El estudio de Cuestión de peso vivió un momento de distensión y risas cuando el doctor Alberto Cormillot reveló detalles de su juventud y compartió cuál era su carta infalible para conquistar. El reconocido nutricionista, habituado a sorprender tanto en la pantalla como fuera de ella, recordó el recurso que, según él, marcó toda una etapa de su vida sentimental.
Todo comenzó cuando, en medio de un juego de cartas televisado, Mario Massaccesi notó a Cormillot distraído y lo interpeló con humor. Esa observación dio pie a una conversación que rápidamente derivó en el tema de la seducción. Sin rodeos, el médico de 87 años explicó cuál era su estrategia favorita cuando era joven. “Yo escuchaba muchos lentos, esa era mi carta principal para seducir”, confesó ante el equipo y la audiencia, generando complicidad instantánea en el estudio.

La música romántica, evocada por Cormillot como su aliada infalible durante la adolescencia, ocupó un lugar central en su relato. Al recordar su paso por Bariloche, el médico fue contundente: “Solo se escuchaban lentos”, subrayando el clima particular de aquellos años, donde los ritmos suaves eran el entorno ideal para las primeras conquistas.
En términos sencillos, Cormillot explicó que su principal recurso para conquistar durante la juventud era la selección de música lenta. El propio médico relató que recurría a temas románticos porque, en su generación, este tipo de canciones predominaban en los encuentros sociales y facilitaban la cercanía entre jóvenes, convirtiéndose en una herramienta clave en el arte de la seducción.

El clima en el estudio se tornó aún más distendido cuando comenzó a sonar “Bésame mucho”, uno de los clásicos que marcaron época. Sin dudarlo, Cormillot se animó a cantar, y la escena se completó con los comentarios de sus compañeros. Sergio Verón lo calificó sin rodeos: “Él es besador, definitivamente”, mientras Massaccesi, atento al humor del momento, sumó: “No sos ningún lenteja”.
Lejos de incomodarse, el doctor mantuvo su estilo directo y respondió con otra de sus frases características: “¿Y qué vas a esperar? Es lo único que se puede hacer”. De este modo, no solo reafirmó su postura sino que también se ganó la aprobación y las risas de todos los presentes.
El clima distendido propició que surgieran alusiones a la vida sentimental y sexual de Alberto Cormillot. En un momento de la charla, Mario Massaccesi trajo a colación una antigua declaración del médico, publicada en una revista: “Voy a tener sexo hasta los 85”. La referencia, lejos de incomodar al protagonista, generó una reacción divertida.

La participación de Estefanía Pasquini, pareja actual de Cormillot, sumó otro matiz a la conversación. Ante la consulta y las risas generales, Pasquini aclaró de inmediato: “No, no. No se jubiló de eso”. El comentario fue recibido con aplausos y carcajadas, mientras Massaccesi, en tono de broma, acusó a Cormillot de haberlos engañado con su declaración anterior.
Las evocaciones personales, las citas directas y la interacción entre los integrantes del programa construyeron un retrato genuino de Alberto Cormillot y su “carta de seducción” basada en la música lenta, reflejando la vigencia de sus anécdotas y la complicidad que logra generar en cada aparición pública.
El sexo a los 87
Alberto Cormillot ha desafiado los estándares de longevidad profesionales y culturales en medios argentinos al posicionarse, a sus 87 años, como una figura pública que aborda sin reservas tanto prácticas de actividad física avanzada como aspectos privados de la vida adulta. En declaraciones recientes a Agarrate Catalina por La Once Diez, el especialista en salud disolvió estigmas sobre la sexualidad en la vejez y explicitó su método de enfrentamiento a los desafíos físicos, estableciendo una referencia infrecuente para el segmento senior del espectáculo y la salud.
La conductora Catalina Dlugi interrogó al médico sobre el carácter excepcional de su vitalidad, un enfoque que trascendió el tradicional culto al talento natural. Cormillot precisó: “Yo lo tomo como alguien que tiene una rara facultad para persistir en las cosas que me cuestan mucho trabajo. Me cuesta mucho trabajo y lo tomo como un desafío de aprendizaje (…), porque hay cero talento, cero inteligencia física y mucha perseverancia. Que no me salga y repetir, y no me sale y repetir, y no me sale y repetir. Es eso”. La afirmación, que desarma la narrativa del “prodigio” asociada a longevos mediáticos, marca una diferencia fundamental respecto a otras figuras del mismo rango etario, usualmente encasilladas en relatos de genialidad innata o retiro pasivo.