Ralph Fiennes en '28 años después': El templo de los huesos', dirigida por Nia DaCosta (Sony Pictures)

El estreno el año pasado de 28 años después, marcó no solo el regreso de Danny Boyle y Alex Garland a una saga que transformó el género del terror, sino también supuso una revisión profunda de su sentido alegórico en el contexto contemporáneo.

Esta tercera entrega, que ha dado inicio a una nueva trilogía tras la icónica 28 días después (2002), llegó en un momento en que las narrativas sobre virus y cuarentenas habían adquirido una renovada resonancia por la experiencia social reciente de la pandemia de COVID.

La evolución de los ‘infectados’, que desde el inicio la franquicia ha diferenciado explícitamente de los zombis tradicionales, se encargó de mantener su carga simbólica ampliando su alcance. Según detalló el propio Danny Boyle a Infobae cuando se estrenó la película, el énfasis en referirse a los antagonistas como ‘infectados’ respondía a la voluntad de disociarlos del cliché zombi clásico.

Este matiz ha conferido a la saga un perfil propio, tanto en estética como en planteamiento temático. Desde su debut, la franquicia ha incidido en cómo la violencia surge cuando las instituciones fallan a la población: los horrores no provienen solo del virus, sino de la respuesta humana al colapso del orden social.

Aaron Taylor-Johnson y el pequeño Alfie Williams en '28 años después', de Danny Boyle (Sony Pictures)

La anterior película situaba la acción casi treinta años después de la aparición inicial del “virus de la rabia”, confinando la infección a Reino Unido tras una cuarentena impenetrable. El personaje central era Spike, un niño de doce años que, junto a su padre Jamie (Aaron Taylor-Johnson), abandonaba la seguridad de Holy Island (una comunidad aislada al noreste de Inglaterra) cumpliendo un rito de paso que exponía la precariedad y la violencia latente fuera del refugio insular.

La madre de Spike, Isla (Jodie Comer), debilitada por una enfermedad diferente al virus, se convierte así en el motor de la travesía al continente, donde ambos buscan a un médico superviviente, interpretado por Ralph Fiennes. Esta estructura se encargaba de iniciar un nuevo ciclo de relatos, donde confirmándose la intención de que esta trilogía funcione con tres arcos ‘autoconclusivos’ pero conectados.

La evolución de los infectados

El filme inventaba nuevas variantes de infectados, no limitándose a los clásicos velocistas del primer filme. Junto a los hordas tradicionales, ahora existían “alphas”, mutaciones de gran tamaño y fuerza, y criaturas más lentas conocidas como “slow-and-lows” o ‘reptantes’, que han resultado de la adaptación evolutiva del virus dentro del ecosistema cerrado británico.

La narrativa aprovechaba para explorar, a través de la dinámica de la comunidad en Holy Island, una vida precaria y casi preindustrial, marcada por la autosuficiencia y la vigilancia armada constante ante la amenaza exterior. En paralelo, el aislamiento de la isla se convierte en detonante simbólico, potenciado por el contexto que inspira el guion. En ese sentido, Boyle señaló que la decisión de no internacionalizar el virus (corrigiendo lo sugerido en 28 semanas después) se vinculaba a la experiencia del Brexit, que describía como un mirar “hacia atrás” del país.

El guion, además, se vio influido por las lecciones de la pandemia de COVID-19, desde el repliegue inicial hasta la paulatina relajación de medidas y el surgimiento de nuevas formas de riesgo.

El trayecto de Spike e Isla por el territorio devastado les enfrentará a nuevas amenazas y les ponía en contacto con figuras como un soldado sueco varado y el propio Dr. Kelson, referente ambiguo entre la ciencia y la resistencia.

Fiennes, cuyo personaje se protege con yodo y parece haber establecido una convivencia frágil con los infectados, introduce una reflexión sobre la dignidad y la memoria colectiva: “Ese acto de dignidad nos humaniza. Están muertos. Se han ido. Pero los recuerdas y los honras”, decía aludiendo a los monumentos levantados en homenaje a las víctimas del virus.

Innovación visual y nueva dirección en la franquicia

Desde el punto de vista visual y narrativo, 28 años después apostó por una estética radical a cargo del director de fotografía Anthony Dod Mantle, quien ha desarrolló un sistema de rodaje con hasta veinte iPhones montados simultáneamente para captar una acción fragmentada y vertiginosa.

El montaje, con uso intensivo de ángulos inclinados y congelaciones de imagen, buscaba trasladar la urgencia y el desconcierto, aunque este estilo puede resultar sugerente para algunos espectadores y, para otros, excesivo.

'28 años después' ya introducía al personaje de Ralph Fiennes

La película se define asimismo por un marcado acento en el desarrollo de personajes, con el joven Alfie Williams como Spike destacando en un papel que equilibra vulnerabilidad y determinación, junto a Comer y un Fiennes que aporta “claridad moral” en una narrativa caracterizada por el caos y la violencia.

De fondo, la serie mantiene su vocación alegórica: si la primera entrega fue recibida en su día como una parábola post-11-S, la última reinterpreta los miedos y tensiones derivadas del aislamiento nacional, la redefinición de fronteras y la respuesta colectiva ante lo desconocido.

La saga se expande: y lo hace muy bien

La saga se expande ahora con 28 años después: El templo de los huesos y el regreso de Jim. El futuro de la saga ha pasado a manos de Nia DaCosta (responsable de la nueva versión de Candyman o la reciente Hedda) y ha sido considerada como la mejor película de la franquicia hasta la fecha.

En este capítulo se reduce el protagonismo de los zombis en beneficio de una exploración más profunda del conflicto y la psicopatía humana. Ralph Fiennes y Jack O’Connell lideran un reparto en el que las amenazas más inquietantes proceden de una banda de no infectados (los “Jimmies”, liderados por un carismático y violento Sir Lord Jimmy Crystal) que ejemplifican la degeneración ‘postapocalíptica’ de la sociedad.

El personaje de Dr. Kelson, envuelto en ambigüedad y malentendidos, se convierte en eje moral frente al monstruoso “Samson”, un “alpha” de dimensiones colosales que revela nuevas facetas de la coexistencia posible con los infectados.

Ralph Fiennes en '28 años después: El templo de los huesos' (Sony Pictures)

Frente al esquema tradicional del género, la película invierte las prioridades: “los no zombis son más cinematográficos”. La secuencia final de El templo de los huesos, supone un hito largamente esperado por los seguidores de la saga.

Y es que Cillian Murphy regresa como Jim, protagonista del original 28 días después. Se le muestra en una existencia rural junto a su hija adolescente en la campiña de Cumbria, evocando una tranquila rutina que pronto se verá alterada por los sucesos exteriores.

El reencuentro de Jim con los nuevos protagonistas (Spike y Kelly, en plena huida) sirve de puente para la próxima entrega, en la que, según anticipó Boyle, el arco de Murphy se desarrollará en torno al tema de la redención, cerrando así el círculo iniciado dos décadas atrás. Así, el impacto de la saga se mantiene vigente, demostrando cómo una película de culto de 2002, ha sabido reinventarse de acuerdo a los nuevos tiempos generando nuevas vías dentro del terror contemporáneo.