
El lunes, fuerzas de seguridad del Gobierno de Siria ingresaron a la ciudad de Hasaka, bastión kurdo en el noreste del país, como parte de un acuerdo de integración alcanzado la semana pasada con las autoridades kurdas. La medida marca el inicio de la transferencia progresiva de las instituciones militares y civiles controladas por los kurdos al Estado central, tras semanas de enfrentamientos y tensiones que llevaron a la pérdida de territorio por parte de las fuerzas kurdas.
Según el pacto firmado el viernes, el despliegue contempla el ingreso parcial de personal de seguridad dependiente del Ministerio del Interior sirio a ciudades como Hasaka y Qamishli, mientras que las fuerzas militares gubernamentales no penetrarán en zonas de mayoría kurda. El acuerdo busca estabilizar el cese de hostilidades, la integración gradual de las milicias kurdo-árabes en el Ejército sirio y la normalización administrativa de las regiones que hasta ahora gozaban de autonomía de facto.
El arribo de los convoyes oficiales fue observado por residentes que ondeaban banderas sirias y expresaban su apoyo. En paralelo, la ciudad permanecía bajo toque de queda temporal impuesto por las fuerzas kurdas. Marwan al-Ali, jefe de seguridad interna designado por el gobierno en la provincia de Hasaka, instó a sus unidades a cumplir sus tareas conforme a las leyes y proteger tanto a la población como los bienes públicos y privados.
Mazloum Abdi, comandante de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), confirmó que ambas partes retirarían efectivos de posiciones de primera línea en Hasaka y en la localidad de Kobane. En esta última, situada a más de 200 kilómetros de Hasaka, se reportó la entrada de fuerzas de seguridad sirias en áreas periféricas, mientras un convoy humanitario de Naciones Unidas accedió a la ciudad con 20 camiones de ayuda.

El acuerdo también contempla la transferencia de infraestructuras estratégicas como los campos petroleros, el aeropuerto de Qamishli y los pasos fronterizos al control del Estado en un plazo de diez días. La administración siria busca así extender su autoridad sobre todo el territorio nacional, dejando únicamente la provincia de mayoría drusa de Sweida fuera de su control directo. En esa región y en la costa alauita se han registrado episodios recientes de violencia sectaria.
Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía —aliado clave de Damasco y adversario de las fuerzas kurdas en Siria—, advirtió que cualquier intento de sabotear el acuerdo sería reprimido. Erdogan declaró que la implementación del pacto abre “una nueva página” para el país y exigió que se cumpla sin dilaciones ni obstrucciones.
El Ministerio del Interior sirio señaló que el despliegue garantiza una transición ordenada de la seguridad, la protección ciudadana y la promoción de la estabilidad bajo la normativa vigente. Por su parte, fuentes kurdas calificaron la iniciativa como una “prueba” para la cooperación futura con el gobierno central y alertaron sobre el riesgo de perder los derechos adquiridos durante años de autogobierno en la región conocida como Rojava.

Las áreas kurdas, que incluyen comunidades árabes y otras minorías, habían establecido una administración propia y combatido al Estado Islámico en alianza con una coalición internacional liderada por Estados Unidos. Tras la caída del antiguo régimen de Bashar al-Assad a finales de 2024 y la llegada al poder de autoridades islamistas, las garantías formales de protección a las minorías permanecen bajo vigilancia de la comunidad internacional.
En paralelo a los acontecimientos en Siria, un tribunal de Irak anunció el inicio de investigaciones contra 1.387 presuntos miembros del Estado Islámico transferidos desde prisiones sirias, con un total aproximado de 7.000 combatientes a ser juzgados en territorio iraquí.
El avance de las fuerzas gubernamentales en Hasaka y otras áreas kurdas representa un giro en el equilibrio de poder en el noreste sirio, donde sectores árabes apoyaron la ofensiva oficialista tras denunciar discriminación bajo la administración kurda. Mientras tanto, parte de la población kurda mantiene su escepticismo ante la transición, temiendo el regreso a una situación de marginación histórica, dado que muchos carecen de ciudadanía y ven amenazada su aspiración de autogobierno.
Hasaka y Qamishli habían estado bajo control kurdo desde los primeros años de la guerra iniciada en 2011, configurando el núcleo de la autonomía política, económica y de seguridad en el noreste sirio.
(Con información de AFP, Europa Press y AP)