Un reciente estudio en Países Bajos revela de qué depende el rendimiento intelectual infantil (Imagen Ilustrativa Infobae)

Algunos niños parecen resolver problemas con una rapidez sorprendente, recordar datos con facilidad o encontrar soluciones creativas donde otros se traban. ¿Qué ocurre en sus cerebros para que destaquen de esa manera?

Un reciente estudio realizado en Países Bajos identificó una pista clave: el secreto no está en tener más neuronas, sino en lograr un equilibrio interno ideal entre señales que activan y señales que moderan la actividad cerebral. Este ajuste invisible, casi como si el cerebro afinara sus propios controles, marca la diferencia en el rendimiento intelectual durante la infancia y la adolescencia.

El estudio llevado adelante por el Radboud University Medical Center y el Amsterdam UMC se basó en una hipótesis central: el cerebro humano funciona de manera óptima cuando logra un equilibrio preciso entre la excitación y la inhibición de las neuronas. Así como un auto requiere una dosificación justa de acelerador y freno para avanzar con seguridad, la mente necesita ese balance para procesar información de manera eficiente.

El cerebro humano funciona de manera óptima cuando logra un equilibrio preciso entre la excitación y la inhibición de las neuronas (Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo, dirigido por Gianina Cristian, Gert Jan van der Wilt, Hilgo Bruining y Klaus Linkenkaer-Hansen, analizó la actividad cerebral de 128 niños y adolescentes de entre seis y 19 años en Países Bajos. La investigación utilizó electroencefalogramas (EEG) y pruebas abreviadas de inteligencia basadas en la Escala de Wechsler para identificar los patrones cerebrales asociados a los distintos niveles de cociente intelectual.

Un biomarcador invisible que predice el rendimiento

La clave del hallazgo reside en dos medidas extraídas del EEG: el índice funcional de excitación/inhibición (fE/I) y el exponente “1/f” aperiodico. El primero cuantifica el equilibrio entre neuronas que estimulan y neuronas que regulan la actividad cerebral. El segundo evalúa la pendiente de fondo en el espectro de frecuencias eléctricas del cerebro.

“Nuestros resultados muestran que las diferencias individuales en biomarcadores cerebrales sensibles al equilibrio excitación-inhibición en las redes de asociación pueden estar vinculadas a diferencias de cociente intelectual, y que este vínculo depende de la edad”, afirmó Klaus Linkenkaer-Hansen.

El Radboud University Medical Center y el Amsterdam UMC analizaron la actividad cerebral de 128 niños y adolescentes (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los participantes que obtuvieron los puntajes más altos en las pruebas de inteligencia presentaron valores de fE/I en la corteza de asociación cercanos al valor teórico ideal de 1. En cifras, el grupo con IQ elevado mostró un promedio de 0,98 en esa zona cerebral, mientras que quienes registraron menor IQ se encontraban más alejados del punto de equilibrio.

Adolescencia, maduración cerebral y rendimiento intelectual

El trabajo, publicado en el Journal of Neuroscience, señaló que la relación entre el equilibrio neuronal y la inteligencia se vuelve más marcada en la adolescencia, etapa en la que maduran las regiones cerebrales responsables de integrar información y sostener procesos cognitivos complejos.

Según la clasificación Yeo7 atlas, el estudio mapeó siete redes cerebrales, separando áreas sensorimotores y de asociación. Mientras las primeras alcanzan el máximo equilibrio durante la preadolescencia, el vínculo entre criticidad cerebral e inteligencia se intensifica en las áreas de asociación conforme avanza la maduración.

El equilibrio entre excitación e inhibición neuronal se asocia directamente con los niveles de inteligencia en la infancia y adolescencia (Imagen Ilustrativa Infobae)

En estas redes más integradoras, el exponente “1/f” también fue menor en los niños con mejor rendimiento intelectual, con un promedio de 1,41. Aunque no existe un valor universal óptimo para este indicador, los autores lo consideran un complemento valioso para comprender la dinámica cerebral.

Una herramienta para el futuro de la neurociencia infantil

Este avance científico abre nuevas posibilidades para la evaluación del desarrollo cerebral. Los registros de EEG, accesibles y de bajo costo, podrían convertirse en marcadores tempranos para identificar niños en riesgo de trastornos del neurodesarrollo.

Se utilizaron electroencefalogramas y pruebas de inteligencia para correlacionar los patrones cerebrales con el cociente intelectual - (Imagen Ilustrativa Infobae)

“El objetivo era identificar asociaciones en una población típicamente neurodesarrollada y sentar una base normativa para futuras investigaciones, especialmente en trastornos del neurodesarrollo”, señaló el equipo de Radboud University Medical Center.

El trabajo, de carácter transversal, no permite establecer una relación causal entre el equilibrio neuronal y la inteligencia, y los resultados se basan en mediciones en reposo y en una muestra representativa de la población infantil neerlandesa. Sin embargo, los científicos planean avanzar hacia estudios longitudinales que sigan la evolución de estos biomarcadores a lo largo del tiempo y en contextos clínicos.

El nuevo estudio subraya que la inteligencia infantil no depende solo de la genética o del ambiente, sino también de la sintonía interna de las redes cerebrales. El equilibrio entre excitación e inhibición se perfila como un parámetro clave para entender por qué algunos cerebros rinden más y cómo ese rendimiento se puede potenciar a lo largo del desarrollo.