
Desde 2012, con la incorporación del ausentismo entre los indicadores de la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL), la dinámica laboral argentina suma una nueva variable a la matriz de la productividad.
La medición sistemática de las inasistencias permite ahora dimensionar, por primera vez con datos integrados del Ministerio de Trabajo, Ministerio de Economía y estimaciones ad hoc sobre productividad, una realidad poco analizada: la relación entre el ausentismo laboral y la productividad media del trabajo, el salario y el crecimiento económico.
En los últimos 13 años, la EIL -hoy dependiente de la Secretaría de Trabajo del Ministerio de Capital Humano- relevó la evolución del ausentismo con una cobertura que, al 2025, afecta el 67% del empleo asalariado registrado en empresas privadas con 10 o más trabajadores de los principales aglomerados del país. Quedan excluidos los sectores primarios, servicios personales, salud, enseñanza y energía, pero la muestra refleja el pulso de la economía formal urbana.
Afecta el 67% del empleo asalariado registrado en empresas privadas de 10 o más trabajadores de los principales aglomerados del país
Un primer hallazgo que surge del trabajo conjunto entre los equipos técnicos de la Secretaría de Empleo y las áreas de estadística de Economía es que si bien los puntos que determinan la productividad y el salario medio van mucho más allá de la sola presencia de los trabajadores -abarcan desde el entramado tech-productivo hasta el marco normativo y las competencias adquiridas mediante formación y experiencia-, la variabilidad del ausentismo, sobre todo el que no responde a causas personales o laborales reconocidas, empieza a cobrar relevancia como palanca de productividad.
Según el análisis de las fuentes oficiales, “un nivel elevado de ausentismo perjudica tanto a empresas como a trabajadores: las firmas reducen su capacidad de generar ingresos por contracción de la productividad, mientras que los empleados se exponen a descuentos salariales por inasistencias no justificadas”.
Datos poco difundidos cruzados al tercer trimestre de 2025 -con base 100 en el empleo asalariado registrado de los sectores relevados por la EIL– permiten visualizar la transformación. La productividad laboral total de la economía se ubicó en septiembre de 2025 un 8,3% por encima del promedio de la última década, mientras que la pérdida de jornadas por inasistencia cayó 10,9% y el empleo formal creció solo 1,1 por ciento.
La productividad laboral se ubicó en septiembre de 2025 un 8,3% por encima del promedio de la última década, mientras que la pérdida de jornadas por inasistencia cayó 10,9% y el empleo formal creció solo 1,1 por ciento
El estancamiento del empleo registrado privado, sumado al descenso en las inasistencias, sugiere que los empleadores pudieron achicar la brecha entre personal teóricamente activo y trabajadores efectivamente presentes, logrando mayor producción real con una dotación similar.
Se estima, además, que el ausentismo impacta especialmente en sectores donde la ausencia es más difícil de cubrir sin afectar la cadena productiva.
Así lo demuestran los datos: para el 61% de las empresas privadas de aglomerados urbanos -unas 177.000 compañías- el ausentismo afectó a al menos un empleado durante septiembre de 2025, lo que equivale a 572.000 trabajadores sobre un total de 4,58 millones cubiertos por aportes al sistema previsional (SIPA). El promedio mensual de inasistencias fue de 4,9 días por trabajador ausente.
Ese fenómeno, traducido a jornadas laborales, implica que el 2,9% de las jornadas mensuales en empresas privadas urbanas se perdió por ausentismo -un número elevado, pero en retroceso respecto a años previos-, según reporta la Secretaría de Empleo.
Los motivos que explican las ausencias reflejan una marcada diversidad: 50,5% por enfermedad (común o profesional), 18,7% sin causa justificada, 10,3% por razones personales, 5,2% por accidentes laborales, otro 5,2% por estudios, 3,2% por sanciones, 2,4% por cuestiones gremiales, 1,8% por nacimiento, matrimonio o defunción, 1% por otros motivos y 0,3% por enfermedades laborales específicas.
Cuatro de cada cinco inasistencias al trabajo se explican por: 50,5% por enfermedad (común o profesional), 18,7% sin causa justificada y 10,3% por razones personales
El salto productivo de 2025 se explica en parte por una caída en el ausentismo general respecto de los años previos.
Exceptuando los años atravesados por la pandemia, este tercer trimestre resultó el segundo más bajo desde 2012 -con solo 2019 registrando menor nivel-, alentando un debate sobre las causas posibles.
Entre ellas, sobresale el aumento del riesgo percibido de perder el empleo: en un contexto donde la contratación formal se encuentra virtualmente estancada, los trabajadores optan, según fuentes del Ministerio de Economía, por una mayor presencia para minimizar el riesgo de exclusión.
Dónde pesa más la inasistencia
El relevamiento exhibe desigualdades marcadas entre sectores. En transporte, almacenaje y comunicaciones, que concentra unos 513.000 trabajadores formales, el nivel de ausentismo trepa al 16% de la nómina (83.000 personas con al menos una jornada de ausencia mensual), superando en 3,5 puntos la media general.
La industria (con 1.144.000 empleados) también presenta un ausentismo superior al promedio: 15% de los trabajadores (164.750) registra al menos un día de inasistencia por mes.
En el extremo opuesto, el sector de comercio, restaurantes y hoteles (con 1.523.000 ocupados) se ve menos afectado: 10,9% de la dotación (162.740 personas) se ausenta mensualmente.
Cuanto más grande la empresa, mayor el ausentismo
La segmentación por tamaño expone una correlación directa: a mayor cantidad de empleados, mayor incidencia del ausentismo:
- Empresas pequeñas (menos de 50 trabajadores) tuvieron en septiembre un ausentismo en 56,4% de los casos, involucrando al 11% de la dotación, con una media de 5 días perdidos por ausente.
- Medianas elevaron la incidencia a 85% de los establecimientos y 11,6% de los trabajadores, con 5,1 días promedio.
- Grandes compañías superaron el 90% de casos con ausentes, un impacto sobre el 15,7% de la nómina y 4,8 días de media por ausente.
En todos los segmentos, se identificó un aumento de la cantidad de empresas que reportan ausentes, pero -de modo inédito desde 2017- cayó la proporción de personal afectado y las jornadas perdidas en promedio por ausente.
Mapa urbano: heterogeneidad entre aglomerados
A nivel territorial, la EIL proporciona una radiografía detallada por aglomerado urbano. Para septiembre de 2025, el promedio simple de empresas con ausentismo se ubicó en 56,7%. Lideran la estadística Gran La Plata (66,5%), Ciudad de Buenos Aires (65,4%) y Gran Mendoza (63,7%). En el extremo opuesto, Gran Paraná (42,4%) y Gran Bahía Blanca (44,1%) exhiben los valores más bajos.
Cuando se analiza la proporción de trabajadores ausentes, la media se ubicó en 10,8% nacionalmente. Gran Paraná (8,3%) y Gran Bahía Blanca (7,4%) repiten como los menos afectados, mientras que las cifras más altas se observan en Gran Buenos Aires (13,1%), Gran Jujuy (12,6%) y Gran Mendoza (12,3 por ciento).
Llama la atención que en todas las jurisdicciones, la tasa de ausentismo de trabajadores fue inferior al promedio de la década, con mínimos en CABA (11,2%), Gran Rosario (11,3%) y mínimos históricos recientes en Gran Paraná y Bahía Blanca.
La tendencia a la baja también alcanzó la cantidad de días no trabajados, descendiendo en la mayoría de los grandes aglomerados. Solo en Gran Paraná (4,6 días) y Gran Jujuy (4,1 días) se alcanzaron los pisos históricos para un mes de septiembre desde 2012.
Los empleadores pudieron achicar la brecha entre personal teóricamente activo y trabajadores efectivamente presentes
A excepción de la pandemia -cuando la movilidad y la actividad estuvieron especialmente condicionadas- el último pico de jornadas perdidas se verificó en septiembre de 2021, con 6,2 días promedio y máximos de 7 días en Gran Resistencia y Gran Paraná.
¿Qué explica la baja reciente en el ausentismo? Los desafíos
El cruce inédito de fuentes públicas y estimaciones especializadas apunta a factores múltiples. El principal diagnóstico señala que la mayor reticencia de las empresas a incorporar empleo formal -combinada con normativas laborales inflexibles y el contexto macroeconómico incierto sobre una reforma de la legislación laboral de fondo– genera un “efecto disciplinador” sobre la fuerza de trabajo, que prioriza la presencia laboral.
A ello se suman avances en la digitalización de los registros empresariales, mejoras en los sistemas de control y un mayor monitoreo de las licencias y su justificación.
La tendencia se refleja también en las causas reportadas por las empresas a la EIL: la proporción de ausencias “sin motivo justificado” disminuyó respecto de los máximos de la década, cediendo espacio a inasistencias médicas debidamente certificadas o registradas.
La baja del ausentismo mejora la productividad en el corto plazo, pero expone riesgos estructurales: menor rotación, menor ingreso de nuevos empleados y mayor rigidez en la oferta laboral.
Además, la persistente heterogeneidad sectorial y regional exige políticas focalizadas: los sectores con mayores tasas de ausentismo enfrentan, a la vez, desafíos logísticos y mayor dificultad para reemplazar personal.
Estudiar esquemas de incentivos, el acceso a licencias justificada y la salud laboral será clave para lograr un mayor equilibrio entre presencia, bienestar y empleabilidad.