(Enviado especial a Mar del Plata) Después de años de hacer temporada teatral en Mar del Plata, este verano tiene un sabor distinto para Matías Alé. A diferencia de otros años, en esta oportunidad, el actor no volverá a la Capital para continuar con la agenda del espectáculo. Es que tras su casamiento con Martina Vignolo, el artista decidió dar un giro a su vida, bajar las revoluciones, y radicarse en La Feliz. Así, mientras termina de procesar este cambio de vida, la figura del teatro piensa cómo reestructurar su vida y cómo darle forma a su deseo de formar una familia.
Entre las grabaciones de su programa, Alégrate El Verano, y las dos obras que protagoniza esta temporada, la agenda de Alé casi siempre está ocupada. Es que a pesar de haberse instalado en Mar del Plata desde hace semanas, el actor no ha podido despejarse. “Este domingo, que es mi único día libre, me voy a Santa Clara del Mar. Normalmente, si puedo, voy a Punta Mogote, a Playa Grande, a Chapadmalal, al sur, o a Miramar, que es mi lugar en el mundo. Paso el día, hago un asado, voy al mirador, duermo la siesta, me meto al mar y después regreso para dos funciones“, comenta el artista al sentarse a charlar con Teleshow.
—¿Cómo te recibió Mar del Plata, una ciudad con la que ya tenías mucha historia?
—De hecho yo me mudé a Mar del Plata, estoy viviendo acá. Soy código postal siete mil seiscientos ahora. Martina es marplatense. Nosotros nos casamos y propusimos que nuestro primer proyecto personal sea hacer base en Mar del Plata, más allá de la temporada. En marzo yo no vuelvo a Buenos Aires. Vuelvo para terminar de desarmar el departamento, para entregarlo, que lo vendí, y alquilamos un departamento acá yendo para el lado de Constitución, sobre el mar, y estoy viviendo acá. Para mí es un paraíso, Mar del Plata es una ciudad que yo venía a veranear con mis viejos, desde la panza de mi mamá y a Miramar. Así como a veces te dan la green card si te casás con una gringa. Bueno, yo me casé con una marplatense y me dieron la marplacard. Después veré de qué laburo, qué hago, iré a Buenos Aires, vendré, algo saldrá. No es un tema secundario, pero la tranquilidad y la calidad de vida…Uno ya se pone más grande y ya buscás que la persona que te rodea y la gente que está cerca tuyo estén felices.
—Por lo que decís, ¿no fue difícil adaptarte?
—No, es un gusto. Yo siempre soñé con vivir en Mar del Plata. No pensé que se me iba a dar ahora. Pensé que iba a ser más de grande o, si Dios me da vida y tiempo, era venir ya un poco más retirado, a poder caminar por la costa, recorrer los lugares que es donde aprendí a andar en bicicleta, los balnearios que iba con mis amigos. Y cuando lo propusimos con Marti, yo le dije: “¿Cómo te ves viviendo en tu ciudad?”. Se puso a llorar, se emocionó.

—¿Cómo es la vida cotidiana en Mar del Plata para ustedes hoy?
—Alquilamos un departamento, estamos viviendo ahí los dos, un departamento chiquito con nuestro Salchicha. ¿Sabés lo que es soltarlo y que salga corriendo a la playa? Yo imagino, por ejemplo, en mayo, un frío, que la playa esté vacía, y que el perro corra, eso es calidad de vida. Y si ojalá el día de mañana viene algún Alecito o alguna Alecita, que yo pueda llevarlo a pasear por la costa.
— ¿Qué reflexión hiciste para llegar a ese pensamiento?
— Yo ya hice un montón de cosas, uno se da cuenta a veces que menos es más. Antes me preocupaba mucho y decía: “Uy, esta semana salí en dos programas de televisión”, nada más. O si no iba a comer a Puerto Madero, me sentía que no pertenecía a algo. Pero el auto alemán descapotable ya lo tuve y no me decía “te amo” cuando yo cerraba el techo. Hoy busco otro ritmo de vida, otras cosas.
—¿Cómo te organizaste para producir y ensayar dos obras al mismo tiempo?
—Yo con Peña soy coproductor, entre Un Toque, que es su productora, y Primer Acto Productora, que es la mía. Ya la habíamos armado, estaba escrita, dirigida por él, así que era cuestión de venir y ensamblarla. “Asia Caliente” es producción mía, con Andrés Canales, mi socio. La ensayamos todo agosto, todo septiembre y los primeros días de octubre. Ya la teníamos lista, era también montarla en el escenario y salir a la cancha.
—¿Qué balance hacés de la temporada, en comparación con otros años?
—Tenemos dos éxitos. La verdad que es una temporada que no ha sido fácil, mucha menos cantidad de gente, y vos lo ves en la playa. Dicen las estadísticas que hay mil personas menos por semana en Mar del Plata. Hay que ser realistas, pero nuestro teatro está sobre la Rivadavia. Pasa mucha gente y de alguna manera ellos ya nos compran por estar presentes.

— ¿Cómo viviste la polémica de Alfa? Lo separaste del elenco…
—No fue una polémica, fue una decisión absolutamente pensada, medida y tomada por mí. Ya no hablo más del tema. Yo estoy feliz, no era fácil la calle con este señor y la boletería tampoco. La gente no tiene empatía con Santiago. Le quise dar una oportunidad para trabajar conmigo, la obra ya estaba escrita por Ana J. Ribeiro, ya estaban los personajes asignados. Lo que más me molesta es que me equivoqué conmigo, porque mucha gente me dijo: “No, ya el año pasado tuvo un problema con este actor”. El elenco volvió a esa energía que nosotros siempre tuvimos, fluye. Yo no soy un paracaidista, sé qué quieren mis actores, sé qué quiere la gente, me gusta, disfruto. No estoy contabilizando cuántos seguidores tengo para saber quién soy. Para mí, con la gente y en la calle sobre todo, no se jode.

—¿Qué proyectos de familia tienen con Martina, piensan en ser padres?
—Sí, tenemos ganas de que sea para el año que viene, 2027. Este año queremos aprovecharlo para trabajar, para adaptarnos acá a Mar del Plata, preparar la temporada del año que viene y yo el año que viene cumplo cincuenta, así que sería un hermoso regalo. Y ella es muy joven, tiene muchas ganas. Además, yo quiero ser un padre presente absolutamente, en todo el proceso, en acompañarla a ella en todos sus procesos, sus chequeos, sus controles, su seguimiento. Yo soy tóxico del amor, soy extremadamente, invasivo en ese sentido, me gusta estar presente y que ella se sienta acompañada. Así que me gustaría ya estar un poco más estabilizado, no sé si estar de gira o estar laburando, porque me gustaría estar muy presente.
—¿Ya pensaron en los nombres para sus futuros hijos?
—Ya tienen. Cada uno eligió un sexo, ella eligió, si era mujer, se va a llamar Alfonsina Jazmín. Y yo, si es hombre, se va a llamar Otto. Otto Juan. Porque mi papá se llamaba Juan Carlos, yo me llamo Juan Matías, entonces vamos a poner Otto Juan, el tercer Juan.
—¿Mirás para atrás y pensás en todo lo que viviste estos años, cómo lo ves?
—A veces me pongo a pensar y digo: “¿Cómo llegué acá?” Y la verdad que si vos me preguntabas hace diez años, no te decía que iba a estar así. Pasé por un montón de momentos, buenos y malos. Algunos muy duros, pero siempre tuve la suerte de tener gente que me quiere y que me acompaña. Hoy me siento en paz, estoy haciendo lo que me gusta y siento que aprendí mucho de todo lo vivido.
—¿Qué aprendiste de los momentos difíciles?
—Que uno nunca está solo, que siempre hay alguien que te sostiene, aunque uno no lo vea. Aprendí a valorar las cosas simples, a buscar la tranquilidad y a no correr detrás de lo que no suma. Me costó llegar a este lugar, pero hoy disfruto mucho de lo que tengo.

—¿La exposición mediática te afectó en algún momento?
—Sí, claro. En algunos momentos me pesó, me dolió, pero aprendí a poner límites y a elegir en qué quiero estar. Hoy me cuido mucho más, elijo a quién le doy notas, elijo dónde quiero estar y con quién. Eso me da mucha tranquilidad.
—¿Qué te gustaría que la gente sepa de vos hoy?
—Que soy feliz, que estoy bien, que hago lo que me gusta y que lo más importante para mí es mi familia, mi pareja, mis amigos y la gente que me acompaña. Todo lo demás es secundario. Yo ya no busco la aprobación de nadie, busco estar bien conmigo y con los que quiero.