una investigación realizada por la misma plataforma junto a economistas de Harvard. Además, las proyecciones de UBS -uno de los mayores bancos y grupos de servicios financieros del mundo-, aseguraban que se esperaba que el gasto anual global en inteligencia artificial (entre infraestructura de IA, energía y recursos para la demanda de electricidad) ascendiera a US$375.000 millones para el cierre del 2025. Pero, ¿qué hace falta para que el impacto cruce el umbral y despegue definitivamente en 2026?
Expertos explican que, aunque la adopción de inteligencia artificial ha crecido a lo largo del 2025, la transformación real sigue siendo limitada. “Si las empresas realmente lograran incorporar la inteligencia artificial de forma profunda, el impacto sería enorme”, apunta el Dr. e Ing. Carlos Arana, profesor de UCEMA y consultor.
En ese sentido, los especialistas coinciden en que es necesario incorporar cambios culturales y organizacionales, que transformen los procesos, para que la inteligencia artificial logre una integración sólida y genere un crecimiento sostenible. “La IA no es un plugin: es un rediseño profundo de cómo trabajamos, decidimos y coordinamos. Mientras las empresas no cambien procesos y roles, la tecnología no podrá generar su impacto pleno”, explica Ingrid Toppelberg, instructora de Innovación en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).
Belén Ortega, empresaria y especialista en inteligencia artificial, coincide con Toppelberg y destaca que la inteligencia artificial tiene que dejar de ser un parche o un “extra” y se debe incorporar al diseño de procesos. “Hay que integrar a la IA como parte estructural, no como accesorio”, destaca y agrega que, al cambio de mentalidad en los procesos, es necesario contar con talento capacitado para estos cambios. “Invertir en formación: sin equipos con conocimientos adecuados, sin cultura interna de uso racional, sin ética, sin capacitación, la tecnología por sí sola sirve poco”, explica Ortega.
Esta adopción transformadora sugerida por los especialistas se vuelve urgente, si se tiene en cuenta que esta herramienta impregna cada vez más nuestra vida. “De cara a 2026, la inteligencia artificial ya no es una promesa lejana ni una herramienta reservada para especialistas, sino un apoyo cotidiano que acompaña desde tareas prácticas hasta decisiones personales y que seguirá ganando profundidad en la forma en que trabajamos, aprendemos y nos cuidamos”, concluye el informe de Microsoft.