
En la historia medieval europea, pocas fechas evocan tanta brutalidad y polémica como el 13 de noviembre del año 1002, cuando el rey Æthelred II de Inglaterra ordenó el asesinato masivo de daneses en todo su reino. Conocida como la Masacre de San Brice, este episodio se consolidó como uno de los actos más sangrientos y debatidos de la Edad Media.
Un estallido de violencia planificada
La Masacre de San Brice ocupa un lugar destacado dentro de la violencia de la Inglaterra anglosajona. Si bien las crónicas medievales están plagadas de relatos de batallas y asedios, el ataque coordinado contra la población danesa civil marcó una diferencia notable.
El hecho de que la orden proviniera directamente del monarca, y no de un arrebato popular espontáneo, otorga a la matanza una dimensión política y religiosa única.
La principal evidencia de la masacre proviene de la Crónica anglosajona, que consigna: “Ese año el rey ordenó dar muerte a todos los daneses que estaban en Inglaterra”. Un documento aún más detallado, expedido por el propio Æthelred para el monasterio de St Frideswide en Oxford en el año 1004, narra cómo los daneses de esa ciudad buscaron refugio en una iglesia y fueron quemados vivos cuando “todo el pueblo en persecución” incendió el templo.
El hallazgo arqueológico de fosas comunes en Oxford y Dorset ha dado sustento material a los relatos históricos. Las tumbas, fechadas en torno a noviembre de 1002, contienen restos que muestran signos de ejecución violenta, lo que refuerza la tesis de una matanza masiva.
“Nuestro único dato realmente concreto es lo que vemos en Oxford”, explicó el historiador Dr. Ben Savill, de Trinity College Dublin, en el podcast de HistoryExtra. Y agregó: “El hecho de que este suceso reciba una entrada destacada en la Crónica anglosajona, que suele ser lacónica, indica que fue un evento grave”.
Sin embargo, la falta de información exhaustiva ha alimentado un debate académico sobre el alcance real de la masacre. Algunos cronistas normandos posteriores describieron la escena como “hiper-sangrienta, con bebés arrojados por las ventanas”, aunque para Dr. Savill, estas versiones deben leerse con cautela: “En la Crónica, se plantea como algo que atañe a todo el reino. El consenso actual es que no se trató de un genocidio total, sino más bien del asesinato de pequeños grupos de colonos daneses, principalmente mercenarios, en distintas ciudades”.

El trasfondo político y religioso del horror
Para comprender por qué el rey Æthelred II —conocido por su apodo despectivo de “el Indeciso”— recurrió a semejante extremo, es necesario analizar el contexto de su reinado. Durante años, Inglaterra sufrió las incursiones y saqueos de las fuerzas vikingas. En los años 990, el monarca optó por una estrategia pragmática: pagar tributos a los invasores y emplear a algunos como mercenarios. Esta política generó desconfianza y rumores de conspiraciones en la corte, con la sospecha de que los daneses planeaban derrocarlo.
Frente a esta amenaza, la decisión de Æthelred se tornó drástica. De acuerdo con varios académicos, la matanza no fue un brote descontrolado de violencia popular, sino una acción planificada por consejeros del rey, posiblemente influenciados por líderes eclesiásticos con ideas reformistas. “Lo importante es que, fuera cual fuera la magnitud, el suceso fue percibido como significativo y eso es clave”, analizó Savill.
Un aspecto particularmente perturbador es la elección de la fecha: la matanza se llevó a cabo durante la festividad de San Brice, obispo de Tours en la Francia del siglo V. Brice fue un personaje polémico en vida, acusado de conspirar y posteriormente rehabilitado tras hacer penitencia. “Existen paralelismos con Æthelred”, afirmó Savill, quien sostiene que la elección del día tenía un propósito simbólico: vincular la acción violenta con una búsqueda de legitimidad y redención religiosa.
“El rey y sus consejeros estaban absolutamente comprometidos con la práctica religiosa y la reforma”, señaló Savill, quien agregó que no parece coincidencia que eligieran esta fecha para enmarcar la acción como un acto de justicia estatal, y no como una masacre indiscriminada.
La crónica anglosajona subraya que la matanza fue “realizada en la misa de San Brictius porque existía una conspiración para derrocar al rey en su reino”. Esta narrativa, interpretada por Savill y otros expertos, revela la intención de presentar la matanza como un acto penitencial y defensivo, más que una simple explosión de odio étnico.

Las consecuencias
Lejos de lograr la estabilidad, la Masacre de San Brice provocó una reacción devastadora. El rey danés Sweyn Forkbeard emprendió una serie de ataques de represalia que desestabilizaron por completo el reino anglosajón.
Las campañas subsiguientes de Forkbeard, y más tarde de Cnut el Grande, Harold I y Harthacnut, abrieron el camino para la instauración de la dinastía danesa en Inglaterra a lo largo del siglo XI.
Algunos historiadores consideran que la decisión constituyó uno de los mayores errores estratégicos de la monarquía inglesa. “Si las represalias vikingas fueron realmente una respuesta directa al asesinato de daneses en Inglaterra por orden de Æthelred, su mandato puede ser calificado como uno de los peores errores en la historia del país”, resaltó HistoryExtra.
La masacre dejó una marca indeleble en la memoria inglesa, evocando un pasado de violencia motivada por el miedo y la intolerancia, y recordando hasta qué punto el poder puede recurrir a la brutalidad en nombre de la seguridad y la religión.