
La hipertensión arterial es reconocida desde hace décadas como una de las principales causas de enfermedades cardiovasculares en el mundo. Durante mucho tiempo, se explicó como el resultado de malos hábitos o del paso de los años. Sin embargo, la presión alta es un fenómeno más complejo, que puede avanzar incluso en quienes cuidan su salud y siguen recomendaciones médicas.
Según datos de la OMS, se estima que en 2024 había en todo el mundo 1400 millones de adultos de 30 a 79 años con hipertensión; ello representa el 33 % de la población en esta franja etaria. Dos tercios de los adultos de 30 a 79 años con hipertensión viven en países de ingreso bajo y mediano.
Según datos del organismo sanitario, se estima que 600 millones de adultos con hipertensión (44 %) desconocen que padecen esta afección. Aproximadamente 630 millones de adultos con hipertensión (44 %) están diagnosticados y reciben tratamiento Aproximadamente 320 millones de adultos con hipertensión (23 %) tienen controlada la afección.
La médica Fernanda Montes de Oca, médica clínica, especialista en ciencias en nutrición e inmunología avanzada, propone una visión renovada sobre el origen y la evolución de la hipertensión. “La presión arterial no empeora solo porque el paciente ‘no se cuida’. Empeora porque es una enfermedad que, una vez iniciada, modifica la estructura del sistema que la regula”, sostiene la experta.

Montes de Oca explica que la clave está en el comportamiento de la sangre dentro de los vasos sanguíneos. Cuando el flujo se vuelve turbulento, por factores como la rigidez de los vasos o cambios en su diámetro, esa alteración daña la capa interna de las arterias, llamada endotelio. “El endotelio no es solo un recubrimiento de vasos. Es un órgano activo que regula el tono vascular”, explica la médica.
Al perder esa función protectora, se inicia un círculo vicioso que eleva la presión y deteriora aún más la salud vascular.
Según MedlinePlus, el sitio de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, “la presión arterial es una medición de la fuerza ejercida contra las paredes de las arterias a medida que el corazón bombea sangre a su cuerpo. Hipertensión es el término médico que se utiliza para describir la presión arterial alta.

Si se deja sin tratamiento, la presión arterial puede llevar a muchas afecciones médicas. Estas incluyen enfermedades del corazón, accidente cerebrovascular, insuficiencia renal, problemas en los ojos y otros problemas de salud.
Fernanda Montes de Oca hizo una interesante reflexión que ya abre un nuevo paradigma en la ciencia. A partir de la consulta de un paciente sobre el empeoramiento de la presión arterial con el paso del tiempo, la especialista desarrolló una explicación extensa basada en principios de la fisiología cardiovascular.
“Ayer tuve un paciente que me preguntó por qué la presión arterial parece ir a peor con los años, incluso cuando ‘se cuida’”, escribió en su cuenta de X donde realizó un completo e interesante hilo.

La médica situó el inicio de la explicación fuera del ámbito clínico. “Esto no empieza en la medicina, empieza en la física. Hay que hablar de flujos”, señaló. En ese marco, describió el comportamiento de la sangre dentro de los vasos: “La sangre no fluye de forma aleatoria dentro de los vasos. En condiciones normales, lo hace en flujo laminar. O sea, en capas ordenadas, silenciosas y eficientes”.
Montes de Oca explicó que ciertos cambios alteran ese patrón. “Cuando aumentan la velocidad, el diámetro del vaso o disminuye la viscosidad, aparece el caos y cuando se supera cierto umbral, el flujo se vuelve turbulento”, indicó. También mencionó otros factores que afectan el flujo, como “las placas de ateroma, estenosis, lesiones en los vasos”.

Sobre los grandes vasos, precisó: “En los grandes vasos, como la aorta, cierto grado de turbulencia puede ser normal debido a las altas velocidades y al calibre, sin implicar necesariamente daño”. Sin embargo, advirtió sobre un punto clave: “El problema es cuando esta turbulencia aparece donde no debería o se vuelve sostenida”.
En ese escenario, describió las consecuencias sobre el endotelio. “Se convierte en agresión, fricción, impacto contra la pared vascular, microlesión repetida de la capa más interna de las arterias y venas: el endotelio”, escribió. Luego subrayó su función: “El endotelio no es solo un recubrimiento de vasos. Es un órgano activo que regula el tono vascular”. Montes de Oca siguió: “Produce óxido nítrico que ‘abre el vaso’, inhibe la inflamación, mantiene la sangre fluyendo donde debe; y cuando se lesiona, deja de proteger y empieza a participar en el problema”, escribió. También detalló que, ante la disminución de este compuesto, “aumentan sustancias vasoconstrictoras como la endotelina y se activa la inflamación”.
En ese punto, la experta introdujo la ley de Poiseuille. “La resistencia al flujo depende del radio del vaso elevado a la cuarta potencia”, explicó. A partir de allí, tradujo el concepto en términos cotidianos: “Un vaso que se contrae, que se hace más pequeño, genera más resistencia. O sea, a la sangre le cuesta más trabajo avanzar”.

La médica relacionó ese fenómeno con la hipertensión arterial. “Para que la misma cantidad de sangre siga fluyendo, el cuerpo necesita empujar con más fuerza, o sea, aumentar la presión”, indicó. Y concluyó: “Así es como sabemos que la hipertensión es, sobre todo, una enfermedad de microvasculatura”.
“La resistencia periférica aumenta, la presión arterial se eleva para mantener el flujo y esa presión elevada daña aún más el endotelio”, sostuvo. En paralelo, señaló cambios estructurales en los vasos: “Empieza a haber más colágeno, menos elastina y por eso, pierde su capacidad de distenderse. Se vuelve más rígido”.
El papel del riñon en la presión arterial
La participación del riñón apareció como otro elemento central. “El riñón percibe que hay menos perfusión y activa el sistema renina-angiotensina-aldosterona”, explicó. Como consecuencia, detalló: “Se produce angiotensina II, una de las moléculas más potentes que tenemos para contraer vasos. Se retienen sodio y agua, aumenta el volumen de sangre y en consecuencia, aumenta la presión”.

En ese contexto, la especialista sintetizó: “Por eso la hipertensión progresa. Porque es un proceso biológico que se auto alimenta”. También aclaró los límites de los cambios de hábitos: “Se puede frenar, mejorar, incluso revertir parcialmente. Pero no siempre volver a cero”.
Factores de riesgo
El hilo incluyó factores de riesgo. “El tabaco sigue siendo el factor modificable más potente”, afirmó. También mencionó el sobrepeso, en especial cuando se asocia a resistencia a la insulina, y explicó el rol de esta hormona en el sistema vascular.
Sobre el sodio, puntualizó: “Importa, pero en un organismo con un riñón y un sistema hormonal intactos, se puede manejar”. No obstante, advirtió que el problema surge ante alteraciones previas como la disfunción endotelial o cambios en la sensibilidad a la insulina.
Qué sucede con el sedentarismo y el estrés crónico

La edad, el sedentarismo y el estrés crónico aparecieron como otros elementos relevantes. A ellos sumó causas menos evidentes, como la enfermedad renal en etapas tempranas y la apnea obstructiva del sueño. También mencionó factores genéticos y el impacto de ciertos medicamentos, entre ellos antiinflamatorios no esteroideos, anticonceptivos hormonales y algunos antidepresivos.
En cuanto a los diagnósticos, señaló: “La causa más frecuente sigue siendo la llamada hipertensión esencial o idiopática”. Y aclaró: “No es que no tenga causa, es que es el resultado de varios mini desajustes que, sumados, alteran el equilibrio”.
Hacia el cierre, incluyó observaciones clínicas. “Medir la presión en los dos brazos no es menor. Una diferencia mayor de 15 mmHg debe hacer pensar en enfermedad vascular subyacente”, indicó. También describió patrones habituales en personas mayores y la necesidad de evaluar causas secundarias en casos resistentes.