La revelación de Ernestina Pais sobre su lucha contra el alcoholismo dejó expuesta la fragilidad y el coraje que atraviesan a quienes deciden enfrentar una adicción. La conductora y actriz se quebró al recordar la etapa más difícil de su vida, señalando: “Yo bebía llorando”. La compañía y el apoyo de su familia resultaron decisivos para su recuperación, en un proceso que la llevó a internarse durante más de seis meses.
La historia de Pais no se limita al relato de un padecimiento personal. Su testimonio abre una ventana a los desafíos de quienes, atrapados en el consumo problemático de alcohol, deben atravesar no solo la dependencia física, sino también las consecuencias sociales y emocionales que arrastra la enfermedad. Ernestina admitió que solo pudo salir adelante cuando se permitió pedir ayuda: “Si yo pude asumir en mi vida la cosa más fuerte que vos le podés decir a un hijo o a una mamá, que es: ‘Yo no doy más, hasta acá llego’. ¿Cómo no voy a poder dar otras batallas?”.
Durante la entrevista al ciclo El ejército de la mañana, del canal de streaming Bondi, Pais relató que su recuperación incluyó una internación prolongada y un proceso judicial que la obligó a cumplir con el tratamiento.“Yo fui judicializada. ¿Y sabés lo que implica la judicialización? Que hagas un tratamiento, no es que te meten preso. Vos no lo estás entendiendo, con lo cual, te vamos a internar para que cumplas el tratamiento», rememoró la locutora. Y lo agradeció: “Para mí fue una salvación. Yo había intentado ya muchas veces internarme”.

El proceso de internación y la judicialización representaron un punto de inflexión. Lejos de sentirse criminalizada, Ernestina encontró en esa decisión una oportunidad para reconstruirse. La internación se extendió durante seis meses y medio, un periodo en el que pudo acceder a terapias individuales, grupales y vinculares. La conductora remarcó la importancia de ese entorno protegido: “En la internación, un gran lugar donde estuve, de verdad, donde yo tenía terapias individuales, terapias grupales, obviamente grupos y vinculares. Y en las vinculares, yo empecé a desandar un montón de cosas que no sabía que estaban ahí”.
El impacto de la adicción no se limita al propio paciente. En el caso de Pais, la huella de su enfermedad se proyectó sobre su hijo y su madre: “La única vez que sentí que podía tener algo de vergüenza era por mi hijo, porque tener una mamá internada me parecía que era un montón”. A pesar de ese dolor, valoró la oportunidad de transmitirle una lección de vida: “También supe en ese momento, y gracias a los terapeutas, que yo le pude enseñar que del piso se sale”.
El origen del problema, según relató, se remonta a la infancia. Reconoció que desde pequeña careció de herramientas emocionales para enfrentar el dolor y la frustración. “¿Qué es lo que tiene un adicto? La imposibilidad de transitar la frustración. La frustración te supera porque no tenés herramientas. Entonces, yo creo que ya mis herramientas escaseaban a nivel de poder enfrentar el dolor desde chica”, reflexionó.
La dificultad para gestionar las emociones y la falta de recursos internos allanaron el camino para que el alcoholismo se instalara en su vida. Durante años, intentó salir adelante por sus propios medios, pero recién logró avanzar cuando aceptó la ayuda profesional y el respaldo de sus seres queridos. La combinación de terapias individuales, grupales y vinculares fue clave para abordar aspectos desconocidos de su historia personal y familiar.
El testimonio de Ernestina se convierte en una referencia para quienes atraviesan situaciones similares. La conductora hizo hincapié en la importancia de asumir la vulnerabilidad y dejarse ayudar. El proceso de recuperación no solo implicó dejar el alcohol, sino también reconstruir sus vínculos y encontrar nuevas formas de afrontar los momentos de dolor y frustración.
En cada etapa de su batalla, subrayó el valor de no ocultar el sufrimiento y de pedir ayuda a tiempo. El mensaje dirigido a su hijo, y por extensión a quienes enfrentan una situación similar, es nítido: incluso desde el fondo, es posible salir adelante cuando existe la decisión de pedir ayuda y la disposición de dejarse acompañar.